jueves 16 de julio de 2009

Preguntas


Por qué me gusta sentarme y ver pasar las nubes un dia de viento?


Por qué perder el tiempo oyendo crepitar el fuego y viendo bailar las llamas?


De qué sirve ver ondear una sábana tendida al viento?


Y oir caer el agua en una cascada?


Cómo es que disfruto tanto viendo anochecer en el monte y volver a casa andando entre la penumbra?


Qué se gana poniendo una mano tras otra hasta escalar una pared para luego bajar por el mismo sitio??


Por qué me atrae como un imán descubrir qué se ve desde un collado o una cima de montaña?


A qué se debe que disfrute tanto con deportes tan repetitivos como poner un pié delante de otro o dar docenas de pedaladas por minuto?


Qué finalidad tiene correr perseguido por mi perra?


Qué consigo tumbándome en un prado y siguiendo con la mirada los pájaros?


Y sentándome con una cerveza en la terraza de casa mientras la Peña muda en sombras??



Ni lo sé ni quiero saberlo. Sé que lo necesito y con eso me basta.

miércoles 8 de julio de 2009

Murcianos en la niebla


Siempre es un placer regresar a los grandes montes, y poderlo hacer este julio ha resultado una sorpresa (provocada por el menor trabajo con que nos obsequia la crisis, todo tiene 2 caras)

Esta ocasión se debe a la visita de un singular par de murcianos (Flores y Miguel). Haciendo de guía me los llevé a Liena para que se convirtieran en el sexto y séptimo biker en decender su cara noreste.

Nos llovió, nos granizó y la niebla tapó la gran mayoría de las brutales vistas que tiene esta ruta, pero nada de ello empañó otra gran jornada de bici, con una bajada espectacular y unos compañeros aún mejores.

sábado 13 de junio de 2009

Mashkun

Palabra árabe que vendría a significar “lugar habitado por demonios, espíritus y seres sobrenaturales” Según cuenta Lucien Briet, de aquí viene el nombre de Mascún.

Sin saber a ciencia cierta de su veracidad o imaginación, sólo puede estarse de acuerdo con lo acertado del topónimo. El Mascún es un cañón extraído de lo más profundo de la mitología y entregado a Guara como ofrenda suprema, colofón a su vasta y particular riqueza.

Cuando los griegos sueñan con el Olimpo y sus dioses, sueñan con la escarpada belleza de sus paredes.

Cuando los romanos rezaban a sus dioses, los hacían tomando baños en las marmitas de la cascada de Peña Guara.

Cuando los vikingos honraron a Odín, lo veían pasear entre sus proas y agujas.
Cuando a los cristianos les fue concedido el bautismo, éste se llevó a cabo en el saltador d´as Lañas.

Cuando un bebé nace, sale al mundo a través de los oscuros de Otín.

Dejando a un lado su misticismo, el Mascún cuenta con otra historia, tal vez menos evocadora, a la par que más dura y adusta: sus gentes.
Durante generaciones, para las familias de Otín, de Letosa, de Bagüeste este cañón supuso un regalo envenenado. Agua donde erigir un molino, cauces fértiles que domesticar, fajas solaneras y protegidas para las cabras, incluso tal vez pesca.
Todo ello a un precio que se pagó sin rechistar por muchos decenios: horas de caminar para cultivar unos huertos que cada año eran deshechos por las crecidas; meses de trabajo para proyectar y construir caminos seguros donde no había un palmo de buen terreno; cansancio y tiempo para cruzar esta grieta inmisericorde camino de los prados de Santa Marina; animales despeñados, o extraviados que había que encontrar y transportar de vuelta al pueblo…

Puede que todo esto explique en parte porqué ahora Otín, Letosa y Bagüeste son ruinas de la memoria, porqué las cabras llevan 70 años asilvestradas por las laderas del Mascún, porqué los huertos de Juan son sólo un recuerdo, el molino y azud de Letosa un montón de piedras o el camino de O´Turno se cae a pedazos.

Para nosotros, que cargábamos en el macuto con todo esto, además de las cuerdas, los ochos y los neoprenos, Mascún es una tercera historia.
La historia de una singladura a través de un calidoscopio natural. Reflejos de luz y agua persiguiéndose por las paredes, ecos que vienen y desaparecen con cada paso, rumores de agua entrecortados por momentos de silencio sepulcral. Pozas que contienen todas las tonalidades del verde, cascadas repicando contra la caliza, toboganes traídos de un parque infantil, corrientes de agua cristalina que arrastran hojas de arces, tilos, tejos, carrascas o tremoletas. Árboles y plantas desafiando la gravedad que se apuestan la vida contra los pétreos acantilados. Enredaderas y flores brotando como mariposas al murmullo del torrente…
Privilegiados disfrutando de las catedrales de la naturaleza para nosotros solos: naves, bóvedas, arcos, torres, anfiteatros, oratorios…

Déjate arrastrar por la corriente, de espaldas. No entornes los ojos, ábrelos y contempla como ahí arriba, muy arriba, donde tocan a su fin los inmensos precipicios que te abrazan, las hojas te saludan ondeando al viento, las rapaces cruzan el cielo y las nubes se persiguen sobre un fondo azul sólo roto por iridiscentes rayos de sol.

viernes 5 de junio de 2009

A la rica Peña!!

Nuestra vecina la Peña Montañesa es una caja de sorpresas todavía (afortunadamente) muy virgen debido en parte a su localización. Al hallarse tan a la vista, tan expuesta a los ojos de todos, adquiere una aureola de habitualidad que, al igual que ocurre entre parejas con muchos años de convivencia, entre tú y tu viejo despacho de trabajo o entre tus oídos y un éxito musical mil veces radiado, consigue que la veamos casi transparente, que no fijemos en su mole la atención que merece. Al fin y al cabo, siempre ha estado allí, siempre estará y cualquier día que me acuerde de darle importancia podré ir a visitarla y echarme un almuerzo con ella.
Esto nos pasa a muchos habitantes de Ainsa y el resto de Sobrarbe que nace, crece y envejece a su sombra.

Reconozco y confieso que hasta hace unos pocos años era otro de los que consideraba la Peña parte del decorado inanimado de su vida. Esto ha ido cambiando y ahora me considero un enamorado de sus paredes, de sus secretos y del inmenso mundo de Bajo Peñas.
La Peña Montañesa desde mi casa. En naranja la ruta del encinar, la Canal Mayor y la Faixana Alta. En verde el recorrido de la Faixa Toro.

Nos hemos acercado un par de veces en estos últimos 10 días a transitar algunas de las zonas más espectaculares de este gigantesco peñasco, parte occidental de la Sierra Ferrera, que es como se denomina propiamente a toda la sierra que atraviesa de este a oeste la parte oriental de Sobrarbe y separa la zona de La Fueba del Macizo Cotiella y la Bal de Chistau. La Peña Montañesa es en nombre de la mayor elevación (justo la más occidental de las peñas) que alcanza los 2291metros http://an.wikipedia.org/wiki/Pe%C3%B1a_Monta%C3%B1esa .

El primer día salimos de Oncins, el pueblo más alto de la zona, pegado al monasterio de San Victorián, más que nada porque al bajar nos íbamos a poner ciegos de caracoles en las Bodegas de Casa Ambrosio, un precioso (y delicioso) restaurante del pueblo.
Comenzamos recorriendo el inmenso encinar que conforma las laderas sur de la Peña, un vasto océano de centenarias carrascas que crecen apretadas, retorcidas, cubiertas de líquenes, dando vida y forma al (para mí) bosque más hermoso de todos los que pueblan nuestro Sobrarbe. Seguro que hasta tiene elfos y gnomos.

Al llegar a la pedrera que baja de la Canal Mayor cogimos monte a través e iniciamos la subida por el bosque, hasta llegar a los pies de las inmensas paredes de la Peña, donde termina el bosque y comienza la piedra.
La Canal Mayor, como su nombre indica es una canal que baja bastante vertical cortando por la mitad la pared que es la vertiente sur de la Peña. Destaca sobre manera vista desde lejos, pero hasta que uno no llega allí no se da cuenta de su inmensidad. Te vas metiendo poco a poco en el corazón de la pared, en el tajo que un hachazo imaginario dio hace eones al acantilado.
Una “V” por la que se gana altura rápidamente a costa de pasos no muy comprometidos pero siempre empinados, y en 3-4 de ellos se precisan las manos para ayudarse a trepar, pero no debe haber más de 2º o 3º grado de dificultad técnica. Hay un par o tres de zonas más delicadas y expuestas que requieren experiencia en la montaña, y además se precisa conocer el camino para no enriscarse, porque el terreno es propicio para ello.
Con vistas a echar una mano a los que pueden venir después nuestro (y dado nuestro carácter de miembros de la Asociación de Amigos de los Caminos Tradicionales de Sobrarbe) dejamos bien marcados todos los recorridos por los que pasamos, tanto las zonas comprometidas de la Canal Mayor como más adelante las fajas por las que anduvimos.

Cuando ya se divisa el colofón de la canal, un desvío que se adentra en la pared nos indica el comienzo de una de las fajas que atraviesan de este a oeste las escarpadas paredes de esta cara. Nosotros buscábamos la Faixa Toro, la más conocida y espectacular de todas ellas, pero el GPS nos confundió y haciendo caso omiso al desvío (tras una breve discusión) continuamos subiendo hasta desembocar en el camino tradicional que asciende a la Peña desde San Victorián. Una vez allí cogimos el desvío que creíamos correcto, que resultó ser el de la faja más alta de todas, la Faixana o Faixana alta.

Se trata de una faja muy ancha, corta y que se encuentra a 50-60 metros por debajo de los prados altos de la peña. Desde luego es preciosa, cuelga por encima de la pared y nos ofrende una panorámica inmensa de Sobrarbe, maravillosa.
En poco más de media hora termina la faja, que nos deja nuevamente en el camino tradicional. Desde allí ya descendimos hacia Oncins para apretarnos la bien ganada caracolada.

Por supuesto esto no iba a quedar así, por lo que decidimos durante la comida que la semana siguiente volveríamos a hacer por fin la Faixa Toro, cosa que puntualmente realizamos esta semana.

Comenzamos por la vía normal de ascensión desde San Victorián y a la hora, un poco más abajo de las Goteleras cogimos el desvío (que ya dejamos indicado la excursión anterior) a la Faixa Toro, la cual se alcanza tras descender una canal llena de vegetación pero sin ningún peligro.
En cuanto se llega a la Faixa toda la perspectiva cambia. Lo que se ve una minúscula línea vegetal desde la lejanía se transforma en un resalte bastante ancho, que oscila entre los 3 y o los 10 metros de anchura (4-5 la mayor parte).

Primero la faja es muy pendiente y llena de piedras, pero conforme se avanza se hace más llana (aunque siempre va algo contraperaltada) y gana terreno la vegetación. Mientras avanzas, aparte de disfrutar del paisaje y concentrarte en dar los pasos con seguridad (nunca está de más tener cuidado, aunque haya mucho margen), pierdes el sentido de donde te encuentras, pero sólo es necesario detenerte, echar la vista atrás y con perspectiva contemplar la estrecha franja de terreno por la que has venido, tabicada a la izquierda por una pared vertical de 250m y a la derecha cerrada por la nada.
Un abismo de 400m de caída que se extiende hasta el infinito, mostrándonos casi la mitad del Sobrarbe a nuestros pies. Se ven las fronteras con la Ribagorza, Somontano, Hoya de Huesca y Serrablo. Parece pintado, un cuadro de Thomas Moran http://images.google.es/images?sourceid=navclient&hl=es&rlz=1T4GZEZ_esES315ES315&q=thomas%20moran&um=1&ie=UTF-8&sa=N&tab=wi o Albert Bierstadt http://images.google.es/images?sourceid=navclient&hl=es&rlz=1T4GZEZ_esES315ES315&q=Albert%20Bierstadt&um=1&ie=UTF-8&sa=N&tab=wi
El trozo más espectacular es el momento que la faja rodea el inmenso Pilar de Sobrarbe, desde donde se observa gran parte de la Faixa Toro en perspectiva con las paredes que la cercan, y se disfruta de una vista sin obstáculos de más de 200º de amplitud. En esta plaza nos dispusimos a almorzar y quemamos las cámaras de fotos, porque bien vale la pena el sitio…
La faja aún continúa un rato, entrando hasta desembocar en la Canal Mayor. Allí remontamos hasta el camino tradicional y bajamos por él de hasta los coches con la alegría del deber cumplido.
La Peña y Torrelisa. En naranja se aprecia la Canal Mayor y en verde la Faixa Toro

sábado 30 de mayo de 2009

El Espinazo del Mundo...

...si es que existe, debe ser algo parecido a esto.
Un cordal interminable que nace encima de Fragen y continúa arqueándose hasta terminar en las faldas de la Peña Otal, en Tendeñera. Justo donde la espina dorsal tiene la curva lumbar se halla propiamente el cerro Mondiniero, a 2.300mts sobre el nivel del mar.
A esta altitud hay otro mar, inmenso, de tasca. Accesible sólo a pié. Vetado para nuestras monturas.
Vetado???

Desde que “aprendimos” que las rutas de bici no han de ser necesariamente siempre encima de ella el horizonte se nos amplió hasta casi el infinito. Y no es una exageración. Cambias el chip, te acomodas la bici al hombro “a la Sobrarbense” y pasito a pasito asciendes 500mts de desnivel en hora y pico de trekking.
Es lo que hicimos un día cualquiera de este mes de mayo.

Me moría de ganas por subir allí arriba, por disfrutar de sus apoteósicas vistas 360º. Pero sólo había una bajada y era muy mala así que no había necesidad aparente de embarcarse.
Y dando un paseo por Google encontré otra posible bajada: http://www.torla.es/senderos_torla/senderos/12/presentacion.html

Excusa encontrada!!! Convencí a Ángel (que ya se había embarcado aquí con antelación) y engañé a Bert. El fin justifica los medios a veces XD

La subida es larga pero agradecida, el trozo a pié es muy duro, y las vistas cortan el aliento. Sobrecogedoras. La vista de todo Tendeñera de frente, Ordesa y Bujaruelo, todo el macizo del Vignemale, el valle de Broto al completo, Collarada, Oroel, Guara... un mundo.

Luego la bajada… El tramo de tasca es precioso, fotogénico, evocador. Y allí acaba lo bueno de la ruta. El resto es un sendero descarnado por su uso ganadero, pedregoso y a tramos inciclable. Sólo tiene un trocito bueno, el resto o se sufre para ciclarlo (aún siendo muy trialero) o directamente se pone pié a tierra. Algún moratón guardo aún de las 3-4 veces que rodé por el suelo de intentar pasar por donde no podía.

Volvimos a casa contentos y cansados, pero con el regusto amargo de no encontrar una bajada que amortice la subida a tan mágico otero.


Luego, viendo las fotos del día casi da lo mismo cómo fue la bajada. El recuerdo que permanecerá es este…

I Kedada VT Zona Zero (Sobrarbe)


Esta es una historia sencilla, pero no fácil de contar
12 horas, 720 minutos, 43.200 segundos. Recogidos en una gota de sudor, en un fugaz flashbacks de imágenes, en un escalofrío en la piel.
Porqué el tiempo discurre tan deprisa cuando se es feliz, cuando una conjunción astral proyecta una luz en la que se recorta la silueta de una montaña y nada más importa. Cuando los latidos del corazón son los golpes de pedal que me permiten avanzar entre piedras y ramas, entre vegetación y tierra.

Caballos de metal con los que galopamos desbocados huyendo de muchas cosas, dejando momentáneamente atrás fantasmas, persiguiendo una tierra prometida que no llega pero que nunca acaba de irse… Camino a Ítaca lo llamó Homero.

Un deseo nos impele a echarnos al monte como alma que lleva el diablo. Forzando los límites en pos de una salida más, buscando excusas que justifiquen nuestra necesidad. Es la tormenta de agosto que sabes que va a llegar, la desnudez de los hayedos, la niebla invernal de amanecida, la puesta de sol en un largo día de verano, el deshielo de los valles pirenaicos.
Es lo inevitable.

No se puede luchar contra esta necesidad, no se debe hacerlo. Casi a cualquier coste necesitamos sentirnos extenuados de cansancio. Nos vemos obligados a combatir los calambres, a resistir los dolores de una herida abierta, a levantarnos tras una caída. Deseamos volver a sentir el punto álgido del sufrimiento como puerta de entrada al clímax de la recuperación. Dar esa última pedalada que falta antes de llegar a la cima y dejarse caer exhausto.
No es ningún ritual sádico, sencillamente te hace sentirse vivo. Y la capacidad de sufrimiento es un pulso al espíritu.

Y al otro lado de la cima nos aguarda el reverso oscuro, la cara oculta de sonrisa demente.
Colmillos afilados, irreflexividad, instinto depredador.
Una manada de lobos en pos de un ciervo montaña abajo, sorteando obstáculos, recortando curvas, adelantándose por instinto, defendiendo la posición, frenadas y acelerones, derrapadas a dos ruedas, saltos... Al fin y al cabo perseguimos nuestro alimento.

Yonkis necesitados de adrenalina y libertad para calmar el mono. Del olor a tomillo y tierra mojada, de la naturaleza virgen, del miedo, de la sonrisa cómplice del viento…
Trialeras de piedras como estacas a velocidad absurda frente a un mar de reflejos turquesas.
La bajada perfecta del Sarrataño…
Un descenso salvaje de anochecida por un bosque cerrado.

Paisaje, reto, sendero, imposible, descenso, embarcada, trialera, infinito… sólo nombrarlas y el pulso se desboca.

Pero claro, como si al sexo le añades el amor, si envuelves todo esto en la fraternalidad de un grupo acojonante, si lo riegas de birras y risas, de caracoles y vino, de lifaras y amistad… pasa lo que pasa.

El día que aquí se acaben los caminos…
...no llegará nunca.
Palabra de biker.

viernes 10 de abril de 2009

Macrodespedida Despeñada Vol.III: Córdoba

Tras nuestro periplo granadino, nos desplazamos al Califato de Córdoba, donde pasamos las últimas noches de nuestra particular Intifada.
Aquí celebramos la despedida de José Manuel, más conocido como "Fuedetorta" o "granjero busca esposa" que encajó a la medida en su traje de sado-gay.


Íbamos de terraza en terraza, sin dar el cante...

La bella y las bestias... o era al revés?

Puro George Michael!!!

El contraste islamismo-cristianismo de la Mezquita resulta evocador

¿Quién no ha hecho esta foto?

La Mezquita es soberbia, indescriptible.

Será por arcadas...

Típico patio andalú

El barrio viejo y la zona de la judería
Se le notaba la costumbre de arrear a las vacas...

martes 7 de abril de 2009

Macrodespedida Despeñada Vol.II: Granada


Segunda parada: Graná, a la que llegamos con furgona de alquiler conducida por Luisé... ni el
Dragon Khan oiga!!!
Aquí le toco disfrazarse a Óscar, mayormente conocido como "lechón", "blanquito", "tostas" o "peludo". Sigamos con la fotografía...

Qué bonita es la Alhambra...esto...la "alhambra 1925"

Terraza pa guiris y otros especímenes venidos del norte...

La burrica que me prestó Pepe pa dar pedales una tarde de desintoxicación de tanto comer y beber

Y el cañón del río Dilar donde ciclaba y babeaba, todo a la vez!!!

Cuidadín cuidadín...lechón de caza...de una comida gratis

Paseando por Graná nos miraban todos... no les gusta el amarillo???

Desde el mirador de los Tristes, la Alhambra!!

Un momento raro mientras esperábamos la comida (bazofia) que nos dieron...

En este callejón, las mejores tapas de Graná!! La trastienda del "Diamantes"

Tetería donde nos timaron como chinos por 4 que fumaron una cachimba de esas. Suerte que el té era gratis (si, si... gratis...)

domingo 5 de abril de 2009

Macrodespedida Despeñada Vol.I: Sevilla

Este Marzo los mastos de la peña Despeñaos nos hemos dado un homenaje en forma de 9 días de asueto en Andalucía para celebrar las despedidas de soltería de 3 del grupo.

La primera parada de nuestra semana vacacional, AVE mediante, fué Sevilla donde celebramos la despedida de Carlos, alias "El Licenciao", "Martín", "O choven d´Arcas" o "Charly".
Como ha sido un viaje más prosaico que poético, dejaremos que las fotos hablen...
Preparando a Charly en el Hotel
Cruzando el Guadalquivir con la Travelo Jenny

Unos mozos de pueblo en la gran ciudad, anda que no cantábamos ni ná

El Archivo de Indias, ¡Cuántas historias debe guardar!
Nuevo y viejo medio de transporte

Otro contraste modernidad-antigüedad
Plaza del Triunfo y entrada al Alcázar. Flores recientes

La Giralda desde el patio del Alcázar
Espejo
Gordales, fino, Giralda y Jenny...peligrosa combinación

jueves 2 de abril de 2009

Superviviente


Sustancialmente somos dos, espiritualmente sólo uno.
Hace tiempo que nos presentaron y desde entonces nos hemos ido conociendo, aprendiendo a preveer las reacciones o a ganar confianza. Nada sería lo mismo con otra compañera.
Vestidos para la ocasión, agarrados el uno al otro, en posición, me siento en el centro de los focos, en una nube, con el estómago del revés y el corazón enloquecido. Los discos comienzan a girar, partimos, y comenzamos a deslizarnos por la pista…

Desde el primer balanceo puedo sentir como ella se adapta a mi cadencia, acompañando con dulce firmeza los movimientos que conforman los primeros compases de nuestro “viaje”.
Alrededor las nítidas formas se han tornado en borrosas manchas de colores que se agolpan en la periferia de las retinas, recordándonos que no estamos solos y delimitando la pista por la que hago deslizar el oscuro calzado de mi compañera.
Las gotas de sudor humedecen mi espalda, los latidos en mi pecho van disipando la ansiedad inicial, empiezo a sentirme suelto, confiado, como una melodía que llega de lo lejos y dota de ritmo a mis movimientos.
Como una coreografía ambos, bien pegados, salimos exitosos de las partes más lentas, que requieren una mayor destreza, y es donde ella sabe amortiguar con sus grandes virtudes mis errores; igualmente en las rápidas donde marco la línea y ella me sigue sin desacompasarse en paso alguno.
Hace tiempo que dejé de escuchar los sonidos, de ver lo que hay frente a mí. Soy un torrente de agua desbocado y ella el lecho que me encauza y nos permite fluir por la pista con el instinto de tantas horas de conjunta práctica.

Continuamos al unísono, tengo la sensación de flotar, nos movemos livianos, trazando un camino que parece nacer en mis pensamientos, sin esfuerzo alguno. Un serpenteo, izquierda-derecha, me freno y vuelvo a acelerarnos, la ropa ondea en el aire, los giros se suceden, abiertos unos, cerrados en una baldosa otros, tumbo a mi compañera hasta casi tocar el suelo, la levanto hacia mí al tiempo que cambiamos la posición para atacar los próximos pasos.

Una parte complicada, me cuesta hacer los apoyos con soltura y me atasco, pero mi compañera me transmite tanta confianza que no puedo más que salvarla con éxito. La adrenalina permite que siga concentrado en mi cuerpo, en devenir con armonía, evaporando el cansancio que llega y puede hacerme fallar.

Lo que antes sentía un corazón desbocado no era sino un adagio comparado con el incesante repiqueteo que amenaza con abrirme el pecho, proclama del disfrute, la intensidad y felicidad del momento. Supervivencia.
Si, porque estas sensaciones sólo las tengo aquí, y cada vez que estamos juntos desaparecen de mi cabeza todos los problemas, sinsabores, decepciones o angustias que pueda tener en la vida, todo es borrado de un plumazo por las emociones vividas durante estos minutos. Emociones que me permiten sobrevivir y ser feliz cuando todo lo demás va mal.
Emociones que valen una vida.

Estamos acabando, sabemos que falta poco y el remate siempre resulta especial, el último trago de entusiasmo, que dejará un dulce sabor de boca. Así que disfruto los últimos compases y me concentro en sentirlo todo:
Siento su tacto en las yemas de mis dedos, que frenan su ímpetu y la conducen a mi ritmo.

Siento la irrealidad que hace posible algo tan perfecto

Siento el aire que se aparta ante nuestros movimientos

Siento su cuerpo rozando con el mío al desplazarnos

Siento cada centímetro de mi cuerpo rebosante de paz


Y siento que se acabe, si no es porque siempre podré disfrutar otro descenso con una compañera tan especial.



Nerin - Cuello Arenas - Sercué from oriolmorgades on Vimeo.

Tanto la foto como el vídeo son de Oriol Morgades