Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

5 nov. 2011

Tital Desert 2011: Etapa 1 y el post-etapa







Etapa 1:

Son las 7 y media de la mañana y estoy sudando de calor, con la gorra calada, vestido de carnaval y en la última fila de la línea de salida.
Rodeado de ciclistas (bikers desde ahora) de todo pelaje, que sin embargo tienen algo en común: están infinitamente más fuertes que nosotros.
Desde el desayuno a eso de las 5 no hemos dejado de ver ya a la gente en culotte, y estamos flipando en colores con las patas que hay… gemelos con venas como mi pulgar, muslos que parecen una lección de anatomía, finos como pajaricos… donde me he metido??

Media hora después me encuentro sentado en el suelo, sacándome kilos de arena de los calcetines, regalo del inicio de la etapa: un paso de apenas 2km por un fotogénico cordón de dunas que sirve única y exclusivamente para jodernos la marrana y para que las docenas de fotógrafos y periodistas saquen instantánea tras instantánea mientras los bikers pasan a su lado corriendo bici en mano. O andando, como nosotros.
Hemos salido los últimos de las dunas, y tenemos el dudoso honor de ser los últimos en pasar por el primer punto de control de la carrera. Fotógrafos y voluntarios nos aplauden con esa sonrisa inevitable que radiografía lo que piensan: “qué poco vais a durar, chavales”

Continúa la etapa por una zona llana de pistas arenosas donde la rueda se hunde y cuesta avanzar. Cuesta por el calor, por el aire de cara. Y cuesta porque no voy…
No llevamos ni 15km de los 90 de hoy y ya se que no voy. A paso burra, las pulsaciones las llevo por las nubes. A paso caracol también. No digo nada pero veo que Prats está preocupado, el va silbando… al menos hemos adelantado a unos pocos y no somos los últimos, es un consuelo vano, pero es lo que hay.
No hay ganas de echar fotos, ni de hablar, ni de nada. ¿Cómo es posible que en una etapa que pensábamos que sería de calentamiento vaya casi a todo lo que doy y no hemos hecho ni 30km?
Si, son ya 30, primer avituallamiento y tengo muy claro que si no estuviera Prats aquí me bajaría de la bici y abandonaría. Esto no es normal, la cabeza no me va, las piernas no me van, el corazón late desbocado… no entiendo nada. Apenas me da para responder con monosílabos a las preguntas de Marcos, menear un poco la cabeza y tratar de concentrarme en dar pedales, olvidando que faltan 600km de prueba, que faltan 7h de etapa, que... da igual, simplemente trato de olvidar.

Mi mundo ha menguado, se reduce a un manillar, a la pantalla de cristal líquido del pulsómetro y a 10 metros de polvo y piedras que van pasando como el decorado de una película de dibujos animados: siempre avanza, nunca cambia.
Lentamente hemos pasado a un puñado de bikers a los que silenciosamente compadezco: si estoy como estoy, ¿cómo estarán ellos?
Paso el tiempo mirando las pulsaciones por minuto que llevo, deseando que por arte de magia bajen y se estabilicen en números normales. Pero ahí siguen, rondando siempre las 160-170. Es una barbaridad, estoy por encima de mi umbral anaeróbico… y llevo 4 horas así. Para colmo, 3 dedos de la mano zurda se me han dormido, al igual que la ingle (así seguirán hasta acabar la prueba)

Algo ha funcionado mi táctica, pues no se ni como hemos avanzado otros 20km y estamos a mitad de la etapa más o menos, en el segundo avituallamiento, perdidos en una planicie inacabable, un erial rocoso que sólo termina en la línea del horizonte…Parece plano pero no, se trata de una inacabable sucesión de falsos llanos arenosos sin solución de continuidad. Y allí vamos a que nos engullan.


Otra hora más y todo sigue igual.

Otra…


Un alto en el camino a beber y comer marca el antes y el después en la jornada. Milagrosa e imperceptiblemente me he ido sintiendo mejor durante estos últimos kilómetros. Y esa mejoría inconsciente, me ha llegado como de golpe. El cuerpo se habrá autorregulado o simplemente el sistema nervioso se ha cansado de trabajar, el caso es que lo siguientes kilómetros me encuentro mucho mejor, algo que contrasta con el espectáculo que vamos encontrando a cada curva.

Uno, dos, cinco, ocho… decenas de ciclistas, tumbados unos junto a la bici, envueltos en la manta térmica otros, siendo auxiliados por el helicóptero los menos... Parecen sombras, refugiados famélicos y ojerosos. El calor, el piso arenoso, el viento de cara y sobre todo las prisas han hecho petar a todo el rosario de bikers que hemos adelantado. Vísteme despacio que tengo prisa dicen… que se lo cuenten a los 50 tipos que hubieron de ser atendidos de golpes de calor en la etapa.

Apenas dos horas después, rondando las 8 de etapa cruzamos la meta, tímidos aplausos de los voluntarios, agua fresca, powerade frío, pies al suelo, orgullo silencioso, incredulidad.
Los últimos 20km los he hecho sobrado, no me explico que ha pasado hoy. En cambio Marcos ha sufrido al final, un flato doloroso y el cansancio han hecho mella y el final se le ha hecho largo.
Es ya pasado, ahora dejar las bicis para los mecánicos, coger hora para los ángeles de la guarda (fiscos) e ir a comer.

La tarde se reducirá a: comer, ducharse, comer, descansar, fisio, cenar, charla del día siguiente, cenar, dormir. Pero entre medias hay cosas que explicar.






El Post Etapa:

Menos cansado que las 8h de pedaleo diario, aunque mucho más estresante es todo lo que viene tras cruzar la meta.

Nada más acabar la etapa sólo hay ganas de quitarse el casco y sacarse la mochila de la espalda. Justo después la organización nos obsequia con una botella de agua y otra de powerade, y con ellas, casco y mochila entre los brazos hemos de ir a devolver el roadbook de la etapa y cambiarlo por el del día siguiente. Lo normal era que una botella acabara por los suelos. O ambas. O casco y botella…
De seguido a dejar la bici al mecánico para que la pongan apunto para el día siguiente, coger hora con los fiscos y de allí a los camiones donde nos dan la maleta, que pesa un quintal y tenemos que arrastrarla un rato por el campamento hasta nuestra jaima, entre arena y alfombras arrugadas por las que las ruedas no avanzan ni de casualidad…
Si soy quejica, pero con el sobo que llevas encima, cualquier cosa te parece extenuante.

Las jaimas… son jaimas, ni más ni menos. Estamos en medio del desierto y no podemos pedir maravillas (ni soy nada tiquismiquis), pero es cierto que hay cosas que… la mitad de los colchones están infestados de chinches, y que te toquen o no es como una ruleta rusa, cada día que llegas al campamento te espera un colchón diferente, así que cruzas los dedos. A los que les toca rana se los reconoce en el desayudo al día siguiente, sus piernas son un muestrario de picaduras. Las telas y alfombras de las jaimas huelen más a choto que una borda de ganado, y cuando llueve por la noche empapan rápidamente y te mojas. Además Prats ronca como un buey con las pastilas que toma para dormir mejor y tengo que darle toques para que calle.





Dejamos los trastos en la jaima y directos al comedor, que hay que reponer energías… y muchas. La comida siempre es igual: pasta y arroz demasiado hecho, tomate, atun, queso rallado y algo de carne estofada. No está malo pero cansa… Uno o dos platos hasta arriba, y directos a las duchas.
De las duchas y los aseos (no os hablaré de ellos, sólo decir que es mejor ir a soltar lastre fuera del campamento, al desierto) salimos limpios y cambiados directos al comedor a por otros dos platos de jarcia.





Luego a descansar un poco tumbados, ponernos crema en la ingle, hidratarnos con sales y demás mantenimiento… chequear Internet si funciona, llamar a casa, ir al fisio a que nos apañen… y a las 20h a cenar. Si, no han pasado ni 2h desde el segundo empentón pero sigue habiendo hambre. Así que otro plato más por el buche, y a coger sitio para que los jefes de la organización nos den el briefing del día siguiente.



Una charla para que los jefes, muy pagados de sí mismos, nos cuentan las bondades de lo que les cuesta todo esto y tal y tal, de lo bien que nos cuidan, de lo espectaculares que son las etapas, etc…
Patrañas. Venden su producto y vale, es normal, pero sin pasarse… a veces roza la vergüenza ajena. Que te digan todos los días que no hay que tirar cosas al desierto, que si se viene repitiendo tomarán medidas (que nunca tomaron) y resulta que nosotros, que somos del pelotón de cola, vemos continuamente kilos y kilos de basura esparcida por el recorrido… botellas vacías, cámaras pinchadas abandonadas, cientos de envoltorios de barritas energéticas, bombas de hinchar rotas, cubiertas rajadas, de todo… ese es el legado que deja la Titan Desert en el desierto. Tanto que se les llenó la boca el primer día con el manifiesto de compromiso con el desierto para esto.
Está prohibido llevarse botellas de los avituallamientos pero resulta que los 10km posteriores son un reguero de envases vacíos o a medo beber. Es ASQUEROSO ver cómo queda todo al paso de los cafres que son los corredores, con el consentimiento total de la organización. Organización que recoge algo, pero ni mucho menos todo, ni mucho menos.
Que la arena del desierto lo tape todo luego… las quejas marroquíes ya se encargarán ellos de taparlas…

Tras el briefing otro plato de comida más, y a la cama rapidito que a las 5h empieza de nuevo el baile…


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