Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

30 dic. 2012

“Musashi”, de Eiji Yoshikawa (1935)



Musashi, Miyamoto Musashi.
Se trata de una leyenda en Japón, algo así como El Cid español. Un guerrero medieval que alcanzó en vida una fama inmensa, pero que palidece ante la que le ha otorgado el paso de los siglos.
 Musashi representa la perfección absoluta en el dominio de la espada japonesa, un ronin (samurái sin dueño) rural que vivió durante toda su vida por y para la espada, siguiendo el camino del guerrero hasta convertirse en uno con sus sables, logrando una comunión casi divina entre cuerpo, mente y armas. Es el referente cuando se habla de BU-SHI-DO o camino del guerrero .
Su vida (1584-1645) es en parte confusa, pues en las historias se mezcla la realidad con el mito y es complicado discernir qué pertenece a quién. Más o menos se sabe que nació en un entorno rural (el año de su nacimiento baila), en una familia de descendencia aristocrática (samurái) pero pobre. Hasta hay dudas acerca de si fue adoptado o hijo legítimo, etc. Fue un joven problemático y orgulloso, y segó su primera vida a los 13 años en un duelo ante un luchador errante (en esa época, como luego haría el propio Musashi, era muy común que aquellos que querían perfeccionar su técnica de lucha viajasen por todo Japón, casi como vagabundos, meditando y viviendo de la caridad y del cobijo de los templos, lanzando desafíos en cada pueblo o escuela de lucha para luchar con quienes los aceptasen, que en no pocas ocasiones acababan en muerte o miembros amputados).
Autorretrato de Musashi
 Posteriormente, un Musashi algo mayor (15-16 años) partió como un guerrero errante, tomando parte en duelos e incluso llegando a participar en la batalla de Sekigahara, la batalla más famosa y sangrienta de la historia de Japón, en la que su bando perdió. Más adelante llegó a Kioto donde desafió y casi acabó con la secular escuela de lucha Yoshioka (acabó con los 3 hijos de la familia y un número enorme de adeptos en unos duelos que son auténtica leyenda, especialmente el tercero, en el que luchó el sólo contra una treintena, matando  o hiriendo de gravedad a la mitad de ellos al tiempo que “inventaba” un tipo de lucha con dos espadas, katana y wakizashi)
una de las pinturas más famosas de Musashi
 El paso de los años, los duelos y la vida errante moldearon el carácter de Musashi, y fueron tornando poco a poco su orgullo en humildad, conocimiento interior y sentido común. Pasó por muchos templos buscando sabiduría, adoptó el budismo Zen como filosofía y erró perdido por los bosques y montañas durante años enteros. Dejó de luchar tanto a muerte, pasando a utilizar el bokken (espada de madera) en vez de los sables, aunque podía luchar y ganar con el arma que eligiera. Se interesa por la pintura, la ceremonia del té y la caligrafía, llegando a ser con el tiempo un gran pintor. Ya con una fama grandiosa, pues había participado en más de medio centenar de duelos, ganándolos todos, a la edad de 28-30 tuvo lugar su duelo culminante, enfrentándose a Sasaki Kojiro, otro maestro de la espada con fama de invencible (uno de los poquísimos samuráis que ha obtenido el rango póstumo de Kensei, como el propio Musashi). Derrotó (y mató) a Kojiro con una espada de madera, de un solo golpe, en la playa de la isla Ganryu.
 Durante los siguientes años dejó la vida errante, llegando a fundar su propia escuela, al tiempo que por fin entraba a formar parte del servicio a un señor feudal o daimyo, con lo que por primera vez en su vida ostentaba el rango de samurái. En esta época, mucho más documentada, también participa en duelos, pero con mucha menor asiduidad. Ya cercanos los 40 años vuelve a viajar, y al cabo de unos años entra en servicio de un nuevo daimio, Hosokawa Tadatoshi, y pocos años después tiene un papel relevante en la sofocación de la rebelión de Shimawara.
Sus últimos años los pasará escribiendo (su Libro de losCinco Anillos es aún uno de los más leídos en Japón y sirve como guía para muchos empresarios, políticos y dirigentes), ya con problemas de salud, y como eremita en una cueva, muriendo poco después a los 60-62 años de edad.
El legado de Musashi es inmenso, puede encontrarse referenciado en multitud de momentos de la vida cotidiana japonesa, durante siglos su nombre era la vara de medir en la que se fijaban los grandes samuráis de cada época, su escuela sigue siendo una de las más importantes de Japón, aparece en muchas películas, juegos, cómics y animación japonesas, y se han escrito varios libros sobre su persona.
 Uno de ellos es “Musashi”, de Eiji Yoshikawa (1935), el que me he leído recientemente y que me ha encantado.
Protagonista del manga Vagabond, basado en Musashi
 Como mi intención al hablar de este libro no era destriparlo (aunque en parte no queda otra con semejante chapa), he preferido contar por encima la vida “más real” de Miyamoto Musashi. El libro se centra en la vida de Musashi desde Sekigahara hasta el duelo con Sasaki Kojiro, y aunque por supuesto cuenta sus encuentros más famosos, es una historia novelada, y por tanto con muchos añadidos, con un Musashi muy idealizado, con una historia de amor y algunos personajes totalmente inventados, pero sin perder el hilo principal de la vida del protagonista. Realmente es muy divertido y está muy bien escrito, describiendo de manera bastante real la vida en aquella época, tomándose las tragedias con la sencillez de aquella época, en la que morir era más normal que vivir. Además imprime una pátina de humor a muchas partes, y recrea con muy buena pluma las batallas. A veces puede resultar algo irracional, si bien se debe, creo yo, a la diferencia tan grande entre nuestra cultura occidental actual y la del Japón medieval.

El libro tendrá en torno a 1000pags y en España se publicó en 3 partes, si bien yo lo he conseguido entero para e-book 

Si os ha gustado el libro y/o la historia de Musashi, os recomiendo también su “Libro de los Cinco Anillos”, cortito y algo extraño en cuanto a lenguaje, pero que permite entrever su filosofía de vida. Como digo es corto, va dando pequeños apuntes o "consejos" y deja siempre mucho espacio a la reflexión personal. Algunos capítulos hablan exclusivamente de técnicas de espada pero la gran mayoría son muy extrapolables a cualquier actividad, pues lo que se trata es de dar el enfoque mental correcto a  cada situación, cómo afrontarlas, cómo utilizar con sentido común los recursos disponibles y que postura tomar ante reveses, imprevisto o adversidades. Se encuentra lleno de frases absolutamente ciertas en la actualidad. También está para e-book.

25 dic. 2012

Bonatti, Herzog y el camino del samurái


Se nos han ido dos nombres clave en la historia del alpinismo en poco más de un año, ambos ejemplos opuestos, ambos reflejo de la dicotomía en que está sumida nuestra sociedad. Walter Bonatti y Maurice Herzog.

- Walter Bonatti es posiblemente el mejor alpinista de la historia, así de claro. Y si embargo su legado (que no voy a nombrar aquí porque no va de eso este texto) no es tan fastuoso ni tan nombrado como el de muchos otros que contaron con una mayor notoriedad. Alcanzó hitos impensables en su época, anteponiendo siempre el respeto a la montaña,  la ética y la humildad a las escaladas. Estos elementos eran irrenunciables para él, y poder mantenerlos le resultó más complicado que las propias ascensiones en sí mismas, tanto que acabó por escalar en solitario (y casi a escondidas) harto de sinsabores con otras personas, y posteriormente se retiró del alpinismo extremo para llevar su vida por otros derroteros, siempre lejos de aspavientos, siempre fuera de foco.
Bonatti bajo el Cervino
Bonatti quedó marcado por la primera ascensión al K2, en la que participó y acaparó todas las críticas y la mala prensa del momento. Y eso que se logró la cima, pero daba la impresión de que se coronó A PESAR DE Bonatti. Un carácter indomable a la injusticia le hizo luchar toda su vida para sacar a la luz lo que realmente ocurrió, algo que logró al cabo de mucho tiempo.
Escalando en base a sus principios, Bonatti hacía alpinismo para escapar del mundo de los hombres, para conocerse a sí mismo, para explorar su interior y conseguir la paz espiritual de ser uno con la montaña. Sólo le interesaba escalar, la comunión con la naturaleza y su búsqueda interior, y le traía sin cuidado todo lo que se pudiera desprender de ello (fama, reconocimiento, gloria). Contrario a ultranza de dejar las vías cosidas de seguros, de avances que consideraba indignos, fue un idealista empedernido, y es la combinación de su mente y sus logros lo que hacen que sea absolutamente imprescindible en la historia del alpinismo y de la construcción de un ser humano mejor.
Quien quiera saber más de él y de sus logros puede leer aquí, o aún mejor, sus libros “Montañas de una vida” y “K2: historia de un caso”
Walter Bonatti ya de mayor

- Maurice Herzog fue el primer “rock star” del alpinismo. Héroe de guerra en la II.G.M. y con influencias políticas (aparte de un muy buen alpinistas, por supuesto), logró que se le concediese el mando de la expedición francesa a Nepal para ascender un ochomil, el Dhaulagiri, aunque posteriormente dada la imposibilidad de atacar dicha montaña cambiaron de objetivo, fijándose en el cercano Annapurna, a la postre primer ochomil conquistado.
Herzog mandaba un grupo de alpinistas franceses extraordinarios, sin duda la mejor generación que ha dado el país galo: Lachenal, Terray, Rebuffat, Couzy…  gente con una experiencia y técnica muy superior a su jefe. La expedición llegó a cima, lo hizo la cordada Herzog-Lachenal, en un acto casi suicida del propio Herzog, que hubiese muerto de no ser por el propio Lachenal y de la cordada de apoyo (Terray-Rebuffat). A costa de semejante odisea, Herzog perdió los 20 dedos y Lachenal los 10 de los pies.
Herzog con la celebérrima foto de cima del Annapurna
A su llegada a Francia Herzog fue ascendido a Héroe nacional, un patriota que primero defendió a su país de los nazis para luego dejarse mutilar por la gloria francesa y el orgullo de conquista. Su relato de la expedición (Annapurna, primer ochomil) se convirtió en el dogma de lo que había ocurrido, y sus compañeros de expedición quedaron en un segundo o tercer plano.
Herzog, por supuesto, hubo de dejar la escalada y comenzó una exitosa carrera política que ha durado hasta su reciente muerte (Secretario de Estado de Juventud y Deporte, Diputado, Alcalde de Chamonix, miembro del COI, consejero de diversas empresas públicas…) amén de dejar un legado de conquistas entre las damas más relevantes de la Francia de mitad del siglo pasado.
Ha habido mucha controversia sobre Herzog: que se apropió de todo el reconocimiento de la conquista del Annapurna, que su libro está lleno de mentiras, que tenía un carácter déspota, que abusó de su hija adolescente, que era una persona frívola y narcisista a la que sólo le importaba él mismo… y que no llegó a la cima del Annapurna.

Herzog, en efecto fué muchas cosas, pero dudo que fuese un mentiroso, más que nada porque estoy seguro que Lachenal jamás hubiese secundado su mentira (hay unas memorias suyas en las que disiente mucho de Herzog, pero no rechaza la conquista de la cima). Entre otras cosas porque debajo, esperándole, estaba su amigo y compañero de cordada en alguna de las mejores ascensiones alpinas de la historia, Lionel Terray. Jamás hubiese mentido a ese amigo, y menos por un hombre tan megalómano como Herzog. Y si Terray o Rebúffat hubiesen sido puestos al tanto de su engaño, tarde o temprano lo hubiesen escrito en sus futuros libros (sobre todo Rebuffat, que escribe algo al respecto pero no sobre la cima sino sobre la interpretación de Herzog) pues ninguno era tan patriota como Herzog.
Lachenal era un vividor (Terray cuenta que se jugaba más la vida conduciendo su coche que escalando las paredes más complicadas del momento), y murió demasiado joven esquiando, pero era un tipo íntegro cuando de la montaña se trataba.

Herzog, por su parte no ha sido una persona ejemplar, basta con leer "Los conquistadores de lo inútil" de Terray, o su propio "Annapurna, primer ochomil", para darse cuenta de su ego y sus ínfulas, pero creo que en su caso, el hecho que consigue, amparado sobre todo en su tenacidad, cabezonería y sentido nacional (estaba dispuesto a morir por la cima), es suficientemente relevante e importante como para dejar a un lado todo lo demás. Tampoco Jimmy Hendrix, Voltaire, Amadeo de Saboya, Einstein, Messner, Mozart, Colón, etc eran santos varones, y lo que perdura es que, con todos sus errores y defectos, consiguieron llevar a la humanidad más arriba en su escala de superación.
En estos casos, a mi entender, toca diferenciar entre la persona y el ser humano: regulares personas, seres humanos ejemplares (para lo bueno y lo malo)
Herzog en un reconocimiento. Obsérvense sus manos
Dejo aquí enlaces a dos muy buenas entrevistas de la web Desnivel a Bonatti y Herzog donde se puede apreciar meridianamente la personalidad y motivaciones de cada uno:
Walter Bonatti
Maurice Herzog

- Si se quiere buscar personas íntegras, de buen corazón y que hayan dejado una imborrable huella en la montaña, hay que irse a otros escaladores. Quizá sus hazañas no sean las que han perdurado más, las que han trascendido al amplio espectro de la población, las que se hablan aún todos los días, ni las que han impulsado la superación y crecimiento del ser humano en términos absolutos. En cambio, fueron gestas unidas a ideales sencillos y puros, que marcaron el pensamiento y el conocimiento interior de las personas, en este caso de los futuros alpinistas, que siguieron sus pasos (Simone Moro, Iñaki Ochoa de Olza, Erhard Loretan, Dennis Urubko, Gerlinde Kaltebrunner...)en busca de algo más pequeño que el desarrollo del ser humano, pero sin duda mucho más elogiable: el conocimiento interior a través de la superación personal basada en unos ideales irrenunciables de ética y compromiso con uno mismo.

Estos escaladores fueron Lionel Terray, Gastón Rebuffat y claro, Walter Bonatti
Terray cargando con su amigo Lachenal

- Aunque pueda sonar raro o sinsentido, me gustaría  añadir algo que siempre he pensado, pero que se me hace más claro conforme conozco más de la historia japonesa: Los alpinistas son los herederos de los samuráis japoneses. Pero no del común de los samuráis, sino de aquellos que seguían la "vía de la espada" dedicando su existencia a perfeccionarse (matando y luchando, siempre con la muerte presente cada vez que luchaban), a costa de familia, de riqueza, de todo. Aquellos que seguían el verdadero camino del guerrero (Bu-shi-do) que consistía en unos ideales puros e íntegros, en ser uno con su espada, en conocerse a sí mismos. A través de la espada se forjaba gente con capacidad de pensar, de decidir bajo presión, de discernir entre caminos y de conocer a la gente. Igual que entonces, los alpinistas que dedican su vida a esto, lo hacen de manera completa, la montaña es su vida, lo más importante que hay en ella, por encima de familia, de amigos, de riqueza o trabajo. Y aunque no quieren morir, saben que cada salida al monte contiene esa posibilidad. Y su vida dedicada a la montaña los hace más capaces en muchas otras actividades de la vida que a priori poco tienen que ver con escalar. Igual que ser un gran orador o consejero poco tenía a priori que ver con ser un gran espadachín.
Como en todo, muchos samuráis (en este caso ronin, que eran los samuráis sin señor, la mayoría de quienes seguían este camino) fueron por ese camino, de los cuales la gran mayoría tenía debilidades de espíritu, y no era capaz de pasar de grandes espadachines, con sus virtudes y defectos, la gran parte derivados de aceptar como tal una cultura racista, machista y déspota donde el fuerte mataba al débil. Grandes escaladores que han sido reflejo de la sociedad, en lo bueno y en lo malo.

Sin embargo, unos pocos llegaron a ser de verdad uno con su espada, consiguieron un arte y una perfección tal que nacía del completo conocimiento interior, de haber escrutado su mente y su cuerpo durante años y años hasta ganar una introspección tan poderosa que se reflejaba en todo lo que hacían. A base de años de meditación, trabajo, dedicación, preguntas, búsqueda interior y seguimiento de unos ideales puros, sencillos y justos consigo mismo, lograban entender la simplicidad de la existencia. Se hacían tan poderosos mentalmente que no precisaban ni usar su espada, ni combatir. Sólo con verlos se sabía que eran imbatibles, pero es que ellos habían sobrepasado la necesidad de demostrarlo, habían encontrado la paz consigo mismo, conocían "el sentido de la vida". Se habían transformado en mejores personas a base de una dedicación completa y un coqueteo constante con la muerte que les daba una claridad meridiana. Estos maestros de la espada, casi más monjes o eremitas que guerreros, eran un ejemplo y estaban más allá de la sociedad del momento, la habían dejado atrás. A varios de ellos se los conoce en Japón como "kensais" o sabios de la espada. Unos pocos escaladores podrían tener esa condición (los nombrados anteriormente) porque son verdaderos ejemplos de esa búsqueda interior que da sentido a las pequeñas cosas, al cómo frente al qué, a la coherencia con unos ideales justos consigo mismo.