Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

21 nov. 2011

20 nov. 2011

Cabalgando

Cabalgaba con el sol cubriéndole la cara de cobre y el viento rojo soplando del oeste sobre la tierra crepuscular y los pequeños pájaros del desierto volaban gorgojeando entre los helechos secos, y caballo, jinete y caballo pasaban de largo y sus largas sombras pasaban en tándem como la sombra de un sólo ser. Pasaban y palidecían en la tierra oscurecida, el mundo venidero.

Se trata del final del libro "All the pretty Horses" de Cormac McCarthy. Hombre y caballo, pero bien podrían ser hombre y bici, no creo que desmerezca...

(La instantánea pertenece a Jose Ramón Bescós, compañero de fatigas y tremendo fotógrafo)

11 nov. 2011

3 libros, 3

Todos ellos leídos este otoño, desde octubre hasta noviembre. 2.000 páginas de amistad y odio, de aventuras e introspección, de naturaleza y vertederos, de magia y mendicidad, de armas de fuego y puñetazos, de ladrones y asesinos, de jardineros y científicos, de muchas clases de héroes, de 3 prosas completamente antagonistas. De 3 mundos tan alejados como una bellota de un iceberg, que sin embargo coexisten ya entrelazados en mi memoria. 3 escritores con algo en común, su excepcional capacidad narrativa y sobre todo descriptiva.

1 Suttree, de Cormac McCarthy

Desde hace un par de años, tengo a este hombre en el pedestal de “escritor de cabecera” pese a que lo lea con cuentagotas. Y es que nadie puede aspirar a tomar la obra entera de Cormac, leérsela de seguido y conservar la razón.
Sus libros son crudos, duros, alejados de toda diplomacia y “decencia social”. Cuando los empiezas, deseas acabarlos. Cuando los vas a terminar, deseas haberlos finalizado, y cuando por fin cierras la contraportada, te maldices por haberlos abierto. Sin embargo luego los rumias, los piensas, los asimilas y pasan a formar parte de tu aprendizaje como lector.
Con McCarthy he descubierto un nuevo Coronel Kurz (el tercero, tras El Corazón de Las Tinieblas y Apocalypse Now) en “Meridiano de Sangre”, o un Mad Max de padre e hijo en “La Carretera”.

Con Suttree inicias la lectura pensando en cómo la vida de un vagabundo da para tantas páginas y para que el libro sea considerado una de las mejores novelas del S.XX. Al acabarlo, dudas. Un més después ya tienes despejada la ecuación.
Cornelius Suttree no es un buen hombre, eso queda claro al poco de empezar el libro. Y pese a ello acabas cogiéndole cariño. Además cuenta con dos cualidades tan perfectas como desoladoras: cuanto mejor quiere hacer las cosas peor suerte tiene, y es capaz de alejar de el a cualquier persona que se le desee acercar.
Suttree es muchas cosas: pescador, vagabundo, borracho, pobre, leal, tranquilo, protector… Algunas de estas cosas las ha elegido el por propia voluntad, el resto da la impresión que le han ido apareciendo tras elegir las primeras.
Y sobre todo Suttree es alguien que detesta cualquier tipo de compromiso, atadura o responsabilidad. Eso es lo que le ha llevado al punto en el que el libro nos lo presenta, y continúa siendo parte esencial de su singladura.

Siendo Cornelius Suttree un personaje realmente formidable, a la altura de los mejores jamás creados por un novelista, un compendio perfectamente amasado de diversas facetas y comportamientos, de miedos y esperanzas, de ansias y deseos, todo ello ensamblado con tal perfección que no se le advierte resquicio alguno, lo mejor que hay en el libro es, como siempre que escribe Cormac, el “Como”.
Porque la capacidad narrativa del autor es sobrehumana, su prosa es una obra de arte capaz de describir un pozo de cieno tal y como un pozo de cieno es, y además hacerlo con una elegancia casi milimétrica. Y no sólo son lugares, también son sentimientos, actos, situaciones, pensamientos…
McCarthy cuenta con la más poderosa artillería en símiles y metáforas con la que nunca me haya encontrado.
Sin llegar a la exhuberancia alcanzada en Meridiano de Sangre, Suttree es un libro que disfruta de su propia galería de imágenes. Como esas fotografías de mediados de siglo pasado en blanco y negro de Henry Cartier-Brensson, la novela es a ojos y mente del lector, un fotograma en cada página, un retrato en movimiento preñado de detalles que evoca en nuestra mente el momento y el lugar en que ocurre todo. Y si Cormac quiere que alguna acción o algún capítulo deba ser algo más efímero y borroso, como una experiencia que Suttree quiera olvidar más adelante, consigue que a nosotros los lectores nos ocurra igual. Los hechos en los que se ancla la mente del protagonista siguen vívidos en la nuestra, mientras que aquellos que su cabeza borra, nosotros también los recordamos con menos viveza.

Eso se parece más a la magia que a la escritura, y es por ello que este libro es lo que es.


2 El inventor de palabras, de Gerard Donovan


Opuestamente a Suttree, este libro es corto y ello hace que, sin ser nada fácil, sí sea más digerible.

Se trata del típico caso en que buscando sin saber qué por Internet, acabo encontrando un magro resumen de un libro con una portada (un árbol a medio cortar junto a un lago, en medio de unos inmensos bosques) y un título que me resultan tan sugerentes que me obligan a indagar más. Y ello deviene en su compra. Y al contrario que en la mayoría de ocasiones, en acierto. Eso sí, este libro puede no gustar nada a mucha gente. Si no se intuye la verdadera motivación del mismo, resultará frío, innecesario e inexplicable (lo digo a la luz de alguna crítica que he leído por la red que se queda en la superficie)

Julius Winsome es un tipo extraño, eso no lo sabemos pero lo intuimos. Antes de abrir las páginas, lo único que hay claro es que vive solo, en medio del bosque, rodeado de miles de libros y con su perro Hobbes como fiel compañero. Un Hobbes que muere por el disparo intencionado de un cazador en el primer capítulo del libro. Cualquiera que tenga un perro sabe cómo puede hacernos sentir algo así. Y Julius no es excepción.

Esto desencadena dos cosas: la primera la búsqueda del asesino de perros, la segunda, la germinación de otra novela. Y es que no tiene nada, pero nada que ver el libro que empezamos con el que acabamos.
Los recodos oscuros de la mente aparecen para jugar las cartas decisivas de la novela, para erigirse en la brújula que sigue Julius. Porque la soledad y la distancia de la gente, de casi toda la gente, y los 3282 libros que llenan las paredes de la cabaña han contribuido a que Julius cuente con una visión diferente y propia de la justicia y las reglas sociales. Y claro, hubo una mujer de por medio.

Es por ello que esta novela se hace tan profunda, pues escarba en terreno complicado, resbaladizo y tabú. Afloran sentimientos y comportamientos que a casi todo el mundo le han venido alguna vez a la mente, y que no son fáciles de reconocer a uno mismo. La búsqueda interior que realiza Donovan en esta novela es encomiable, pues nos va diseccionando y mostrando una parte de la condición humana que es muy difícil de tratar: recuerdos, costumbres, ideas demasiado rumiadas, obsesiones, desempatización…hilos tejidos por separado que acaban por dar forma a una psique única y casi medieval.

Y todo ello, como en el caso de Suttree, va enmarcado en una prosa poética excepcional y unas descripciones igualmente detallistas y tan sedosas o afiladas como sea menester. En esta ocasión la escritura no es el summun del libro en sí, sino que ayuda a contextualizar el lugar y suavizar ciertos acontecimientos, haciéndolos más digeribles. Y nos permite ver a Julius desde fuera, en tercera persona, y no meternos dentro del personaje, lo que sería del todo erróneo para la novela.
Pese a ser un libro corto, es largo para la cantidad de cosas que ocurren, y ello se debe a la cantidad de recuerdos expresados, flashbacks del protagonista, y al minucioso trabajo de Donovan en componernos la postal.

Si Suttree es un libro fotográfico de autor, El Inventor de Palabras es una serie de postales dedicadas.


3 El Temor de un Hombre Sabio, de Patrick Rothfuss. Segunda parte de la trilogía Crónica del Asesino de Reyes

El segundo libro de Kvothe, la segunda entrega de las crónicas de su vida, desde que nace y crece con sus padres en una troupe itinerante de músicos Edena Ruh, hasta el momento actual, sentado en una mesa de su posada en una aldea perdida, alejado de todo lo que fue, convertido en Kote un anodino posadero.

Un mundo de fantasía, completamente inventado, pero como no puede ser de otro modo, con reminiscencias de tantos otros, reales o ficticios.
Como digo es el segundo libro de 3, pero es todo uno, al menos por ahora, y pueden perfectamente ser interpretados en su conjunto.
Estamos hablando de fantasía, pero una fantasía que no se aleja demasiado de lo que sería un mundo medieval, casi renacentista en ocasiones. Con magia, eso sí. Y dragones, y hadas, y monstruos. Y desde luego con reyes, princesas, bardos, bandidos, mercenarios… pero también con universidad, medicina, matemáticas, química...

Un mundo atrayente, tan diferente a otros como pueden ser los demás entre sí y con este.
Y una historia que va trepando por la espina dorsal para implantarse en el cerebro y no querer salir. Muy bien contada, muy bien narrada, y, al igual que los libros antes tratados, excepcionalmente bien descrita. No he leído ningún libro de este estilo con unas descripciones tan bonitas, unos símiles tan precisos y hermosos.
Una prosa que te engancha a la historia de Kvothe y que te hace imposible soltar el libro hasta que lo acabas, leyendo capítulo tras capítulo con ansiedad, con necesidad, y que te deja con el mono de saber que falta un año para el tercer volumen de la saga.

Para mí, la historia es una sucesión de cuentos con los mismos protagonistas. Un continuo de peripecias, muchas de ellas que si las sacas de la historia principal apenas le afectan. No tiene nada que ver con los mundos inmensos de El Señor de los Anillos o Canción de Hielo y Fuego, complejos, perfectamente estructurados, con una historia y un folclore detrás que se remonta a cientos y miles de años, y que está ahí aunque no tenga nada que ver con las historias. No, para nada. Estos libros podrían ser perfectamente un Guerra y Paz de Tolstoi, un Las Guerras del Peloponeso de Tucídides…

La Crónica del Asesino de Reyes es otra cosa, es una sucesión de fábulas, de cuentos para niños, pero para adultos.
Ojo, no me malinterpretéis, cuando hablo de “cuentos” lo hago con el máximo respeto porque eso es precisamente lo que quiere ser. Aspira a ser un cuento para mayores, y eso es lo que es. Y no es nada fácil. Actualmente para mí sólo Neil Gaiman escribe mejores cuentos, y estamos hablando de un auténtico genio. Alatriste es un cuento, y pese a las enormes críticas que recibe (a mi juicio pocas fundadas) no aspira a ser una novela histórica, y sí una serie de cuentos. Y en general son buenos, algunos mucho (el último es el peor, con diferencia).
Peor me parecen los libros como “Los Pilares de la Tierra” que nacen con ínfulas de ser más de lo que son.

Así que dejando claro lo que vas a encontrar en estos libros, para que no busques lo que no hay, si te acercas a ellos, disfrutarás como un niño, pues hay humor, mucho humor. Aventuras, amor, magia, erotismo y sensualidad, tristeza, dolor… y también zonas oscuras, de esas que no esperarías encontrar aquí. Las hay.
Muy pocos personajes están desarrollados, apenas Kvothe y Denna. El resto cumplen su papel, aparecen cuando les toca, realizan su cometido dignamente, pero no tienen un trasfondo poderoso y bien tejido. Pero claro, salen tantos que sería demasiado largo hacerlo.

Y los cuentos en sí, son todos preciosos, ya sea por divertidos, emocionantes, picantes o dolorosos. Es cierto que en esta segunda entrega hay un par que se me hacen demasiado lentos y en exceso alargados, pero ninguna queja.

Un libro tan fácil de leer como dibujar una sonrisa, bien escrito, lejos de los clichés y estereotipos que inundan la fantasía “regulera”, que a veces te sorprende cuando esperas un desenlace “típico” y que sobre todo cuenta con un maravilloso lenguaje figurativo.
Y que ha llevado a mucha gente a entrar por primera vez en este estilo.

El problema es que te engancha, dejarías todo por leerlo (y mis ojeras lo denotarán) y cuando se acaba, falta tanto para el tercer y último volumen…
Aunque, tal y como va la historia, me extrañaría que acabara en el tercero. Esto ya es elucubración personal, pero yo creo que tras el tercer libro, todavía vendrán varios más con este mismo personaje.
Y si no es así, de verdad que creeré que el final de la historia ha sido pésima, porque no se puede acabar todo lo que parece que falta de crónicas, al ritmo que van, en un solo volumen.

7 nov. 2011

Tital Desert 2011: Última etapa & epílogo



Etapa 6:

Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnnnnnnnnnngggggggggggggggg
Vaya, justo cuando empezaba a coger el sueño… 4 horas desde que apaguemos la luz, vuelve a encenderse. 4 horas de sudor goteando las sábanas, de ojos como platos, de extrañas pesadillas. 4 horas de vueltas en la cama, de paseos al baño, de vasos de agua… 4 horas tediosas, la última de ellas con el acompañamiento de la megafonía: voz de mujer enlatada que avisa cada 5 minutos de la apertura del desayuno, de la parada de Almería y de dios sabe qué más.

Los párpados pesan como hormigón, duele moverse, hasta pensar… Marcos se va a desayunar, yo paso, me quedo tumbado en una duermevela entre mis sueños y la mujer de la voz enlatada.
Marcos vuelve, recogemos, nos cambiamos, el de ciclista, yo de turista, y dejamos este ferry infernal pisando ya tierra española. La Aduana es el paso previo al bus, siguiente estación en la secuencia de destrucción físico-mental en que nos ha metido la (des)organización. Al menos cerraré los ojos otra hora y pico, pues me siento cansado sólo de mantenerlos abiertos.

El viaje en autobús de Almería a Abla no es por tierras almerienses. Tiene lugar entre mi corteza cerebral y mi corazón, a través de conexiones neuronales y pensamientos… Qué coño hago aquí?? Qué tipo es este que abandona a su compañero? Acaso no he venido a sufrir, a ponerme a prueba, a pedalear? Y abandonar sólo por sentirme cansado, aunque sea extenuado?
Realmente la cabeza me hace un click en este trayecto, es el momento más importante de la semana, sobrepaso una capa, una barrera en mi mente y llego más allá, crece exponencialmente mi determinación. El cansancio pasa a un segundo plano, lo cubro con una capa de indiferencia.
Había rumiado mucho el no salir hoy, no había sido una decisión nada fácil, pese a que pudiera parecerlo, y ahora toda esa lucha mental parece una tontería ante la claridad con que veo lo que tengo que hacer. He venido a pedalear, y voy a pedalear. Joder, es algo que me gusta, me apasiona, porqué voy a tener que dejar de hacerlo? Porqué tirar la oportunidad de ciclar por Sierra Nevada? Por cansancio??? Ni hostias, me subiré a la bici y hasta donde llegue. Tengo claro que no acabaré, pero voy a seguir hasta que me caiga de la bici por puro agotamiento, y aún entonces volveré a subirme, y seguiré hasta volver a caerme. Hasta que no pueda más.

Hemos llegado a Abla, casas blancas al abrigo de montes pelados, cielos azules, sol dolorosamente caliente. En una fábrica abandonada más propia de Mad Max recogemos nuestras bicis y nos disponemos a montarlas para darles el último apretón. Ambos?? Si, Marcos se sorprende de verme desembalar la bici, sabe la que significa y se relaja mucho más al saber que cuenta conmigo. Juntos hasta el final, como nos comprometimos. Por supuesto.

Acoplar dirección
Alinear y apretar potencia
Colocar pedales
Montar e hinchar ruedas
Colocar tija
Chequear pastillas y discos de frenos
Comprobar presión de amortiguadores
Aceitar la cadena
Preparar la mochila
Meter todo lo demás en la maleta y llevarla al camión.

Con la bici a punto de nieve, la próxima parada es el campo de futbol de Abla, donde el ayuntamiento y unos impagables voluntarios nos han preparado un desayuno de verdad, poco que ver con el que había en el ferry. Más de uno les debe el acabar la Titan Desert. Finalmente se acerca la hora de la salida, y por fin a las 11h se da el banderazo de inicio a la última etapa (por supuesto regado por unas grandilocuentes palabras de la organización, que viene a decir que la Titan es lo más grande que le ha pasado a este pueblecito), punto y seguido a nuestras penurias.

De salida, en la frente. 15km por una rambla arenosa y sucia en la que cuesta avanzar, más si contamos el aire en contra. El cuentakilómetros se ha vuelto loco y no funciona, las pulsaciones se disparan, cada pedalada es una oda al dolor de piernas, cada bache una estación de vía crucis para la ingle. Acabo de empezar un tormento, el acceso a un nivel superior de sufrimiento, de dolor. Cada curva al fondo es la meta que debo cruzar antes de rendirme, el punto al que debo llegar para elegir si me paro o continúo. Una y otra vez continúo.
Salvada la rambla, un mar verde nos recibe. Inmensas plantaciones de verduras se extienden a ambos lados de la pista, que vira como un pato mareado: recto, izquierda, recto, izquierda, derecha, derecha, recto, derecha… Al menos los cruces disipan la monotonía y se hace más sencillo el avance. Mi cuerpo, como en todas las etapas, se ha ido encontrando mejor y pasada la primera hora y media funciona ya a velocidad de crucero: sufriendo, pero no agonizando.

Con las montañas en el horizonte, el recorrido ha aprovechado para tendernos emboscadas: La planicie que nos acompaña está surcada de vastas cicatrices, arroyos de montaña cuya fuerza erosionó profundos barrancos que ahora hemos de sortear. En una prueba como esta de puro fondo, los esfuerzos explosivos que rompen el ritmo son la puntilla capaz de acabar por desfondarte, y en apenas 20km nos vemos abocados a subir (mayormente andando) media docena de repechos, a cual peor recuerdo guardo.
Ya sea trocha pedregosa, carretera, pista de tierra o directamente un talud erosionado, ya sean de 300mt o de 3km, siempre con rampas imposibles, muy por encima del 20%, y mantenidas. El calentón salvaje derivado de intentar subir montado la primera me hace no tropezar dos veces en la misma piedra: a pié, siempre.

Habíamos salido de la rambla inicial los últimos, pero tras estos ya 50km que hemos dejado atrás, una buena cantidad de bikers nos cubren las espaldas. Cruzamos un punto de control que aprovecho para quejarme airadamente del sinsentido de etapa que llevamos. Si es necesario hacer 120km y subir 3000m de desnivel para llegar a Granada, atravesando montañas y collados, perfecto. Pero hacernos pedalear 50km cuando Abla debe estar apenas a 20km en línea recta de donde nos encontramos ahora, obligarnos a salvar barrancos imposibles si internados un par de kilómetros en la llanura podríamos cruzarlos todos sin apenas desnivel, y regar todo ello con unos paisajes absolutamente lamentables, me parece un chiste malo. La columpiada de la organización en esta etapa (como en tantas otras cosas) es de primer premio.




Pero todo llega a su fin, y así el terreno rompepiernas deja paso a un puerto de montaña de verdad, por fin vamos a internarnos en las estribaciones de Sierra Nevada. Allá arriba, donde los cuervos, una sucesión de collados nos observan, ¿a cuál iremos?
Tomamos el inicio del puerto con una mezcla de sentimientos: expectación por un cambio de paisaje y aprensión porque son muchos metros los que hay que salvar, y a estas alturas ganar un metro es una odisea.
Le digo a Marcos que tire a su ritmo, que ya me esperará arriba, y comienzo a gestionarme a mí mismo. Las pulsaciones no se disparan, pero es que vamos ya tan fundidos que no es que no suban, es que no pueden subir más. Voy a 150ppm y la sensación de asfixia y exigencia es mayor que si fuese a 180ppm un día normal, descansado.
Curva izquierda… derecha… las cuento, las uso de referencia, de alivio, de todo. Apuesto conmigo mismo a que seré capaz de llegar a la que está al fondo sin parar a coger resuello, o sin mirar el cuentakilómetros. Y gano. Casi siempre.
El dolor en la ingle, de tan cotidiano, casi se olvida y se convierte en algo que está ahí pero que ya no importa. Sin embargo, sumado al cansancio que ya llevo, ha propiciado que cambie mi pedaleo en estas etapas finales: ahora mi cadencia es muy lenta, abuso de desarrollo, sólo porque una pedalada menos es un doloroso roce menos. Y porque me cuesta tanto mantener una cadencia ligera que prefiero ir atrancado.

Atrancado y sin fuerzas, pero los kilómetros pasan. Verdaderos esfuerzos mentales para no detenerme tras cada 10 pedaladas, para no sentarme en el suelo 5 minutos, 10, 15… Voy grogui, pedaleo por inercia, a chepazos, arrestos de voluntad en vez de impulsos nerviosos son lo que mueve los músculos. Si presiono el muslo con un dedo, siento que me clavaran alfileres, pasar la mano por el gemelo es notar punzadas de dolor.

Y hay algo que no esperaba, y me abre aún más los ojos. Al borde del colapso como me encuentro, consumido por el agotamiento, a punto de abandonar como he estado hace unas horas, voy adelantando ciclistas en la subida de manera inexorable, sistemática. Sus caras son poemas de ojos hundidos y rostros macilentos, borrones de polvo, sudor y arrugas. A muchos de ellos no los he visto en toda la carrera, y hete aquí que a las últimas desfallecen antes que nosotros.
Si yo estoy como estoy, y voy como voy, no quiero ni pensar cómo estarán ellos.

Y es que estoy realmente jodido, pero pedaleo, sigo, ando, continúo. Y además ya se que voy a acabar. Faltan 60km pero no tengo ninguna duda que acabaré, y esa alegría interior contribuye con fuerzas, y sobre todo con buen humor. Estoy feliz, sufro feliz, maldigo feliz y padezco feliz.
Marcos tampoco irá muy cristiano porque tras casi toda la subida no me ha sacado ni 50 metros, y vamos a llegar casi a la par arriba.

Si, arriba, hemos coronado, y las vistas son ya otra cosa. El panorama es diferente, un mundo nuevo.
Tierras altas desde las que otear una llanura colosal de la que venimos y que ahora se extiende a modo de alfombra bajo nuestros pies. Girando la cabeza, los montes continúan su incesante escalada hasta confluir, nervudas aristas mediante, en nevadas cimas allende los 3000m de altitud.
Y al lado, unas rocas a modo de mirador que estaban destinadas a ser asiento de nuestro almuerzo.

Es cómico, triste, doloroso, hilarante, increíble, sorprendente y así cien adjetivos dispares que, mientras sacábamos fotos en el lugar más bonito de toda la Titan Desert, mientras almorzábamos en la gloria, en el puto paraíso, todos aquellos a quienes acabábamos de adelantar en la ascensión pasaran de largo, no ya sin un “hasta luego” o un “que aproveche” (porque eso de saludar cuando te adelantaban/as lo hacíamos nosotros y una veintena más), sino sin pararse a contemplar el paisaje, tirar una mísera foto o leer el nombre del mirador y del collado al que acababan de subir.
Supongo que es buen ejemplo de lo que son estas carreras, de lo que suponen y de lo chalados que están unos cuantos (no se si ellos o nosotros, pero está claro que algunos lo están).

Al final, cuando andábamos ya por el postre (Marquitos lleva de todo), un par de ciclistas por fin pararon a echar fotos, disfrutar del lugar y charrar con nosotros. Aleluya!!
Para cuando llegamos al mirador, habría más de 100 bikers detrás nuestro (milagro, lo normal era acabar siempre con 30-40 por detrás nuestro apenas), y una hora después, cuando reemprendíamos la marcha, no serían más de 20-30 los que aún habrían de pasar por aquí. Y sólo 2 pararon…
Lo cierto es que semejante bacanal me sentó como un tiro. El resto del día fui ya a remolque, instalado en una nube de irrealidad. Largas bajadas por pista, otro puerto de montaña, corto pero tan empinado que echemos pié a tierra un buen rato, y sobre todo un final interminable donde alternaban tramos de bajada con explosivos repechos imposibles, dejá-vu eterno que agotaba todas y cada una de las fuerzas que aún quedaban, y que ni sabíamos que estaban ahí.
Un tramo trialero (el único de verdad en toda la carrera) fue aprovechado por Prats para morrearse con el suelo, qué manera de ceprenar!!

Rallaban las nubes el cielo y el sol se escondía cuando, pocos minutos antes de las 8 de la tarde, cruzábamos la meta. Estábamos en Granada, en el Llano de la Perdiz, ante una bienvenida surrealista: en medio de un descampado, una diminuta pancarta marcaba el fin de la carrera y del sufrimiento, 2 voluntarios esperaban con apenas 3-4 litros de agua calienteque habían de durar para nosotros y para los que llegaran por detrás todavía… la pantomima era mastodóntica.

Por su esto fuera poco, habían conseguido algo realmente complicado: habíamos llegado a Granada sin ver en ningún momento la ciudad, y mucho menos la Alhambra. Marcos venía todo el día pensando en llegar a Granada viendo una panorámica fabulosa de la ciudad desde lo alto, con la joya que es la Alhambra, pero no habíamos visto nada de nada. Desolador, la organización se superaba a sí misma a cada paso. Suerte que ya se acababa, ya no les quedaba mucho más margen para cagarla.

Habíamos recorrido 120km, pero sé que igualmente hubiéramos hecho 160, 200 o los que nos hubieran echado. Al final acabas por entrar en un estado de negación de la realidad, de automatismo, de limitación de funciones, que permite al cuerpo pedalear, pedalear y seguir pedaleando. Limita el resto de gastos energéticos al mínimo para concentrarlo todo en tirar para adelante. Y con ello el raciocinio, riges lo justo para respirar y mantener un equilibrio precario en la bici, pero no sabrías contestar ni cuánto son 2+2.

Claro que aún queda la guinda del pastel: recorrer 8-10km por Granada hasta el Palacio de Congresos, donde estaba instalada la llegada “oficial” en la que subías en bici a un pequeño estrado para recoger el pedrusco que te acreditaba como “finisher” de la Titan Desert. Vamos, un pisapapeles gordo.
Y de allí otros 2-3km más hasta el estadio de Los Cármenes donde había que dejar las bicis y coger los coches de la organización que nos llevarían al hotel, al que arribamos pasadas las 21h (recuerdo, la cena de trofeos era a las 22h)

El hotel realmente era una pasada, precioso, con camas comodísimas y una ducha maravillosa a la que hicimos más aprecio que un mono a un plátano. Y entre ducharse, cambiarse, descansar algo y volver al Palacio de Congresos, lugar del ágape, se hicieron casi las 23h.
Y por supuesto ahí no espera ni Dios a los últimos, la gente ya estaba casi acabando de cenar. Un menú que esperaba con ansia, pues barato no era (a los acompañantes y familiares que quisieran acudir, les soplaban 50 o 60€), y que resultó ser la enésima cagada de la organización de la Titan Desert: comida precongelada, escasa y sencilla, tanto que el postre eran unas natillas de sobre de las de toda la vida… El vino acompañaba la mediocridad reinante, y visto el ambiente tan vacuo de la cena, Marcos y yo, en acabar nuestro rancho nos fuimos al hotel sin esperar a las entregas de trofeos y demás actos que tendrían lugar.

Al día siguiente, levantarnos a las 8h en una cama espléndida (sólo faltaría mejor acompañante que Marcos, femenino a ser posible) sin que apremie el despertador, y pegarnos hora y media de reloj almorzando en el mejor desayuno-buffet que he probado en mi vida (minipunto para la organización, aquí si) fue estar en la Gloria.
Tan sólo nos quedaba empaquetar las bicis (que los caraduras de nuestros mecánicos tenían que hacer y no hicieron, no contratéis Artsport Bikes, fatal) por la mañana, tomarnos una Alhambra 1925 en la Plaza Nueva e irnos al aeropuerto, volar a Barcelona, coger el tren a Lérida, y regresar en coche a Ainsa. Se escribe rápido pero costó algo más tanto transbordo y periplo.



Epílogo:

Hay tantas cosas que decir de la Titan Desert a modo de resumen, que para no dejarme mucho, haré una lista de cosas positivas y negativas.

Mejor empiezo por las negativas, que deja mejor sabor de boca acabar con lo dulce 

Negativas:
• Muy caro para los servicios generales que ofrecen, tanto la inscripción como los complementos adicionales (no es de recibo pagar 20€ por media hora de Internet, ni pagar 10€ por foto en la web, ni pagar 50-60€ por la cena final los acompañantes siendo un cubierto de regular calidad, etc).
• Pese a que se está en mitad de la nada, algunos aspectos del campamento deberían estar mejor solventados. Especialmente respecto al agua caliente, duchas, baños, y los colchones infestados de pulgas y chinches.
• El recorrido ha sido bastante anodino, feo en ocasiones. Se salvan la etapa 3 y parte de la 1, 4 y 6. Por lo visto el problema ha sido que los puntos de salida y llegada de la carrera eran fijos (Erfoud, Granada) y había poco espacio para la imaginación al trazar la ruta. Otros años es más bonita, se ve que hemos tenido mala suerte
• Lo venden como una experiencia, una aventura con unos valores y un compañerismo especiales, cuando es una carrera pura y dura donde apenas alguien saluda en carrera, ayuda al que tiene un problema o es amigable.
• Todo lo relacionado con el traslado a la península le ha venido grande a la organización (RPM events), es una salvajada hacer pasar por ello a los ciclistas. Además el barco no reunía condiciones para descansar, ni la comida que servían en el. Y el final en Granada, sin una sola vista de la Alhambra o la ciudad, es un crimen. Además ponen la cena a una hora sin pensar en los que vamos justos para acabar la etapa.
• No es una prueba de navegación, sino que el recorrido está casi completamente marcado. Esto hace que todos dejen de lado el roadbook y cuando hay algún fallo de marcaje nos perdamos todos. O una cosa u otra, pero la indefinición es mala.
• Hay tanto marketing detrás de la Titan Desert que cuando luego ves cómo es por dentro, decepciona. Crean demasiadas expectativas.
• Corredores que robaban cosas de las bicis por la noche, o en la sala de carga de aparatos electrónicos (gps, cámaras, etc). Indeseables los hay en todos lados.
• El trato al ciclista “mediocre”, que somos casi todos los 100 últimos, es muy mejorable, especialmente viendo cómo se cuida y mima a los “famosos”. Son detalles pequeños, pero todos suman y es palpable.
• Habrá alguno más que me dejo, pero quiero acabar repitiendo lo que he escrito en el texto: es LAMENTABLE, VERGONZOSO e INDIGNO cómo queda el desierto a nuestro paso. Las cantidades ingentes de basura que los corredores dejan (me niego a incluirnos aquí con el resto) a su paso me dejó con una sensación de cabreo y mala leche difícilmente transmisible en palabras. Y por supuesto no se recoge, se limpia la parte cercana a los avituallamientos, pero nada más. No puede ser que a RPM Events (la organización) se le llene la boca hablando de respeto a un medio tan delicado, frágil y bello como el desierto, mientras los corredores lo llenan todo de porquería, de manera completamente innecesaria. Hay lugares de auténtica vergüenza ajena en cuanto a basura. Lo repetían todos los días pero nadie hacía ni caso, y ellos no tomaban ninguna medida para solucionarlo. Por supuesto ellos no tienen toda la culpa, la principal es de los propios corredores, muchos de los cuales son unos guarros indeseables. Pero su deber es ponerle coto y no lo hacen. Sobre todo porque muchos de los menos cuidadosos son los que luchan por las primeras posiciones y claro, no van a echar de la carrera o multar a según quien. Y parece que los responsables marroquíes o no lo saben o hacen la vista gorda. Cámaras pinchadas, cubiertas rajadas, bombas de mano, cartuchos vacíos de co2, botellas de agua y powerade, bidones, plásticos, envoltorios de geles y barritas… Que la arena lo sepulte. Que el marketing lo oculte.



Positivas:
• Es una experiencia enriquecedora, conoces gente maja, y si eres un pringadillo como nosotros, realmente pones a prueba tus límites.
• Siempre es un placer conocer sitios nuevos, y las pocas zonas bonitas que atravesamos, realmente eran muy bonitas.
• Los voluntarios se portaban de maravilla, unos cracks. Y los currantes de la organización igualmente (que no los jefes).
• El campamento, con todas sus limitaciones y defectos, no deja de ser un lugar diferente, magnético y con su punto de “aventuresco”.
• Los marroquíes, gente educadísima y respetuosa, sonriente y afectuosa. Podríamos aprender mucho de ellos.
• La comida es casi siempre la misma, y no pueden pedirse maravillas, pero la hay en cantidades industriales, los horarios de comedor son amplísimos y es imposible que nadie se quede con hambre.
• Los avituallamientos tienen líquido de sobras, y da una tranquilidad inmensa.
• El servicio médico es muy bueno, en todos los sentidos.
• Seguro que me dejo algo, pero para acabar, remarcar que pese a todo lo malo vale la pena la experiencia, las cosas buenas





En resumen, y para acabar, una experiencia enormemente enriquecedora. Ni por un momento me arrepiento de haberla realizado, todo lo contrario… no me gusta competir, pero esto era competir contra mí mismo en mi interior, y eso te ayuda a avanzar como persona, a replantearte tus capacidades, y a darte cuenta de que se puede llegar mucho más lejos de lo que uno se cree. El aguante del cuerpo humano es casi ilimitado, sólo hay que convencer a la cabeza de que acompañe. A mi me ha abierto los ojos, en el sentido que ahora sé que soy mucho más fuerte, y mi convicción también.

Eso sí, no pienso volver :)

Pero es cierto que ya estoy investigando más carreras/marchas de este estilo, en busca de una que me cuadre, quien sabe, tal vez…


6 nov. 2011

Tital Desert 2011: Etapas 4 y 5



Etapa 4:

Se acabó el acarrear con tanto trasto, saco de dormir y mudas a la maleta, por fin!! Y fisios en el campamento!! Nuestras piernas los necesitaban, sobre todo Prats, flojete, jejeje.

Hoy es la etapa reina del recorrido marroquí, más de 100km, poco desnivel pero una terreno intermedio muy muy duro, o eso nos cuentan…

Añadidle que nuestros culos están ya en las últimas, como más de la mitad de los ciclistas. Llagas, abiertas en muchos casos, que hacen de sentarse en el sillín un martirio. Levantarse es peor, pues sólo el volver a apoyar de nuevo el trasero en el sillín hace que salten lágrimas de dolor.
Hoy hemos recurrido al doble culotte, con el usado por encima del nuevo, vaselina entre ambos y en la piel… pero aún así el dolor es inimaginable. Cualquier piedrecita, cualquier ondulación del terreno, resulta insoportable. Apretar los dientes, cerrar los ojos con fuerza y poner todo el cuerpo en tensión es la manera de tratar de minimizar algo los latigazos de dolor. Poco…

Desde las 5 de la mañana hasta las 7,30h el campamento médico está lleno de gente que se va a curar la entrepierna y a poner parches en las llagas abiertas. Marcos ya ha ido, yo sólo lo haré para la última etapa.

Empezamos a pedalear buscando el extremo del Plateau de Rekkan por las ya familiares llanuras inabarcables. Los primeros kilómetros son sencillos, pero aún así cuestan. Tras el primer avituallamiento, a los 20km, la pista que seguimos toma un falso llano ascendente y arenoso, la antesala del infierno.
El cuerpo se nota cansado, las piernas pesan, todo duele, desde los pies hasta el cuello, pasando por hombros, brazos, desde los primeros kilómetros hay que concentrarse en el sufrimiento, si te relajas un momento el cuerpo deja de dar pedales, las piernas ya no se mueven a órdenes inconscientes, eres tu quien ha de empujarlas con el pensamiento, cada giro del pedalier cuesta un mundo, el dolor se cuenta en gotas de sudor, el empeño en arrugas en la frente, el avance en metros, los kilómetros son tan eternos que apenas puedes concebirlos.

Llegamos a unos árboles que llevan ratos riéndose de nosotros en la lejanía. Especie de carrascas retorcidas entre lomas y roca, mucha roca. En apenas unos metros la pista de arena se convierte en una trocha irregular como la quijada de un lobo. Puntiagudas piedras de todo tamaño sobresalen del terreno por doquier, el avance se vuelve mucho más lento, sorteando las más grandes, zigzagueando en pos del mínimo esfuerzo. El lugar parece una dehesa extremeña donde las piedras hubieran proliferado cual plaga bíblica. Y conforme avanzan los kilómetros empeora. Y mucho.



Van a ser 20km de este terreno inhóspito y desolador, pero aún así en parte cultivado, pues pronto veremos campos de cereal y muchachos bereberes, decisivos actores de la etapa de hoy.
Pedaleamos a menos de 10km/h entre más piedras, a las que se les han unido las raíces que cruzan la pista, completando un pack terrible. Voy marcando el ritmo a Marcos, más callado que de costumbre, mal pinta. Incluso es el quien pide los descansos. También es comprensible, el va en una bici rígida, mucho más dura e incómoda, mientras que mi Canyon de doble suspensión es infinitamente más cómoda y tracciona mucho mejor en este terreno. Son 4 etapas muy duras y cero problemas con la susodicha, realmente Nano no me engañó, es tan pepino como aparenta.

Tras cruzar un sembrado, en una intersección, la pista se torna sendero, que se va estrechando progresivamente por una agreste ladera. Cuesta pedalear aún más si cabe, pero me alegro de un poco de singletrack que da más emoción al manejo de la bici. Pasado 1km el sendero desaparece casi completamente, apenas trazas de ruedas marcan por donde han pasado nuestros precedentes. Parece extraño. En seguida nos juntamos un grupo de media docena de bikers, los que vamos buscando el camino a prueba y error. Tirando de lógica y experiencia en este terreno voy encontrando las marcas de roderas por los tramos más propicios, pero enseguida queda claro que estamos tan perdidos como los que pasaron antes que nosotros por aquí. Volver sobre nuestros pasos no es una opción, no sabemos donde nos desviamos y perderíamos mucho tiempo.
El gps marca un control de paso a 4-5km en línea recta, qué hacer??

Yo lo tengo claro, no se ve camino, es todo monte a través, así que recto como una vela, siempre que se pueda, pero atentos a buscar las zonas de monte que puedan ser más fáciles para empujar la bici (o llevarla a cuestas, como es mi caso). Bajamos una ladera hasta una vaguada, para continuar un buen rato por ella, y en el collado que la cierra espero ver algo de mundo… pero nada, más monte cierra el horizonte. Un vistazo al gps para cerciorarnos del rumbo y adelante.
El terreno se abre un poco, en ocasiones es posible hasta ir montado, y ya pasamos por algo parecido a bordas, signos de civilización!!! No queda mucho hasta que nos crucemos con una pista que, magia!, tiene marcas de la carrera. Ya nos hemos encontrado! Un vistazo a las roderas nos dice en qué dirección hay que ir (si vamos para atrás la jodemos bien) y así tras casi 2 horas de vagabundeo por la sierra retomamos el recorrido…

Marcos sigue muy callado, y en los apenas 4km que faltan hasta el avituallamiento, la cara le pasa de cansada a extenuada. Apenas le da para pedalear, por más lento que voy, el va más. No sin esfuerzo llegamos al camión del agua, donde pararemos por espacio de una hora, para que vaya recuperando. Muchas sales, comida, sentarse a la sombra…
Me llego a preocupar, dice cosas inconexas, el tarro le rige regular, está apajarado y casi desorientado.




Mientras se va recuperando, nos enteramos que los chicos bereberes han cambiado las marcas, y salvo los 8 primeros todos los demás nos hemos perdido. Nos cuentan también que algunos perros salvajes han atacado a un par de bikers y los chicos han tirado piedras a varios más. Es una putada pero hasta cierto punto los entiendo: eres pobre como las ratas, y ves pasar por tu casa, por tu tierra a unos tipos que parecerán marcianos. Les pides cosas y ellos poco menos que pasan a toda hostia a tu lado sin mirarte y espantando al ganado, suerte tienes que no te atropellen… Pues nada, que os jodan, os la vamos a dar con queso, por simpáticos. En su lugar puede que hiciera lo mismo. Es lo que tienen las carreras y las prisas…
También nos cuentan que aún debe haber 50-60 bikers perdidos por la sierra… menudo percal para la organización, esa que lo tenía todo cubierto al detalle… Por suerte todos aparecen tarde o temprano, y no hay nada que lamentar aparte del susto. Por supuesto las culpas durante la noche nos las echarán a los ciclistas, por no mirarse el roadbook y fiarse de las señales de la organización, pues según dicen la Titan Desert es una carrera de orientación.
Listo, si fuera así no pondríais las señales, y los Heras, Pereiro y compañía no vendrían y le darían caché a la prueba, que es lo que buscáis. Porque las señales son por ellos, para que corran y no tengan que preocuparse de buscar la ruta correcta en el roadbook. Pero claro, autocrítica cero, para variar. Otra cagada de tantas.

Nos ponemos en marcha, Marcos parece ya más recuperado, pero se nos han estropeado los cuentakilómetros y no tenemos muy claro cuántos kms quedan exactamente… suerte que finalmente el mío quiere ir mal que bien y más o menos nos apañamos.
Pasa otra hora de pedaleo por pistas más finas pero igualmente rompepiernas, el sufrimiento y el dolor son un murmullo quedo que suena a la par que giran las ruedas, la desgana llama al desánimo, pero si hemos pasado lo de antes, podemos con todo. Claro que si, con paciencia y sin prisas voy tirando de Marcos, animándole. Hoy las tornas han cambiado y debo ser yo el puntal, como el lo fue antes. Como dijo Lance Armstrong, “El sufrimiento y el dolor son pasajeros, rendirse es para siempre”




Y continuamos, continuamos… y volvemos a continuar.

Lentamente llegamos al final de la meseta en que estamos, ya vemos acantilados que se despeñan hacia una nueva llanura que nos aguarda al fondo. Cascadas de árboles discurriendo por abruptas laderas, profundos barrancos cicatrizan el fin de la meseta, y por uno de ellos nos tiraremos pista abajo.
Por mucha bajada que sea, sigue siendo matador, controlar la bici más sufrimiento, los brazos no dan más de si, se cargan y flaquean. 10 km descendiendo por una pista muy rota, sin ganas más que de acabar el día… se pueden hacer eternos. Paramos y le estiro las piernas a Prats, se le han subido los gemelos del todo, su cara es un poema, aún no sé como sigue en pié, pero estamos tan cerca…

Tras la bajada el tramo final es una pista ondulada que en pocos kms nos dejará en el campamento. No deben faltar ni 2km cuando hacemos la última parada. Marcos apenas puede seguir, quiere comer algo, y ahí en unas rocas, con el campamento ya a la vista reposamos un cuarto de hora, que aprovecho para desandar un tramo hasta unas casas donde juegan unos niños y darles las barritas que aún me quedan y que hoy ya no utilizaré. Les harán mejor aprecio que yo, seguro.

Finalmente, juntos como siempre, cruzamos la meta de la cuarta de las 6 etapas de que consta la carrera. Sólo quedan 2, y la de mañana es corta, y es la última en suelo marroquí. Esto está hecho, pienso.

Cuánto me equivoco.







Etapa 5:

Desde luego, que mañana regresemos a España, aunque sea para continuar pisando pedales, ha levantado el ánimo de la gente. Puede sentirse en el ambiente del campamento: el cielo brilla más, la comida sabe mejor, el culo no duele más, pero los baños siguen oliendo fatal. Además la organización nos ha dicho que han contratado un barco para nosotros, para que crucemos el estrecho y descansemos de cara a la última etapa. Por sus palabras, parece que lo han construido a propósito.

A las 8h nos ponemos en marcha, en busca de la rutina habitual, primera hora de sufrimiento y luego poco a poco a encontrarse mejor. Hoy el recorrido será corto, a mediodía habremos acabado.
El trabajo de los fisios por las tardes es maravilloso, aunque grites, los maldigas y sufras casi como encima de la bici, esa media hora de “cuidados” te renuevan para el día siguiente. Sin embargo, algo en mi renovación para hoy no ha ido bien, porque me siento fatal. Fatal.
Será que hoy hace mucho calor y a las 9 de la mañana estoy sudando como un condenado, será que me falta mentalización para hoy al ver que la etapa es tan sencilla, o será que soy un quejica y un flojete.

El paisaje tampoco ayuda, pues nos movemos todo el día por el extrarradio de pueblos y ciudades, entre construcciones abandonadas, cultivos secos y restos de pobreza. Apenas unos kilómetros sin ver civilización en el horizonte, más que el recorrido de una “carrera épica” parece la jornada de un repartidor de paquetería.
Así que con paciencia, decepción y aburrimiento nos vamos acercando a la meta. La única emoción del día la ponemos nosotros mismos al saltarnos un cruce y meternos de frente en una ciudad. Suerte que antes de cagarla mucho un paisano nos dice que por ahí no haremos camino, y dando media vuelta pronto estamos en ruta.
Los últimos kilómetros los hacemos por entre chabolas, basura y malos olores. Incluso nos vemos obligados a cruzar un río por debajo del puente, con el peligro del agua dando vidilla al asunto: remojarse una pierna equivaldría a perderla por putrefacción.
Y así, con semejante estampa damos por acabada la última etapa marroquí de la Titan Desert.

Vaya, resulta que cruzar la meta era sólo el calentamiento para lo que nos espera esta tarde… Nuestros jefes han reservado un área de servicio en el infierno para el post-ruta. En medio de un calor asfixiante, con el sol pegando como un demente, comienza la etapa 5bis.
Una suerte de Gynkama en la que tienes que ir a por tu maleta a un extremo del área, cargar con ella hasta la otra punta, donde recogeremos las cajas vacías de transporte de las bicis. Luego, aún sin ducharse, limpiar y desmontar las bicis, meterlas en las cajas con toda la herramienta y material, y llevarlas a cargar al camión de transporte. Seguidamente ya podemos ducharnos, pedir hora al fisio e ir a comer, que hay hambre. Siempre cargando con la maleta, claro está…

Una vez repuestos con pasta equivalente a 3 hectáreas de trigo no nos queda otra que esperar. Y esperar. Tenemos hora con el fisio bastante tarde, y hasta que acabemos no podremos montarnos en los autobuses que van saliendo paulatinamente hacia la costa, dirección Nador. Serán 2h al cuidado de un conductor suicida, cuya pericia finalmente logra el mareo de medio bus, mientras el otro medio toma en vano el nombre de su familia hasta la quinta generación.

Y al llegar a Nador, papeleo, aduanas, más papeleo y varias carreras de obstáculos con la maleta a cuestas. No se si me creeréis pero nada de toda esta aventura me ha dejado tan cansado y desganado como toda esta comedia de traslado a España a mitad carrera.

Ah, y resulta que ese barco que poco menos que fletaban para nosotros (los Titanes, como nos llaman, valiente gilipollez de nombre) no es sino el ferry-cama que hace el trayecto de línea Nador-Almería todos los días, el más barato y perrero, el que usan los marroquíes que van a recoger fruta a España. La cena es una mierda, el camarote para dos un zulo de 6m2 conectado directamente con el averno. Cero ventilación, no menos de 30ºC toda la noche.

Para colmo el briefing se retrasa, perdemos horas de sueño que hacen mucha falta por la dichosa pantomima de todos los días, que no acabará hasta pasadas las 12 de la noche. Y todo ello con la etapa más dura en el horizonte, con 120km y dos mil y muchos metros de desnivel a meternos entre pecho y espalda. O a meterse, porque yo hace ratos que tengo claro que mañana ya no salgo. Estoy reventado, muerto, se me caen los ojos de sueño, el cuerpo se me ha bloqueado, como la mente. No entiendo que la organización nos haya metido en semejante cagada de traslado. Es que llevamos sin parar desde las 6h y son las 24h. Sé que no soy capaz de pedalear 120km en el estado de extenuación en que me encuentro, apenas me da para andar…

Y ríete tu, porque el plan es que mañana nos levantemos a las 5h, cojamos un bus en Almería otra hora y pico hasta Abla, donde deberemos montarnos las bicis y re-empacarlo todo, y la salida de la etapa será ¡A las 11h!
Es flipante, esto les viene grande a la organización, cómo se puede programar semejante despropósito??? Apenas habrá tiempo para llegar a Granada, si tienen que dar premios y todo, y la cena de fin de Titan será a las 22h, es materialmente imposible…
Han dado 10h de cierre de control para la etapa, muy poco a la vista de las pasadas jornadas, de la dureza de la que nos queda, y del cansancio extremo de la gente.
Lo dicho, compadezco a los desgraciados que aún tienen tamaño purgatorio por delante, porque yo me bajo, mi titan ha acabado en África.

Muy cabreados con todo este circo, Marcos y yo nos vamos ya a dormir. Está jodido porque lo dejo solo, se nota. Y yo estoy jodido por dejarlo solo, muy jodido.
La 1 de la mañana pasa ya cuando, tras el ritual de cremas y pastillas, apagamos la luz. No vamos a dejar de sudar en toda la noche…

Tital Desert 2011: Etapas Maratón: 2 y 3



Etapa 2:

Hoy toca un cambio respecto al primer día, y es que nos encontramos en el inicio de las 2 etapas maratón: tenemos que cargar con todo para las etapas de hoy y mañana, además de lo necesario para pasar la noche… Cada cual se lo monta según el peso que quiera cargar… la mayoría un mini-saco de dormir, los menos esterilla y algunos nada de nada… todo ello atado al cuadro de la bico con bridas, ese gran invento.
Aparte ración doble de barritas y geles, la muda para el día siguiente, algo de abrigo para la noche… muchas cosas, demasiadas… el peso se nota, sobre todo en el coco.

El inicio de la etapa es rápido, una pista llana y de seguido un tramo de carretera ondulado donde se puede pedalear bastante bien. Me encuentro mucho mejor que ayer, aunque el inicio de etapa voy con el freno de mano puesto, que aún falta un mundo.








Hacemos una parada larga en el primer avituallamiento para arreglar la bici de Marcos, y salimos los últimos de allí. Poco a poco iremos adelantando gente, primero por un falso llano arenoso y aún más en un repecho durísimo y pedregoso de 1km que hay que hacer a pié. Lo culmina un collado que abre paso a un amplio valle totalmente plano, flanqueado por grisáceos montes que asoman en lontananza. Valle marrón tierra por donde avanzamos a buen ritmo, adelantando grupo tras grupo de ciclistas, cruzando pequeños oueds (cauces de río secos y pedregosos), y viendo acercarse las casas de un pueblo en la lejanía. Cruzarlo es un alboroto de gente animando (o riéndose), a grito pelado los niños, más pausados los adultos, o calladamente bajo su velo las mujeres.


Es curioso que de este pueblo guarde los recuerdos quizá más nítidos de toda la prueba. Es por la gente. Me recordaban a mí de crío, cuando veía pasar embobado la vuelta a España o a Aragón por las calles de Ainsa, gritando sin conocer a nadie, esperando un botellín en la cuneta. Los niños extendían la mano para que se la chocaras, muchos hombres nos miraban callados, torcida la sonrisa en la boca, y los ojos sobre los velos transmitían más que cualquier otro gesto o palabra. No está tan lejos de lo que era la España rural hace 25 años.

Otra parada larga en el segundo avituallamiento, y desde aquí, a 40km aún de meta, la jornada se me empezó a hacer cuesta arriba… dolía el culo, dolían los ojos de no ver nada más que una explanada inacabable surcada de matorral, dolían las piernas y el estómago, una especie de pájara extraña que no iba a más, que me permitía pedalear, pero que ni mejoraba ni empeoraba con el paso de los kilómetros. El tercer y último avituallamiento, a 12km de meta, venía seguido de un tramo de carretera ascendente que se me hizo eterno, y finalmente de un rodeo estúpido cerca del campamento que me hizo maldecir a la organización al completo.
105km habían acabado, cosa por la que no daba un duro 8 horas antes. Como tampoco lo daba por acabar al día siguiente, 145km tras maldormir y sin fisios para recuperarte las piernas.



Etapa 3:

7h35min y estamos ya listos para salir, una odisea de noche que es ya pasado entumece aún nuestros cuerpos, que se debaten entre el agradable sol que nos templa y la certeza de que pronto lo echaremos de más.


Segunda parte de la etapa maratón, sacos embridados al cuadro, rostros ojerosos, mantas térmicas arrugadas… la noche fue crítica, con lluvia y frío, durmiendo en exiguos sacos entre el cielo lluvioso y el suelo pedregoso. Suerte de las mantas térmicas de los botiquines, que menguaron el sufrimiento de la lluvia, pues dormíamos casi al raso y llovía con viento. A punto de evacuarnos estuvieron…

La etapa empieza. 145km. Pero no. La especial es de 136km. Los primeros 9km son neutralizados, no cuentan. Que se lo digan a nuestras piernas.
Sin tiempo a que lleguemos los últimos al punto de salida, la gentil organización da la salida real a la etapa. Ahí vamos, pienso, amiga agonía, bienvenida.

Vamos a subir, sin pausa primero, levemente por el fondo de un valle estrecho, para un rato después tomar un puerto de montaña que nos cambiará de valle. Seguimos siendo de los últimos, pero el panorama de acompañantes ha cambiado, son rostros nuevos, bicis nuevas. Muchos de nuestros vecinos de fatigas ya han abandonado, el cansancio o el fuera de control han hecho mella.

Marcos me ve sufrir las 2 primeras horas, me cuesta calentar el cuerpo al inicio de la etapa. Aun así vamos dejando gente (poca) detrás mientras avanzamos por un terreno ondulado donde cuesta coger el ritmo. Y más con un Patrol de periodistas siempre por medio, adelantándonos en los llanos y molestándonos en los badenes y repechos. Hartos de su fastidio, los mandamos por ahí con bastante cabreo.
Pasado el primer avituallamiento el cuerpo empieza a responderme, apenas llevamos 33km y quedan más de 100… un tramo encañonado da paso a una curiosa zona de sembrados de cereal. Curiosa porque está por encima de los 1500mt. Y porque si te dijeran que es Soria o Badajoz, firmarías que si. Este tramo es un inacabable ascenso, más de 30km, pero apenas a un 3-4% de desnivel, que vamos ganando relevándonos y ayudados del aire a favor, que parece querer compensarnos por el primer día.
La fauna en esta parte de la etapa es la más prominente de la carrera, si bien bastante diminuta: ratones, tortugas terrestres, lagartos y serpientes, y multitud de escarabajos. Hay que ir con cuidado para evitar pisarlos.

Finalmente, el ascenso toca a su fin. Han sido varios collados atravesados hasta ganar el bueno, el que ya nos conduce cara abajo… Y si, desciende, pero engañosamente. Si no pedaleas, la bici se para. La pista se agarra y la pendiente es muy escasa, pero es a favor. Como el aire, así que vamos devorando kilómetros con rapidez, cada minuto que pasa me encuentro mejor, y los tramos de preciosa estepa que nos conducen al segundo avituallamiento se convierten apenas en un espejismo de lo rápido que pasan.

Llenado el depósito, nos lanzamos a por un monótono paisaje. Quedan 60km y los 15 primeros van a ser una planicie herbosa por la que se ha hecho pasar una pista tirando de compás y regleta: recta como una vela. Avanzamos prestos, y repentinamente se acaba. La llanura muere en unas graveras y mares de piedra que forman oueds serpenteantes, farallones despiadados y agudos precipicios. Entre todo ello desciende una pista de pura roca, que atravesando fajas y pequeños prados, barranqueras y cañones, nos deposita en una nueva llanura. Esta mucho más irregular, y completamente preñada de piedras. Recuerda a las zonas más áridas de Guara, pero sin desniveles.


Es aquí, en terreno técnico, donde más disfruto. Atravieso escalones y rocas a toda velocidad, trepo rampas irregulares como una cabra, mi Canyon me deja alucinado, pues había empezado con tiento la parte abrupta y como veo que responde, y responde, le meto cada vez más caña. Adelantamos más grupos, y Marcos tiene que gritarme que pare porque los voy dejando atrás en cada zona comprometida… Tras 2 días y medio de bici por fin estoy gozando con el terreno… y con la bici, vaya pepino!!

Poco a poco disminuye el terreno pedregoso y técnico, nos adentramos en lo que serían con agua unos humedales pero que no es más que un gran río completamente seco (oued) y multitud de afluentes o ramales que cortan los meandros. Nosotros nos dedicamos a fluir por el terreno, ondulado y divertido como un parque de atracciones… Casi siempre en ligero descenso, tomamos una sucesión interminable de curvas y contracurvas, de cruce de cauces, de rápidas y cortas rectas, de trampas arenosas... Es muy agradable y nos comemos los kilómetros a toda velocidad, creo que nunca habremos estado tan delante, igual hay 80-100 bikers a nuestras espaldas…

A poco más de 25km de la meta, ya ampliamente superados los 100km de etapa, realizamos una parada en el último avituallamiento, no hay prisa y vamos más que sobrados de tiempo… Marcos no está tan fino como yo, así que con tranquilidad. Comemos y bebemos bastante, mucha gente nos adelanta de nuevo, a quién le importa??, y cuando Prats da el OK seguimos.
Rápidamente llegaremos a un lugar alucinante… el Plateau de Rekkan, una vasta e inacabable planicie arenosa salpicada de matas herbosas duras como alambre. Es un lugar peregrinado por los pastores bereberes que viajan nómadas siguiendo a su ganado. No me explico como ambos, pastores y ovejas pueden vivir aquí. Cientos de kilómetros cuadrados olvidados de la mano de dios, a 1250m de altitud con unos contrastes de temperatura brutales.
El suelo es arenoso, pero una arena compactada con sólo una fina capa bailando libre al son del viento que azota el lugar.

Los kilómetros por el Plateau, sin prisas y despacio porque Marcos no iba muy cristiano parecían un paseo por un parque algo surrealista. Disfruté inmensamente surcando ese territorio con tiempo para saborearlo, una gozada.

Y así, 145km y algo más de 7 horas después, llegábamos al campamento en medio del Rekkam. 3 de 6, media Titan Desert vencida, más de la mitad del kilometraje ya recorrido. Y de nuevo había perdido mi apuesta conmigo mismo.

5 nov. 2011

Tital Desert 2011: Etapa 1 y el post-etapa







Etapa 1:

Son las 7 y media de la mañana y estoy sudando de calor, con la gorra calada, vestido de carnaval y en la última fila de la línea de salida.
Rodeado de ciclistas (bikers desde ahora) de todo pelaje, que sin embargo tienen algo en común: están infinitamente más fuertes que nosotros.
Desde el desayuno a eso de las 5 no hemos dejado de ver ya a la gente en culotte, y estamos flipando en colores con las patas que hay… gemelos con venas como mi pulgar, muslos que parecen una lección de anatomía, finos como pajaricos… donde me he metido??

Media hora después me encuentro sentado en el suelo, sacándome kilos de arena de los calcetines, regalo del inicio de la etapa: un paso de apenas 2km por un fotogénico cordón de dunas que sirve única y exclusivamente para jodernos la marrana y para que las docenas de fotógrafos y periodistas saquen instantánea tras instantánea mientras los bikers pasan a su lado corriendo bici en mano. O andando, como nosotros.
Hemos salido los últimos de las dunas, y tenemos el dudoso honor de ser los últimos en pasar por el primer punto de control de la carrera. Fotógrafos y voluntarios nos aplauden con esa sonrisa inevitable que radiografía lo que piensan: “qué poco vais a durar, chavales”

Continúa la etapa por una zona llana de pistas arenosas donde la rueda se hunde y cuesta avanzar. Cuesta por el calor, por el aire de cara. Y cuesta porque no voy…
No llevamos ni 15km de los 90 de hoy y ya se que no voy. A paso burra, las pulsaciones las llevo por las nubes. A paso caracol también. No digo nada pero veo que Prats está preocupado, el va silbando… al menos hemos adelantado a unos pocos y no somos los últimos, es un consuelo vano, pero es lo que hay.
No hay ganas de echar fotos, ni de hablar, ni de nada. ¿Cómo es posible que en una etapa que pensábamos que sería de calentamiento vaya casi a todo lo que doy y no hemos hecho ni 30km?
Si, son ya 30, primer avituallamiento y tengo muy claro que si no estuviera Prats aquí me bajaría de la bici y abandonaría. Esto no es normal, la cabeza no me va, las piernas no me van, el corazón late desbocado… no entiendo nada. Apenas me da para responder con monosílabos a las preguntas de Marcos, menear un poco la cabeza y tratar de concentrarme en dar pedales, olvidando que faltan 600km de prueba, que faltan 7h de etapa, que... da igual, simplemente trato de olvidar.

Mi mundo ha menguado, se reduce a un manillar, a la pantalla de cristal líquido del pulsómetro y a 10 metros de polvo y piedras que van pasando como el decorado de una película de dibujos animados: siempre avanza, nunca cambia.
Lentamente hemos pasado a un puñado de bikers a los que silenciosamente compadezco: si estoy como estoy, ¿cómo estarán ellos?
Paso el tiempo mirando las pulsaciones por minuto que llevo, deseando que por arte de magia bajen y se estabilicen en números normales. Pero ahí siguen, rondando siempre las 160-170. Es una barbaridad, estoy por encima de mi umbral anaeróbico… y llevo 4 horas así. Para colmo, 3 dedos de la mano zurda se me han dormido, al igual que la ingle (así seguirán hasta acabar la prueba)

Algo ha funcionado mi táctica, pues no se ni como hemos avanzado otros 20km y estamos a mitad de la etapa más o menos, en el segundo avituallamiento, perdidos en una planicie inacabable, un erial rocoso que sólo termina en la línea del horizonte…Parece plano pero no, se trata de una inacabable sucesión de falsos llanos arenosos sin solución de continuidad. Y allí vamos a que nos engullan.


Otra hora más y todo sigue igual.

Otra…


Un alto en el camino a beber y comer marca el antes y el después en la jornada. Milagrosa e imperceptiblemente me he ido sintiendo mejor durante estos últimos kilómetros. Y esa mejoría inconsciente, me ha llegado como de golpe. El cuerpo se habrá autorregulado o simplemente el sistema nervioso se ha cansado de trabajar, el caso es que lo siguientes kilómetros me encuentro mucho mejor, algo que contrasta con el espectáculo que vamos encontrando a cada curva.

Uno, dos, cinco, ocho… decenas de ciclistas, tumbados unos junto a la bici, envueltos en la manta térmica otros, siendo auxiliados por el helicóptero los menos... Parecen sombras, refugiados famélicos y ojerosos. El calor, el piso arenoso, el viento de cara y sobre todo las prisas han hecho petar a todo el rosario de bikers que hemos adelantado. Vísteme despacio que tengo prisa dicen… que se lo cuenten a los 50 tipos que hubieron de ser atendidos de golpes de calor en la etapa.

Apenas dos horas después, rondando las 8 de etapa cruzamos la meta, tímidos aplausos de los voluntarios, agua fresca, powerade frío, pies al suelo, orgullo silencioso, incredulidad.
Los últimos 20km los he hecho sobrado, no me explico que ha pasado hoy. En cambio Marcos ha sufrido al final, un flato doloroso y el cansancio han hecho mella y el final se le ha hecho largo.
Es ya pasado, ahora dejar las bicis para los mecánicos, coger hora para los ángeles de la guarda (fiscos) e ir a comer.

La tarde se reducirá a: comer, ducharse, comer, descansar, fisio, cenar, charla del día siguiente, cenar, dormir. Pero entre medias hay cosas que explicar.






El Post Etapa:

Menos cansado que las 8h de pedaleo diario, aunque mucho más estresante es todo lo que viene tras cruzar la meta.

Nada más acabar la etapa sólo hay ganas de quitarse el casco y sacarse la mochila de la espalda. Justo después la organización nos obsequia con una botella de agua y otra de powerade, y con ellas, casco y mochila entre los brazos hemos de ir a devolver el roadbook de la etapa y cambiarlo por el del día siguiente. Lo normal era que una botella acabara por los suelos. O ambas. O casco y botella…
De seguido a dejar la bici al mecánico para que la pongan apunto para el día siguiente, coger hora con los fiscos y de allí a los camiones donde nos dan la maleta, que pesa un quintal y tenemos que arrastrarla un rato por el campamento hasta nuestra jaima, entre arena y alfombras arrugadas por las que las ruedas no avanzan ni de casualidad…
Si soy quejica, pero con el sobo que llevas encima, cualquier cosa te parece extenuante.

Las jaimas… son jaimas, ni más ni menos. Estamos en medio del desierto y no podemos pedir maravillas (ni soy nada tiquismiquis), pero es cierto que hay cosas que… la mitad de los colchones están infestados de chinches, y que te toquen o no es como una ruleta rusa, cada día que llegas al campamento te espera un colchón diferente, así que cruzas los dedos. A los que les toca rana se los reconoce en el desayudo al día siguiente, sus piernas son un muestrario de picaduras. Las telas y alfombras de las jaimas huelen más a choto que una borda de ganado, y cuando llueve por la noche empapan rápidamente y te mojas. Además Prats ronca como un buey con las pastilas que toma para dormir mejor y tengo que darle toques para que calle.





Dejamos los trastos en la jaima y directos al comedor, que hay que reponer energías… y muchas. La comida siempre es igual: pasta y arroz demasiado hecho, tomate, atun, queso rallado y algo de carne estofada. No está malo pero cansa… Uno o dos platos hasta arriba, y directos a las duchas.
De las duchas y los aseos (no os hablaré de ellos, sólo decir que es mejor ir a soltar lastre fuera del campamento, al desierto) salimos limpios y cambiados directos al comedor a por otros dos platos de jarcia.





Luego a descansar un poco tumbados, ponernos crema en la ingle, hidratarnos con sales y demás mantenimiento… chequear Internet si funciona, llamar a casa, ir al fisio a que nos apañen… y a las 20h a cenar. Si, no han pasado ni 2h desde el segundo empentón pero sigue habiendo hambre. Así que otro plato más por el buche, y a coger sitio para que los jefes de la organización nos den el briefing del día siguiente.



Una charla para que los jefes, muy pagados de sí mismos, nos cuentan las bondades de lo que les cuesta todo esto y tal y tal, de lo bien que nos cuidan, de lo espectaculares que son las etapas, etc…
Patrañas. Venden su producto y vale, es normal, pero sin pasarse… a veces roza la vergüenza ajena. Que te digan todos los días que no hay que tirar cosas al desierto, que si se viene repitiendo tomarán medidas (que nunca tomaron) y resulta que nosotros, que somos del pelotón de cola, vemos continuamente kilos y kilos de basura esparcida por el recorrido… botellas vacías, cámaras pinchadas abandonadas, cientos de envoltorios de barritas energéticas, bombas de hinchar rotas, cubiertas rajadas, de todo… ese es el legado que deja la Titan Desert en el desierto. Tanto que se les llenó la boca el primer día con el manifiesto de compromiso con el desierto para esto.
Está prohibido llevarse botellas de los avituallamientos pero resulta que los 10km posteriores son un reguero de envases vacíos o a medo beber. Es ASQUEROSO ver cómo queda todo al paso de los cafres que son los corredores, con el consentimiento total de la organización. Organización que recoge algo, pero ni mucho menos todo, ni mucho menos.
Que la arena del desierto lo tape todo luego… las quejas marroquíes ya se encargarán ellos de taparlas…

Tras el briefing otro plato de comida más, y a la cama rapidito que a las 5h empieza de nuevo el baile…