Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

30 dic. 2012

“Musashi”, de Eiji Yoshikawa (1935)



Musashi, Miyamoto Musashi.
Se trata de una leyenda en Japón, algo así como El Cid español. Un guerrero medieval que alcanzó en vida una fama inmensa, pero que palidece ante la que le ha otorgado el paso de los siglos.
 Musashi representa la perfección absoluta en el dominio de la espada japonesa, un ronin (samurái sin dueño) rural que vivió durante toda su vida por y para la espada, siguiendo el camino del guerrero hasta convertirse en uno con sus sables, logrando una comunión casi divina entre cuerpo, mente y armas. Es el referente cuando se habla de BU-SHI-DO o camino del guerrero .
Su vida (1584-1645) es en parte confusa, pues en las historias se mezcla la realidad con el mito y es complicado discernir qué pertenece a quién. Más o menos se sabe que nació en un entorno rural (el año de su nacimiento baila), en una familia de descendencia aristocrática (samurái) pero pobre. Hasta hay dudas acerca de si fue adoptado o hijo legítimo, etc. Fue un joven problemático y orgulloso, y segó su primera vida a los 13 años en un duelo ante un luchador errante (en esa época, como luego haría el propio Musashi, era muy común que aquellos que querían perfeccionar su técnica de lucha viajasen por todo Japón, casi como vagabundos, meditando y viviendo de la caridad y del cobijo de los templos, lanzando desafíos en cada pueblo o escuela de lucha para luchar con quienes los aceptasen, que en no pocas ocasiones acababan en muerte o miembros amputados).
Autorretrato de Musashi
 Posteriormente, un Musashi algo mayor (15-16 años) partió como un guerrero errante, tomando parte en duelos e incluso llegando a participar en la batalla de Sekigahara, la batalla más famosa y sangrienta de la historia de Japón, en la que su bando perdió. Más adelante llegó a Kioto donde desafió y casi acabó con la secular escuela de lucha Yoshioka (acabó con los 3 hijos de la familia y un número enorme de adeptos en unos duelos que son auténtica leyenda, especialmente el tercero, en el que luchó el sólo contra una treintena, matando  o hiriendo de gravedad a la mitad de ellos al tiempo que “inventaba” un tipo de lucha con dos espadas, katana y wakizashi)
una de las pinturas más famosas de Musashi
 El paso de los años, los duelos y la vida errante moldearon el carácter de Musashi, y fueron tornando poco a poco su orgullo en humildad, conocimiento interior y sentido común. Pasó por muchos templos buscando sabiduría, adoptó el budismo Zen como filosofía y erró perdido por los bosques y montañas durante años enteros. Dejó de luchar tanto a muerte, pasando a utilizar el bokken (espada de madera) en vez de los sables, aunque podía luchar y ganar con el arma que eligiera. Se interesa por la pintura, la ceremonia del té y la caligrafía, llegando a ser con el tiempo un gran pintor. Ya con una fama grandiosa, pues había participado en más de medio centenar de duelos, ganándolos todos, a la edad de 28-30 tuvo lugar su duelo culminante, enfrentándose a Sasaki Kojiro, otro maestro de la espada con fama de invencible (uno de los poquísimos samuráis que ha obtenido el rango póstumo de Kensei, como el propio Musashi). Derrotó (y mató) a Kojiro con una espada de madera, de un solo golpe, en la playa de la isla Ganryu.
 Durante los siguientes años dejó la vida errante, llegando a fundar su propia escuela, al tiempo que por fin entraba a formar parte del servicio a un señor feudal o daimyo, con lo que por primera vez en su vida ostentaba el rango de samurái. En esta época, mucho más documentada, también participa en duelos, pero con mucha menor asiduidad. Ya cercanos los 40 años vuelve a viajar, y al cabo de unos años entra en servicio de un nuevo daimio, Hosokawa Tadatoshi, y pocos años después tiene un papel relevante en la sofocación de la rebelión de Shimawara.
Sus últimos años los pasará escribiendo (su Libro de losCinco Anillos es aún uno de los más leídos en Japón y sirve como guía para muchos empresarios, políticos y dirigentes), ya con problemas de salud, y como eremita en una cueva, muriendo poco después a los 60-62 años de edad.
El legado de Musashi es inmenso, puede encontrarse referenciado en multitud de momentos de la vida cotidiana japonesa, durante siglos su nombre era la vara de medir en la que se fijaban los grandes samuráis de cada época, su escuela sigue siendo una de las más importantes de Japón, aparece en muchas películas, juegos, cómics y animación japonesas, y se han escrito varios libros sobre su persona.
 Uno de ellos es “Musashi”, de Eiji Yoshikawa (1935), el que me he leído recientemente y que me ha encantado.
Protagonista del manga Vagabond, basado en Musashi
 Como mi intención al hablar de este libro no era destriparlo (aunque en parte no queda otra con semejante chapa), he preferido contar por encima la vida “más real” de Miyamoto Musashi. El libro se centra en la vida de Musashi desde Sekigahara hasta el duelo con Sasaki Kojiro, y aunque por supuesto cuenta sus encuentros más famosos, es una historia novelada, y por tanto con muchos añadidos, con un Musashi muy idealizado, con una historia de amor y algunos personajes totalmente inventados, pero sin perder el hilo principal de la vida del protagonista. Realmente es muy divertido y está muy bien escrito, describiendo de manera bastante real la vida en aquella época, tomándose las tragedias con la sencillez de aquella época, en la que morir era más normal que vivir. Además imprime una pátina de humor a muchas partes, y recrea con muy buena pluma las batallas. A veces puede resultar algo irracional, si bien se debe, creo yo, a la diferencia tan grande entre nuestra cultura occidental actual y la del Japón medieval.

El libro tendrá en torno a 1000pags y en España se publicó en 3 partes, si bien yo lo he conseguido entero para e-book 

Si os ha gustado el libro y/o la historia de Musashi, os recomiendo también su “Libro de los Cinco Anillos”, cortito y algo extraño en cuanto a lenguaje, pero que permite entrever su filosofía de vida. Como digo es corto, va dando pequeños apuntes o "consejos" y deja siempre mucho espacio a la reflexión personal. Algunos capítulos hablan exclusivamente de técnicas de espada pero la gran mayoría son muy extrapolables a cualquier actividad, pues lo que se trata es de dar el enfoque mental correcto a  cada situación, cómo afrontarlas, cómo utilizar con sentido común los recursos disponibles y que postura tomar ante reveses, imprevisto o adversidades. Se encuentra lleno de frases absolutamente ciertas en la actualidad. También está para e-book.

25 dic. 2012

Bonatti, Herzog y el camino del samurái


Se nos han ido dos nombres clave en la historia del alpinismo en poco más de un año, ambos ejemplos opuestos, ambos reflejo de la dicotomía en que está sumida nuestra sociedad. Walter Bonatti y Maurice Herzog.

- Walter Bonatti es posiblemente el mejor alpinista de la historia, así de claro. Y si embargo su legado (que no voy a nombrar aquí porque no va de eso este texto) no es tan fastuoso ni tan nombrado como el de muchos otros que contaron con una mayor notoriedad. Alcanzó hitos impensables en su época, anteponiendo siempre el respeto a la montaña,  la ética y la humildad a las escaladas. Estos elementos eran irrenunciables para él, y poder mantenerlos le resultó más complicado que las propias ascensiones en sí mismas, tanto que acabó por escalar en solitario (y casi a escondidas) harto de sinsabores con otras personas, y posteriormente se retiró del alpinismo extremo para llevar su vida por otros derroteros, siempre lejos de aspavientos, siempre fuera de foco.
Bonatti bajo el Cervino
Bonatti quedó marcado por la primera ascensión al K2, en la que participó y acaparó todas las críticas y la mala prensa del momento. Y eso que se logró la cima, pero daba la impresión de que se coronó A PESAR DE Bonatti. Un carácter indomable a la injusticia le hizo luchar toda su vida para sacar a la luz lo que realmente ocurrió, algo que logró al cabo de mucho tiempo.
Escalando en base a sus principios, Bonatti hacía alpinismo para escapar del mundo de los hombres, para conocerse a sí mismo, para explorar su interior y conseguir la paz espiritual de ser uno con la montaña. Sólo le interesaba escalar, la comunión con la naturaleza y su búsqueda interior, y le traía sin cuidado todo lo que se pudiera desprender de ello (fama, reconocimiento, gloria). Contrario a ultranza de dejar las vías cosidas de seguros, de avances que consideraba indignos, fue un idealista empedernido, y es la combinación de su mente y sus logros lo que hacen que sea absolutamente imprescindible en la historia del alpinismo y de la construcción de un ser humano mejor.
Quien quiera saber más de él y de sus logros puede leer aquí, o aún mejor, sus libros “Montañas de una vida” y “K2: historia de un caso”
Walter Bonatti ya de mayor

- Maurice Herzog fue el primer “rock star” del alpinismo. Héroe de guerra en la II.G.M. y con influencias políticas (aparte de un muy buen alpinistas, por supuesto), logró que se le concediese el mando de la expedición francesa a Nepal para ascender un ochomil, el Dhaulagiri, aunque posteriormente dada la imposibilidad de atacar dicha montaña cambiaron de objetivo, fijándose en el cercano Annapurna, a la postre primer ochomil conquistado.
Herzog mandaba un grupo de alpinistas franceses extraordinarios, sin duda la mejor generación que ha dado el país galo: Lachenal, Terray, Rebuffat, Couzy…  gente con una experiencia y técnica muy superior a su jefe. La expedición llegó a cima, lo hizo la cordada Herzog-Lachenal, en un acto casi suicida del propio Herzog, que hubiese muerto de no ser por el propio Lachenal y de la cordada de apoyo (Terray-Rebuffat). A costa de semejante odisea, Herzog perdió los 20 dedos y Lachenal los 10 de los pies.
Herzog con la celebérrima foto de cima del Annapurna
A su llegada a Francia Herzog fue ascendido a Héroe nacional, un patriota que primero defendió a su país de los nazis para luego dejarse mutilar por la gloria francesa y el orgullo de conquista. Su relato de la expedición (Annapurna, primer ochomil) se convirtió en el dogma de lo que había ocurrido, y sus compañeros de expedición quedaron en un segundo o tercer plano.
Herzog, por supuesto, hubo de dejar la escalada y comenzó una exitosa carrera política que ha durado hasta su reciente muerte (Secretario de Estado de Juventud y Deporte, Diputado, Alcalde de Chamonix, miembro del COI, consejero de diversas empresas públicas…) amén de dejar un legado de conquistas entre las damas más relevantes de la Francia de mitad del siglo pasado.
Ha habido mucha controversia sobre Herzog: que se apropió de todo el reconocimiento de la conquista del Annapurna, que su libro está lleno de mentiras, que tenía un carácter déspota, que abusó de su hija adolescente, que era una persona frívola y narcisista a la que sólo le importaba él mismo… y que no llegó a la cima del Annapurna.

Herzog, en efecto fué muchas cosas, pero dudo que fuese un mentiroso, más que nada porque estoy seguro que Lachenal jamás hubiese secundado su mentira (hay unas memorias suyas en las que disiente mucho de Herzog, pero no rechaza la conquista de la cima). Entre otras cosas porque debajo, esperándole, estaba su amigo y compañero de cordada en alguna de las mejores ascensiones alpinas de la historia, Lionel Terray. Jamás hubiese mentido a ese amigo, y menos por un hombre tan megalómano como Herzog. Y si Terray o Rebúffat hubiesen sido puestos al tanto de su engaño, tarde o temprano lo hubiesen escrito en sus futuros libros (sobre todo Rebuffat, que escribe algo al respecto pero no sobre la cima sino sobre la interpretación de Herzog) pues ninguno era tan patriota como Herzog.
Lachenal era un vividor (Terray cuenta que se jugaba más la vida conduciendo su coche que escalando las paredes más complicadas del momento), y murió demasiado joven esquiando, pero era un tipo íntegro cuando de la montaña se trataba.

Herzog, por su parte no ha sido una persona ejemplar, basta con leer "Los conquistadores de lo inútil" de Terray, o su propio "Annapurna, primer ochomil", para darse cuenta de su ego y sus ínfulas, pero creo que en su caso, el hecho que consigue, amparado sobre todo en su tenacidad, cabezonería y sentido nacional (estaba dispuesto a morir por la cima), es suficientemente relevante e importante como para dejar a un lado todo lo demás. Tampoco Jimmy Hendrix, Voltaire, Amadeo de Saboya, Einstein, Messner, Mozart, Colón, etc eran santos varones, y lo que perdura es que, con todos sus errores y defectos, consiguieron llevar a la humanidad más arriba en su escala de superación.
En estos casos, a mi entender, toca diferenciar entre la persona y el ser humano: regulares personas, seres humanos ejemplares (para lo bueno y lo malo)
Herzog en un reconocimiento. Obsérvense sus manos
Dejo aquí enlaces a dos muy buenas entrevistas de la web Desnivel a Bonatti y Herzog donde se puede apreciar meridianamente la personalidad y motivaciones de cada uno:
Walter Bonatti
Maurice Herzog

- Si se quiere buscar personas íntegras, de buen corazón y que hayan dejado una imborrable huella en la montaña, hay que irse a otros escaladores. Quizá sus hazañas no sean las que han perdurado más, las que han trascendido al amplio espectro de la población, las que se hablan aún todos los días, ni las que han impulsado la superación y crecimiento del ser humano en términos absolutos. En cambio, fueron gestas unidas a ideales sencillos y puros, que marcaron el pensamiento y el conocimiento interior de las personas, en este caso de los futuros alpinistas, que siguieron sus pasos (Simone Moro, Iñaki Ochoa de Olza, Erhard Loretan, Dennis Urubko, Gerlinde Kaltebrunner...)en busca de algo más pequeño que el desarrollo del ser humano, pero sin duda mucho más elogiable: el conocimiento interior a través de la superación personal basada en unos ideales irrenunciables de ética y compromiso con uno mismo.

Estos escaladores fueron Lionel Terray, Gastón Rebuffat y claro, Walter Bonatti
Terray cargando con su amigo Lachenal

- Aunque pueda sonar raro o sinsentido, me gustaría  añadir algo que siempre he pensado, pero que se me hace más claro conforme conozco más de la historia japonesa: Los alpinistas son los herederos de los samuráis japoneses. Pero no del común de los samuráis, sino de aquellos que seguían la "vía de la espada" dedicando su existencia a perfeccionarse (matando y luchando, siempre con la muerte presente cada vez que luchaban), a costa de familia, de riqueza, de todo. Aquellos que seguían el verdadero camino del guerrero (Bu-shi-do) que consistía en unos ideales puros e íntegros, en ser uno con su espada, en conocerse a sí mismos. A través de la espada se forjaba gente con capacidad de pensar, de decidir bajo presión, de discernir entre caminos y de conocer a la gente. Igual que entonces, los alpinistas que dedican su vida a esto, lo hacen de manera completa, la montaña es su vida, lo más importante que hay en ella, por encima de familia, de amigos, de riqueza o trabajo. Y aunque no quieren morir, saben que cada salida al monte contiene esa posibilidad. Y su vida dedicada a la montaña los hace más capaces en muchas otras actividades de la vida que a priori poco tienen que ver con escalar. Igual que ser un gran orador o consejero poco tenía a priori que ver con ser un gran espadachín.
Como en todo, muchos samuráis (en este caso ronin, que eran los samuráis sin señor, la mayoría de quienes seguían este camino) fueron por ese camino, de los cuales la gran mayoría tenía debilidades de espíritu, y no era capaz de pasar de grandes espadachines, con sus virtudes y defectos, la gran parte derivados de aceptar como tal una cultura racista, machista y déspota donde el fuerte mataba al débil. Grandes escaladores que han sido reflejo de la sociedad, en lo bueno y en lo malo.

Sin embargo, unos pocos llegaron a ser de verdad uno con su espada, consiguieron un arte y una perfección tal que nacía del completo conocimiento interior, de haber escrutado su mente y su cuerpo durante años y años hasta ganar una introspección tan poderosa que se reflejaba en todo lo que hacían. A base de años de meditación, trabajo, dedicación, preguntas, búsqueda interior y seguimiento de unos ideales puros, sencillos y justos consigo mismo, lograban entender la simplicidad de la existencia. Se hacían tan poderosos mentalmente que no precisaban ni usar su espada, ni combatir. Sólo con verlos se sabía que eran imbatibles, pero es que ellos habían sobrepasado la necesidad de demostrarlo, habían encontrado la paz consigo mismo, conocían "el sentido de la vida". Se habían transformado en mejores personas a base de una dedicación completa y un coqueteo constante con la muerte que les daba una claridad meridiana. Estos maestros de la espada, casi más monjes o eremitas que guerreros, eran un ejemplo y estaban más allá de la sociedad del momento, la habían dejado atrás. A varios de ellos se los conoce en Japón como "kensais" o sabios de la espada. Unos pocos escaladores podrían tener esa condición (los nombrados anteriormente) porque son verdaderos ejemplos de esa búsqueda interior que da sentido a las pequeñas cosas, al cómo frente al qué, a la coherencia con unos ideales justos consigo mismo.

30 nov. 2012

Cómo se recupera un camino?

Tanto desde la Asociación de Amigos de los Camino Tradicionales de Sobrarbe como desde la Zona Zero llevamos un buen número de años limpiando senderos, rescatándolos del olvido, restaurando este patrimonio cultural, tan importante muestra de antropología como las casas, ermitas o puentes. O incluso más, pues todas ellas no hubieran existido de no ser por los caminos tan perfectos y estudiados que se hicieron en la antigüedad.
Centrándonos en Sobrarbe, la gran mayoría de caminos importantes que se han utilizado hasta hace bien poco, hasta las llegada de las carreteras, datan de la Baja Edad Media (S. XIII-XV), momento en que la paz y el poder Real tras la reconquista estaban ya consolidados y desde la Corona se quiso mejorar las comunicaciones en el Reino de Aragón para favorecer el comercio interno y gestionar mejor los excedentes de producción de cada zona.
Comando Morico de limpieza
Por supuesto no todos los caminos recuperados datan de entonces, mucho de ellos no formaban parte de la red principal y su misión era más humilde: unir pueblos entre sí, llegar a ermitas y santuarios, o acercar los huertos, zonas de pasto y de labor a los núcleos de población. Pero podemos asegurar con pocas dudas que prácticamente todo ellos contarán con un mínimo de un cuarto de milenio a sus espaldas. Y por tanto sus muros, sus piedras de enrollar, sus escaleras, sus fuentes y esos árboles inmensos que crecen a su vera dicen tanto de nuestros ancestros como cualquier otro monumento. Y merecen un respeto.
Es por tanto que el primer punto a tener en cuenta a la hora de recuperar un camino es el respeto: respeto a las curvas que hace, a las piedras de sus muros o de su piso, al espíritu que tuvo. En suma, respeto a su trazado original.
Los senderos que limpiamos, en su mayor parte no se hayan documentados en ninguna lista de donde poder conocerlos, sino que requieren de su “redescubrimiento”. En ocasiones sabremos de ellos porque nos los hemos cruzado de manera fortuita en medio del monte, o porque mirando el mapa con sentido común era lógico que estuviese ahí. En otras porque lo hemos visto en antiguos mapas o fotos aéreas, o porque preguntando a un anciano de la zona, este nos lo ha enseñado.
De todos los casos es sin duda este último el mejor, pues tener de viva voz una persona que te hable de sus usos, te cuente alguna anécdota que tuvo lugar en él y te provea de información sobre nombres y topónimos es impagable. Es por ello que  aunque alguien del lugar no nos lo haya mostrado, una vez que tenemos un camino localizado hemos de tratar de encontrar a gente que lo conociese en uso y nos explique todo lo posible acerca del mismo.
Repasando con la cizalla

Sabido esto, el camino debe andarse y marcarse con GPS, para no equivocarse al limpiar y además poder conocer  su longitud, desnivel, puntos importantes de pasos, cruces, etc. Además con el andado del mismo ya podemos realizar una estimación de la posibilidad o no de recuperarlo, del tiempo que puede costar su limpieza y de si ésta puede/debe ser una prioridad o no merece la pena (por su accesibilidad, por la belleza del terreno que transita, por sus posibles conexiones, etc.) Una vez realizada toda esta faena de información previa ya podemos ponernos manos a la obra.
Limpiar un camino es algo que como todo en esta vida sólo se aprende con experiencia: de comenzar con sierras de mano y tijeras de podar, cortando la mínima vegetación posible al uso de desbrozadoras y motosierras, azadas y picos, rastrillos y cizallas abriendo el camino entre 1 y 2 metros de anchura para evitar que la vegetación lo invada en una estación.  También hemos aprendido a organizarnos mejor el trabajo, a distribuirnos en cuadrillas de trabajo, donde los mejores resultados se dan en grupos de 3-4 personas por tramo, siempre dependiendo de las características propias del camino. De todos modos, y para no hablar de casos muy particulares, digamos que la base de trabajo es la siguiente:
  1. Delante 1-2 personas con motosierra cortando los troncos, ramas y arbustos más gruesos, con los que no podrá la desbrozadora. Igualmente, al ser el trabajo más rápido (pero no menos cansado) le da tiempo a apartar todo lo que corta.
  2. A continuación el operario de la desbrozadora, capolando todo arbusto y sotobosque (aliagas, boj, romeros, hierbajos altos, etc.) que haya, que siempre suele ser muy abundante. La faena de las motosierras le dan el espacio necesario para poder trabajar con comodidad. Sólo se dedica a esto, no limpia nada.
  3. Ahora  viene el paso de 1-2 personas que, con sierras de mano y rastrillos van quitando todo lo cortado por la desbrozadora y terminando de serrar cualquier rama o arbusto que se hayan dejado quienes les preceden (esto incluye raíces, tocones, ramas, etc. Que dan un buen “acabado” al camino)
  4. Por último vienen 1-2 zapadores que azada en mano arreglan tramos en los que la gravedad o la erosión han podido con el camino, zonas donde las piedras sobresalen molestas o donde la caja del camino se ha visto estrechada y precisa mayor anchura. A su vez también se dedican a reconstruir muros que se hayan caído, etc.
sendero bucólico
Una vez el camino está transitable, queda por hacer la parte final: balizarlo y publicarlo
  • El balizamiento consistirá en marcar los cruces y los lugares de salida y llegada con flechas que indiquen las direcciones, destinos y si es ciclable o sólo apto para senderismo. Igualmente se señalarán los lugares importantes del trazado, o con toponimia conocida (collados, zonas de campos, árboles importantes, fuentes, elevaciones, ruinas, pueblos, etc.) y en caso de atravesar zonas valladas, estas se señalizarán y colocarán carteles indicando que se sea muy respetuoso con las mismas, y se dejen como se encontraron. Además, si el camino va a formar parte de alguna ruta balizada del Centro BTT hará falta colocar las señales correspondientes de IMBA.
  • La publicación y publicitación es la última parte, y no menos importante, pues se trata de poner en valor el camino, de lograr que la gente lo recorra (lo que ayudará directamente a su mantenimiento y que no se cierre deprisa) y lo conozca. Así que con ayuda de las webs de ambas asociaciones (www.caminosdesobrarbre.com y www.bttpirineo.com ), de redes sociales y de notas de prensa se informará de sus características, sus puntos de interés, sus usos recomendados, etc. Y por supuesto se pondrá el track GPS a disposición de todos.
Ahora ya sólo se puede desear que todo este desinteresado trabajo sea del agrado de la gente, que se cuide y no se ensucie, que se respeten todos los lugares por donde se transita y por supuesto que se disfrute!!
Tras el esfuerzo una buena lifara para hace grupo

2 nov. 2012

El Vado del Bachimala: Integral norte (8 tresmiles) al Bachimala, 9-10-12



Amanece sobre el valle, con la gabacha entrando y Suelza recortada al fondo
Apenas han dado las 7 de la mañana, noche cerrada aún, que ya dejamos atrás el coche, aparcado junto al refugio de Tabernes (1740m), en la entrada de uno de los valles menos transitados del Pirineo Central. Junto a su vecino Viadós, este valle, surcado por el Cinqueta de la Pez tuvo en su día mucha más importancia que en la actualidad. Aguas arriba de Tabernes se extiende uno de esos lugares mágicos del Pirineo. No es una magia proveniente de paisajes cortados a pico ni de montañas interminables no, su hechizo es la sencillez, esa belleza de un paraje calmado, casi doméstico entre montañas esculpidas a ventisca y sol. Hablo del Vado del Bachimala, la única zona franqueable del Cinqueta de la Pez.
Primeras luces sobre el Baliner mientras el valle sigue a oscuras
Tabernes es un valle típicamente fluvial, y por ello forma una “V” muy pronunciada, encajonando el curso del río entre dos afiladas dorsales  que superan los 3000m: las crestas del Balinier-Batoua (o Culfreda) al oeste y del Bachimala-Abbeille al este. Al fondo del mismo, superados los 2400m se encuentra el Puerto de la Pez, paso transfronterizo que comunica esta salvaje zona de Chistau con el más humanizado valle francés de Loudenville.
El otoño ya ha llegado a Tabernes
Su único punto débil para ser atravesado transversalmente es el Vado del Bachimala, pues allí se combina una zona de cauce del río llana y mucho menos abrupta que el resto del recorrido con la posibilidad de ganar dos collados que dan paso a los valles adyacentes. Por el este el collado Señal de Viadós comunica con dicho valle, y por el oeste el secular y otrora importantísimo Puerto de la Madera que comunica con el valle francés de Riomajou. Este puerto, junto al Puerto de Plan, se ha usado desde siempre para atravesar el Pirineo en la zona de Chistau, tanto por contrabandistas y comerciantes de estraperlo como por ganaderos, cazadores, maderistas o simplemente como vía de cruce natural.
Al fondo puede apreciarse el Vado del Bachimala, ya a la vuelta de nuestra singladura
El Vado es, pues, una pequeña zona de pastos atravesada por un meandro del Cinqueta de la Pez (de hecho, su primer y casi único meandro) que se haya rodeada de frondosos bosques de abeto y pino negro, con pinceladas sueltas de serbales, arces o hayas. El fluir cristalino del agua espumando las rocas, los prados donde pastan caballos y vacas, los árboles entre los que se mueven las ardillas, todo, bajo el azul profundo del cielo surcado por rapaces y chovas. El paraíso.
El puente que cruza el Cinqueta de la Pez, en pleno Vado

Pero hoy hemos atravesado la zona del vado aún en penumbra, dirección el Puerto de la Pez, pues nuestro objetivo del día no es otro que encadenar toda la cresta desde este puerto hasta el Bachimala. Atravesado ya el estrechamiento conocido como el paso del gato, finalmente nos decidimos por ir más directos, obviando la llegada hasta el puerto, pues la boira mañanera atraviesa la frontera hacia nosotros por dicho punto, con lo que subimos directos por el paso del barranco del Ibón, zona sin camino aparente, empinadísima y que obliga en ciertos puntos a usar las manos. De esta manera ganamos altura a velocidad de vértigo, amaneciendo en los ibones con un calderinazo de los buenos (al menos yo), que me obliga a parar un poco, pues casi me han sacado de punto.
Moncho recortado por la sombra, y al fondo las crestas de los Culfredas y el Balinier, que cierran el valle por el oeste
Desde los ibones de Bachimala vamos a buscar el primer tresmil de la cresta, que realmente son dos, gemelos: Punta de la Pez (3019m) y Punta del Puerto de la Pez (3019m). Ganaremos primero el collado previo por una canal que se va empinando progresivamente y que se hace de rogar lo suyo, con lo que ya nos colocamos en la arista. Ahora todo lo que nos queda hasta el Bachimala va a ser cresta, más de 3,5km de verticalidad en un ambiente precioso, sin grandes dificultades salvo pasos puntuales, pero siempre por el filo de la montaña.
Mayormente por la aún sombreada y fría cara oeste vamos trepando los primeros pasos que nos llevarán hasta nuestros primeros tresmiles del día. No creo que haya ni siquiera grado, ya la única dificultad la pone el frío y el aire que sopla aún de mañana, del que nos resguardamos una vez llegados a las cimas en un resalte hacia el sureste para echar un bocado.
El Pico de la Pez, con el Bachimala nevado al fondo
Aquí discutimos sobre qué hacer, porque el Bachimala tiene más nieve de la esperada en la zona que hemos de cruzar, y no hemos traído ni crampones ni un piolet. También sobre si nos ponemos los arneses o no. Moncho aboga por flanquear las zonas más comprometidas por debajo pero finalmente optamos por darle de frente, ya habrá tiempo de darse la vuelta. Tampoco nos ponemos los arneses porque no se ven grandes dificultades (alguna reseña habla de pasos de III+ o incluso IV junto al pico del Abbeille, pero realmente no creo que nada llegue a superar el III grado, y si lo hay no lo vimos, y eso que íbamos por el itinerario marcado por los hitos más altos). Así pues sólo con el casco nos metemos en harina, entre hermosos bloques de granito que parecen desafiar la gravedad pero que se hayan perfectamente sujetos entre sí, como los dientes de una mandíbula. Un paseo por lado francés, donde sí superamos algún paso más comprometido que difícil nos saca de nuevo a zonas soleadas, y ganamos poco después varios pasos y travesías que siempre cuentan con alguna presa de esas que puedes colgar un camión de tres ejes. Lo más complicado casi son los destrepes que hay que efectuar, y cuando llegamos a una placa inclinada que me parece recordar vimos catalogada de III casi me parto de risa. Se sube casi sin manos, y tiene espacio como para jugar un partido de basket 3x3.
Uno de los tramos más bonitos de cresta
En esas estamos cuando coronamos lo que nos parece el Abbeille, pero resulta que no, es sólo su antecima, así que en cuatro zancadas tiramos hacia la cima “buena”, alcanzando así el tercer tresmil del día (3030m). Desde aquí se supone que se han acabado las dificultades hasta la parte final, aunque la primera parte de cresta hasta el pico Marcos Feliu (3054m) no es tan sencilla como me esperaba, y sigue habiendo que usar las manos. El cansancio ya se va notando, pues llevamos más de 5h de marcha y más de 1500m de desnivel.
De esta manera vamos ganando progresivamente los siguientes hitos geográficos, por una cresta no muy ancha pero sí sencilla, de andar y usar las manos. A esto se suma que los desniveles hasta el fondo de los valles no son excesivos (300-500m a lo sumo) y no da tanta sensación de vacío como otras, amen de nunca ser una pared completamente vertical, pues incluso hacia ambos lados tiene varias escapatorias, alguna de ellas en el lado español muy claras.
Ibones del Bachimala y el poropio pico, con Suelza y Fuesa al fondo
Así pues de un plumazo seguimos encadenando muescas en nuestro expediente: Pequeño Bachimala (3052m), Punta del Ibón (3097m) y finalmente Punta Lendomeur (3120m), ahora ya sí con algo más de verticalidad y dificultad. Hacemos un alto para coger fuerzas de cara al esfuerzo final y trepamos y destrepamos los tres gendarmes que separan este último pico del Bachimala, cuya mole se yergue amenazadora sobre nosotros, como un fantasma descarnado y gélido, oscura piedra desmenuzada cicatrizada de blanco.
Moncho negociando una tregua con la roca
Una de las destrepadas de los gendarmes sí que será III, y ahora la vertical caída hacia el lado francés sí que tiene un patio considerable, con lo que sazona de picante los pasos. Igualmente la calidad de la roca ha ido empeorando paulatinamente, hay tramos donde pisar nieve es obligado y todo sumado, junto al cansancio hace que debamos ser MUY cuidadosos. Finalmente nos colocamos bajo la pared somital del Bachimala (3174m) desde la que podemos elegir dos vías: recto y un poco a la derecha por el lado español, que se haya tapada por la nieve en el punto clave o flanqueo por el lado francés con una calidad de roca indeseable y mucho abismo bajo los pies. La decisión es tirar por el medio, siguiendo la vía que va directa, pero siempre un poco por encima, más rectos, buscando unos pasos y travesías limpios de nieve que no son difíciles pero sí delicados. Trepadas de II o así que antes de lo que nos damos cuenta nos depositan en la cima, casi 7h después de haber salido del coche, y 2000m de desnivel a cuestas. Y de nuevo sin usar la cuerda, con lo que otra vez se queda quieta en la mochila, no sea que se gaste.
Ya queda menos!
Desde aquí, y ya sin agua por el calor que finalmente ha ganado la pugna al frío matutino, bajaremos los más directos posible hacia el vado, buscando el barranco del Bachimala donde poder abrevarnos sin talento, saltándonos la Señal de Viadós alcorzando por una pedrera que nos deja en la parte alta de dicha barranquera. Y tras un laaaargo descenso, que me deja los pies nuevamente escaldados llegamos al Vado, donde nos vamos a pegar un homenaje en forma de remojón de pinreles en agua chelada, tanto que duelen cosa mala si los tienes más de medio minuto seguidos bajo el agua.
Gozoooooooo!!!
 Tras media hora larga de relax, el tramo final es un paseo donde aún tendré tiempo de mercar un par de ceps ya cerca del coche. Cargamos las cosas y rápidamente hacia Plan, donde unas birras nos esperan en la barra de Ruché para brindar por otra jornada finiquitada exitosamente. 
El acceso por la canal y todo el itinerario por la arista, desde el Bachimala