Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

12 mar. 2009

Nothing's gonna change my World


Siempre que redacto una crónica sobre un viaje, una vivencia o una aventura, espero primero a que algo o alguien me de un punto de inspiración para relacionar todo lo vivido con un mensaje entrelazado.
Hoy, escuchando la radio en el camión, el programa “Asuntos propios” de RNE1 (muy recomendable), ha pinchado una canción, “Across the Universe”, originaria de los Beatles, cantada por Fiona Apple.
Da la casualidad que el año pasado la original de los Beatles fue radiada por la NASA al espacio, en una mezcla de homenaje-aniversario y señal de existencia. Y da la casualidad que el estribillo me ha regalado la inspiración: “Nothing's gonna change my World”

Porque esta es la idea que me da vueltas por la cabeza volviendo del Montseny, nadie va a cambiar mi mundo. Nadie tiene que romper la perfección de unos momentos tan especiales. Pase lo que pase, venga quien venga, no podría renunciar jamás a esto.

Es muy fácil relatar los apretones y abrazos que nos esperaban en El Brull, pero no hay manera de plasmar cómo te hacen sentir. Cualquiera puede sacar una foto del comedor de la casa rural, pero nunca aparecerá en ella el calor que se respiraba.
Volver a encontrar a los de siempre, conocer a nuevos compañeros, reírte y dar pedales con ellos. Vaya gozada!!!

Dejas atrás el resto de tu vida y tus problemas mientras escalas el Coll Formic o ruedas por el Pla de la Calma, un altiplano áspero y desértico que termina tan abruptamente como empieza, perdido entre los densos bosques que caen en cascada por las abruptas laderas del macizo.

Podremos grabar los descensos a ciegas entre la vegetación que inunda el camino, esquivando ramas y piedras, pero no hay forma de que el vídeo copie la adrenalina que fluye como una droga por las venas.

Puedes ver el menú que nos esperaba a mitad camino, butifarra, vino, patatas caseras, ensaladas… pero a qué sabe sentados al sol en un balcón privilegiado, con hambre por el cansancio y entre risas y discusiones??

800mt desnivel, 10km. El gps marca las cifras de forma aséptica e impersonal, son datos importantes aunque no cuenta las gotas de sudor que nos caen de la frente mientras gira la transmisión, ni dice nada del éxtasis que sientes al llegar a la cima, mientras recuperas la respiración y colocas las protecciones para el descenso.

GR5. Ninguna foto, ninguna de estas palabras, ningún instante de grabación, ninguna explicación de palabra que te den va a lograr que sonrías como lo hago yo ahora mientras recuerdo los escalones, los peraltes, las diferentes trazadas, las curvas…y vuelvo a tener los pelos como escarpias.

Calçotada de por medio recordamos las anécdotas del día, planeamos los próximos retos y reuniones, nos emocionamos con los vídeos de otras quedadas, bebimos y brindamos, disfrutamos, reímos, soñamos. Nothing's gonna change my World.

Y el domingo… Camí Ral, singletrack interminable, Moendurers de l´Obac, vistas magníficas, ambiente espectacular, más de lo mismo, parrillada de cosas que no puedes tocar y que alimentan por varias semanas. Menú no apto para cardíacos, la guerra en cada curva, “Livin´ on the edge” que cantaría Aerosmith, dolor de piernas y brazos, calor, problemas mecánicos, vegetación conquistando el sendero, brutal ración de piedras, “Shake your money maker” dirían los Black Crowes.

Y de colofón jartá de pizcas en una bodega, más maquinación de planes en nuestra realidad paralela, más risas y más compartir. Repartir abrazos que duran mucho más que el simple contacto físico y volver a casa con el baile húmedo en los ojos.

Cansado, apaleado, catatónico, añorante, el lunes fue una bofetada de realidad. Bienvenida sea pues simboliza que aún quedan rincones donde la vida real no llega. Donde sólo yo, tu, nosotros, podemos gritar: “Nobody's gonna change our World“