Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

7 oct. 2012

Peña Montañesa: Solidaridad



Definición de la RAE: solidaridad.
(De solidario).
1.      f. Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.

 El pasado domingo 30 de septiembre conquistamos una de esas rutas imposibles que llevan tiempo dando vueltas por nuestro ebrio subconsciente. Una majarada en toda regla que consistía en subir con las bicis a la cima de la montaña más singular y representativa de Sobrarbe, la Peña Montañesa, para desceder por su cara sur hasta San Victorián y continuar hasta Ainsa por la ruta 7 de la Zona Zero, Bajo Peñas.
En total 1800mt de desnivel a bajar, uno de los descensos más largos que pueden hacerse en la zona, si no el que más. Claro que para ello debía cumplirse la primera premisa del reto: subir a la cima, nosotros y nuestras bicis. Por donde? La elección era clara, desde La Collada de Ceresa subir por la cara norte, por la famosa pedrera, un océano de roca desmenuzada en mil tamaños, más pequeños y resbaladizos cuanto más arriba. Cualquiera que haya subido por allí sabe lo penosos que se hacen los 200mt finales de desnivel antes del collado superior, lo difícil de avanzar por allí y la necesidad de ayudarse de las manos o los bastones para progresar. Ahora pensad en subir por ahí con una bici de 15kg a las costillas.
800mt de desnivel que se salvan andando, porteando nuestra montura en un acto de solidaridad, haciendo honor a la definición que la RAE redacta para dicha palabra. Nos adherimos circunstancialmente a la causa de otros. Esos otros son nuestras bicis, herramientas indispensables para el disfrute en la montaña que normalmente sustentan nuestro peso y nos conducen monte arriba. Así que no pasa nada porque a veces, a ratos, seamos nosotros quienes las llevemos sobre nuestros hombros, solidarizados con su causa, que es la nuestra.
Aunque seguro que a muchos extraña esto, no tiene porqué resultar tan difícil de entender: también se portean en ocasiones las tablas de esquí en el esquí de montaña. La base radica en que estos porteos permiten realizar rutas y ciclar caminos de otra forma totalmente inaccesibles. Lo que comenzaron siendo esporádicos tramos de porteo de 5-10min se ha convertido en parte inherente de muchas rutas, llegando a portear perfectamente más de 2-3h, principalmente en la alta montaña.
Y solidaridad es también cuando ves, ya cerca de la cima, como aquellos que están más fuertes y enteros, descienden tramos para ayudar a los que van más justos a subir su bici hasta la cumbre, permitiendo así que todos gocemos del sabor de una conquista tan extraña como orgullosa. No está de más recuperar esta palabra, tan cacareada pero poco practicada en esta época que nos toca vivir. Si fuésemos un poco más solidarios, las cosas nos irían mejor a todos, como pueblo, comarca, comunidad, país o planeta.
Llegados a la cima, los 13 estalentaos nos ponemos a rosigar como condenados, entre tragos de vino y risas. A todo esto, los 13 (11 ciclistas y 2 montañeros que nos acompañaron) fuimos: Oriol, Tonino, Pepo y Ernesto de Boltaña, Javi de Escalona, Tanano de Biescas, Germán, Jesús Blasco, Bescós, Bubu y yo de Ainsa. Y Luis Cosculluela y Pachi como andarines. 
 Aunque a priori parecía que lo jodido era subir las bicis a la punta (ya está conseguido), la verdadera dificultad de la empresa era bajar montados hasta Oncins por la cara sur. Los que hayáis recorrido ese camino, imaginaros lo que supone ir en bici por allí… El asunto es que efectivamente, tardamos más rato en bajar que en subir. Algunos ciclaron menos del 50% de la bajada (entre la dificultad técnica y el cansancio de la subida, que te deja sin reflejos y fuerzas), los que más no pasaríamos del 70-75%
El primer tramo, de la punta al bosquecillo de pino negro que hay bajo la pirámide cimera lo tomamos siguiendo el sendero más clásico, bajando hacia la derecha y ciclando bastante poco. La opción de bajar recto, por la pedrera más fina e inclinada, que descartamos, hubiera sido seguro mucho más ciclable y divertida.
Luego un tramo genial hasta el inicio de las dificultades de la travesía sobre la canal mayor, que nos obliga a andar hasta salir a la tasca, y de aquí pedaleo casi continuo hasta la muralla de las goteleras, donde toca destrepar la pared como buenamente se puede. 
Llegados a este punto, comienzan las verdaderas dificultades: primero el senderito tan estrecho y cerrado bajo las goteleras, que desemboca en la zona abierta (que se quemó en su día) por la que zigzaguea la senda, entre caos de rocas, buxos y abrizones, hasta finalmente rebasar una pedrera y llegar al bosque. Todo este tramo es inmensamente técnico, duro, difícil, muy difícil, cansado a más no poder y cada cual lo fue superando entre un tiovivo de tremenda satisfacción por los pasos donde se conseguía ciclar, y frustración por aquellos donde la técnica propia o la gravedad no daba para más.
Finalmente, una vez adentrados en el bosque, y hasta la carretera, la bajada es orgásmica, fabulosa, surcando piedras, escalones, curvas cerradas, otras rápidas y apartando ramas de pino, carrasca y buxo con los brazos o el casco. Un colofón final apoteósico para un reto personal superado.

Una vez en Oncins, y vaciadas las jarras de cerveza en Casa Ambrosio, a modo de colofón final del día nos lanzamos a tumba abierta por los senderos de Bajo Peñas, que nos parecían tan blandos como la mantequilla en comparación con lo ya vivido. Y así entre Planillés y Badlands nos llegamos hasta Ainsa, desde donde poder contemplar la Peña, a lo lejos, con una sensación de irrealidad, de cómo diablos habíamos estado ahí arriba horas antes, si era cierto o formaba parte de un sueño.
El sueño que es esto del Mountain Bike
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