Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

5 jun. 2010

San Úrbez y el milagro de la buixera III


Aún falta para las 7 de la mañana y ya están los de siempre desperezándose de una noche con poco dormir y mucho velar. Alguno ha estado cerca de morir congelado, mientras otros han pasado calor. Cosas de la física...
Los sacos están empapados del rocío nocturno, y mientras desayunan con ganas para coger temperatura los ponen al sol para que sequen.
De allí emprenden marcha hacia Planillo por el camino tradicional, que viaja recto como una flecha entre grandes robles. Un perro juguetón los ha acompañado desde Albella, pero una vez en el pueblo vecino se da la vuelta y los deja seguir su camino en soledad.
Queda ahora una larga remontada hacia Tuartas, aldea despoblada, por entre un denso bosque que cuenta con algunos maravillosos ejemplares de Caxigos. La subida se hace casi enteramente por una pista forestal que, como suele pasar en demasiados casos, pisó por completo el camino tradicional.

De Tuartas quedan apenas los restos de las dos casas del lugar, y una pequeña colina que en la cima esconde enterramientos de la antigüedad. Su situación es privilegiada, constituyéndose un mirador impagable sobre el valle del Ara y el Pirineo Central, desde Tendeñera hasta Cotiella.

Sin perder demasiado tiempo los de la boina continuarán su tránsito hacia el collado del Mallatón, escape por el que cambiarán de valle. Una vieja trocha pisó parte del camino en la salida de Tuartas, pero al rato encuentran el camino original, ancho, sencillo, y alfombrado de hojas.
Hojas de haya, pues hace ya un rato que han suplantado lo caxigos y los pinos. El hayedo llega hasta el collado, donde ya vuelven los pinos, al tratarse de una zona más soleada y seca. Desde dicho collado de nuevo la vista es impagable y allí que los romeros se quedan a engañar la gana.

Andando un rato por una zona árida, como gran parte de la zona alta de Guara, ya las meadas no van al Ara, sino que riegan la cuenca del Alcanadre, que más adelante formará sus impresionantes cañones.
Después de unos largos sube y baja por el océano de abrizones en que están, una larga bajada final por un terreno que de súbito se va volviendo selvático los conduce al propio Alcanadre. Aquí extenderán sus alforjas, tenderán los sacos a secar al sol, recogerán agua de las transparentes corrientes del río y se meterán entre pecho y espalda todo lo que sus cuerpos sean capaces de comer, que contando con la bendición de San Úrbez es mucho.
Cerrarán los ojos bajo el cielo azul claro de la tarde y dormirán la digestión de unos estómagos que se encuentran a embute de todo. Sólo les faltó vino!!

Un buen par de horas después de sentarse se pondrán en marcha, cansados pero felices. Uno de ello, el más pío, a modo de penitencia cargará su macuto con piedras en este tramo final del día.
Salvando una cuesta amanecen en una plana ladera, abrizonar profundo desde donde observar con delicia el Tozal de Guara con su todavía manto nevado y sus clásicas nubes a modo de boina.
Los últimos kilómetros del día se hacen bajo un sol de justicia, por una pista que abandonan al rato para bajar hasta Laguarta por una senda pedregosa y curvada pero encantadora.

En Laguarta, en la antigua Casa Villacampa, una de las más fuertes de Huesca antaño, ahora reconvertida en albergue, cenarán y reposarán su cansancio los romeros, todos menos uno que debe postergar la segunda parte de la romería hasta el año próximo. Pero como iniciación al culto a San Úrbez ha sido más que suficiente.

San Úrbez y el milagro de la buixera II


Desayunaron nuestros romeros con alegría y buena gana, agradecidos a los dueños de la casa, de los que se despidieron con pena, especialmente uno de ellos, el más fino, que cogió cariño al can Perseo.
Arribaron prontamente a la Plaza Mayor de Buerba, donde les saludó la nueva estatua de la fuente, repicada en honor a las aguadoras del pueblo. Salieron hacia poniente por un bonito camino de piso enrollado que discurría por entre los muros de las fajas en que los antiguos transformaron la ladera. El camino mantenía la altura incluso al atravesar las barranqueras que a modo de tajos cortaban la pendiente, evitando así el tener que ganar más desnivel que el necesario, pues antaño no estaban las fuerzas para ser malgastadas de cualquier manera.

Al poco el camino se unía al que viene de Vió y Nerín, zona solanera que los romeros encontraron repleta de aliagas y abribones, lo que a trozos les obligaba a dejar el camino y pasar por los campos, hace tiempo yermos.
No pasó mucho hasta que arribaron a Navarra, lugar habitado desde la antigüedad y donde ahora sólo unos amplios corrales, un par de bordas y multitud de amontonamientos de piedras dan testigo de la viveza de antaño. Desde este lugar, el alargado hombro de una loma que desciende hacia el río Yesa, se distingue una magnífica vista:
Las Sestrales, mudas espectadoras de toda la romería imponen con su verticalidad hacia el noreste. Hacia el norte, la punta del Perdido sobresale justo por encima de las lomas. Hacia el sur la vista deciende hacia el cauce del Yesa y más allá Nabaín se muestra repleto de fajas, pinares y hayedos.
Al noroeste el monte de Suerio todavía coronado de nieve que se alarga dirección oeste por Comiello hasta las estribaciones de la cortada de Yeba y nuevamente el Yesa, que se curva en su curso superior para ir a nacer en las faldas de dicho monte. Y al fondo, pasada la cortada se vislumbran las siluetas del collado del Mallatón, a donde en el día de mañana llegarán los romeros.

Continuando camino desde Navarra pronto se vieron envueltos en una exuberante vegetación mientras descendían hacia un barranco indómito, todo un universo de vida en sí mismo, desde el que continuaron tras una corta remontada hasta una zona llana poblada de ciclópeas carrascas, monumentos vivientes casi desconocidos por hallarse en semejante lugar tan dejado (por suerte) de la mano del hombre.

El camino de nuevo baja, en esta ocasión durante un largo rato hasta llegar por medio de pinares y carrascales a un vado del Yesa, que sirve de sencillo cruce para nuestros andarines con boina.
Al otro lado un muro de piedra vuelve a anudarse al camino, en esta ocasión para separarlo de una finca maravillosa: una pequeña borda de dos alturas situada en medio de un prado tan teñido de verde que duele hasta mirarlo y que llega hasta el mismo río y un pequeño afluente que le sirve de acequia.
Un lugar paradisiaco donde perderse por unos días de asueto.

Sólo falta una rápida remontada hacia las casas de Yeba, solitario pueblo que se levanta bien orgulloso sobre una pequeña colina, entre bosque, campos y río.
Aquí es donde paran a echar un bocado, a reposar y a visitar el pueblo, cuyos rincones muestran tanta belleza como recuerdos esconden.

Apenas recobradas algunas fuerzas saldrán de Yeba monte a través para encontrar las ruinas de una antigua ermita, desde donde continuarán por un olvidado camino que está completamente vestido y enfoscado.
Tras unos cientos de metros de sufrimiento salen a un camino mejor que les conduce al collado que da paso al camino de las gargantas de Yeba, un sendero enrollado que discurre pegado a un maravilloso barranco que combina saltos de agua con pequeñas pozas mientras se interna entre escarpadas crestas verticales, aflorando finalmente por una osqueta a unos campos de cultivo donde el camino se divide.
Un ramal va hacia Puyuelo, ahora deshabitado lugar y el otro, el que cogen los romeros, se dirige hacia Campol y San Martín siguiendo un poco más el arroyo. El sendero, precioso, va a media ladera por la cara sur del monte, donde crecen robles y matorrales. Terreno seco que hoy empieza a regarse con las primeras gotas que bajan de las nubes. En esta zona son todavía escasas, mas en la lejanía ya han aparecido densas cortinas de agua.
Una de ellas se acerca de frente y confluye con los romeros a la llegada a Campol, así que estos optan por aguardar en la destartalada herrería del pueblo (deshabitado) a que escampe una miaja.

Poco después el agua se torna en agradable goteo con el que reemprender la marcha, pasando cerca de San Martín, por Villamana y finalmente terminando de bajar el valle con la llegada al río Ara, a cuya orilla finiquitarán las viandas que aún guardan en los macutos.

Una siesta después se ponen en marcha para cruzar el Ara, que baja ya mayenco, por el puente colgante de Lacort. No mucho rato después ya se encuentran en los campos que circundan Albella.

Este lugar es parada obligada pues aquí pasó San Úrbez tiempo sirviendo de pastor, a donde llegó desde Vió. Por ello el pueblo cuenta con un precioso templete encalado consagrado al santo.
Allí van a hacer noche esta vez, durmiendo al raso en la ermita de San Úrbez.
Durante buena parte de lo que queda de tarde se dedican a admirar la belleza de la ermita, su retablo, sus altares adyacentes, sus frescos, sus mosaicos en el suelo…


Mientras llegan en coche la mujer de uno de los romeros con una amiga y con la cena para esa noche.

Tras unas risas, unos guiñotes y una cena bien regada con tintorro ellas se marchan de vuelta a la civilización mientras nuestros sufridos compañeros preparan el vivac para una noche extraña, en la que unos disfrutarán de la bóveda estrellada del cielo y otros sufrirán acoso por parte de animales salvajes, fantasmas, demonios y otras bestias de la noche.

San Úrbez y el milagro de la buixera I

Sercué, aldea situada en una ladera soleada que abruptamente se despeña hacia el Bellos.
Anudando los cordones de las botas, calzándose las boinas, ajustando los macutos, asiendo los cayados, más de 60 años después los romeros de San Úrbez emprenden allí el reencuentro con una historia trasnochada para casi todos.

Paso a paso descienden por el portiello hacia el cauce del Bellos, desgranando la historia de este hombre, de este Santo, que arribó a estos lugares quizá huyendo de su Francia natal. El camino conduce con las primeras horas de la tarde a la entrada de la ermita de San Úrbez, abrigo de raíces prehistóricas convertido en templete donde se rinde culto a nuestro Santo, pues allí pasó una época viviendo bien de eremita, bien de pastor. La ermita, edificada con la ayuda de la oquedad natural, sigue acogiendo cada año varias romerías.

Los romeros continuaron paso, dejando tras de sí apenas sus oraciones y una vela roja en veneración.

Por la casi perdida Cabañera d´as Cruces remontaron las abruptas pendientes del desfiladero, lazada a lazada, huella a huella. Seis curvas magistralmente trazadas en el pinar que recalan cerca del ya moderno mirador de Añisclo.

Continuando con su andar sosegado por el camino romero, dejaron atrás el cruce de Buerba y Yeba para dirigirse primero a Vió, con la memoria todavía presente del Santo escapando con prisas por la puerta de atrás, unos dicen que por evitar que sus milagros lo hicieran conocido, otros que por acercarse en demasía a las mozas del lugar.
La pequeña iglesia del pueblo, circundada por un cementerio sembrado de apellidos que se repetirán continuamente en el camino, es parada obligada, a fin de remojar el gaznate y echarse un asueto al estómago.
De Vió, sorteando una barranquera llegarán en breve los romeros hasta Buerba, precioso pueblo que domina la vallonada del Yesa.
Allí en el albergue Guardafuentes http://albergueguardafuentes.com/ David, Raquel y Perseo se esmeraron por tratarlos como si fuesen familia.
Bien de sopas, pizcas, vino y otras viandas para recargar las fuerzas de unos cuerpos que no por devotos debían abandonarse al ayuno.
Allí durmieron unas horas antes que los primeros rayos del sol los cogiesen preparando la nueva jornada.

3 jun. 2010

Cámara en mano

Un joven compañero de bici, Germán Mensa, se ha destapado como un extraordinario director de cine. Es el mayor exponente de la joven generación de bikers de Sobrarbe que llegan pisando fuerte y que en breve se nos subirán a las barbas.

El solito, cámara en mano y pies en los pedales está produciendo unos vídeos de mountain bike perfectamente montados, mostrando una gran visión del espacio y los movimientos, con mucha sensibilidad artística.

Cortos, sencillos, muy bien estructurados, con grandes bandas sonoras.
Demostrando que no hacen falta grandes saltos, velocidades de vértigo ni fuertes caídas para sacar el lado más brillante de la bici de montaña.

Totalmente alejados de otros vídeos más clásicos, toman protagonismo el paisaje, el enfoque o la paz que proporciona rodar por nuestros parajes, sin olvidar la velocidad y la excitación que supone ciclar por senderos y trialeras.

Podéis ver todos sus vídeos en vimeo: http://vimeo.com/user3015012

Aquí os dejo colgados los dos vídeos que más me han gustado.




Sobrarbe BTT(aguilar-janovas) from German Mensa on Vimeo.




btt sobrarbe(ainsa) from German Mensa on Vimeo.

1 jun. 2010

Sueños y anhelos



Un sueño es un fogonazo de luz cálida en una noche fría.

Un anhelo es una estrella que ocupa una parte de nuestro firmamento todas las noches.

Una luz guía que orienta nuestro rumbo.

Un rescoldo ardiente que nos impide olvidar, pero que también nos obliga a recordar.

Muchos anhelos llenan nuestro firmamento de hermosas constelaciones, crean un mapa celeste que vemos nítidamente cada vez que cerramos los ojos.

Nuestra bóveda celeste está iluminada, hermosa, impecable.

Pero no sabemos donde ir.

No tenemos guía que nos oriente, que nos marque el camino.

Muchos anhelos forman una foto quieta en medio del tiempo y el espacio, una bellísima inmovilidad.

Carente de sentido, sin otro futuro que su contemplación.

Un anhelo nos invita a movernos, a caminar por una senda desconocida de la que sólo sabemos que es la que deseamos andar.

Una senda repleta de sueños que destellan conforme descubrimos nuevos recodos.