Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

3 nov. 2014

Marboré



Desmenuza el paisaje tallando cuñas de hielo

Abriendo caminos de ganga en viras de roca

Modelando la caliza con las manos del tiempo

Sinuosas provocaciones en el reino de la fracción y elángulo

Floreciendo desafíos a la piedra, el sol y el frío

Acunando cauces de agua… o vertiéndolos con saña

Ascender una montaña de geometría fractal

Tiñendo el mundo de calidez bajo rayos crepusculares


Como un suspiro en una noche de sueño, el tiempo teje distintos tapices con el mismo ovillo. Nudos apretados por la urdimbre de la inmediatez que no alcanzan a ubicarse sobre el manto eterno del mundo mineral, hilado con la suave perfección de la paciencia. Una ciega perseverancia que vuelve dúctil hasta la roca más inmutable a tal velocidad que el parpadeo de toda una existencia no basta siquiera para intuirla.
O si no, la flor que brota y mustia con inmediatez, pero sus semillas se atrincheran en su exigua parcela de tierra, con la calma de quien sabe que el tiempo, su tiempo, nuestro tiempo, corre de su parte pues la floración no es sino la punta del iceberg de su singladura.
Tiempo cuya cuenta atrás, con penosa tristeza, escuchamos latir con la fuerza de una campana de bronce. Tañido a tañido, lágrima a lágrima, gota a gota se desangra el glaciar del Perdido, a la búsqueda de honrar su nombre. Perdido. Maldita honra.

Luz, esa otra modeladora de paisajes etéreos y fugaces, que sin embargo contienen el poder de inspirar, de soñar, de rememorar e incluso de viajar en el tiempo. Caprichosa fuerza que tanto nos obliga a perseguirla como nos congela en instantes que se tragan el tiempo como un agujero negro. Sin fondo, sin fin, sin que importe lo más mínimo todo lo demás.
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