Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

7 nov. 2011

Tital Desert 2011: Última etapa & epílogo



Etapa 6:

Riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiinnnnnnnnnnnnnnnnnnnngggggggggggggggg
Vaya, justo cuando empezaba a coger el sueño… 4 horas desde que apaguemos la luz, vuelve a encenderse. 4 horas de sudor goteando las sábanas, de ojos como platos, de extrañas pesadillas. 4 horas de vueltas en la cama, de paseos al baño, de vasos de agua… 4 horas tediosas, la última de ellas con el acompañamiento de la megafonía: voz de mujer enlatada que avisa cada 5 minutos de la apertura del desayuno, de la parada de Almería y de dios sabe qué más.

Los párpados pesan como hormigón, duele moverse, hasta pensar… Marcos se va a desayunar, yo paso, me quedo tumbado en una duermevela entre mis sueños y la mujer de la voz enlatada.
Marcos vuelve, recogemos, nos cambiamos, el de ciclista, yo de turista, y dejamos este ferry infernal pisando ya tierra española. La Aduana es el paso previo al bus, siguiente estación en la secuencia de destrucción físico-mental en que nos ha metido la (des)organización. Al menos cerraré los ojos otra hora y pico, pues me siento cansado sólo de mantenerlos abiertos.

El viaje en autobús de Almería a Abla no es por tierras almerienses. Tiene lugar entre mi corteza cerebral y mi corazón, a través de conexiones neuronales y pensamientos… Qué coño hago aquí?? Qué tipo es este que abandona a su compañero? Acaso no he venido a sufrir, a ponerme a prueba, a pedalear? Y abandonar sólo por sentirme cansado, aunque sea extenuado?
Realmente la cabeza me hace un click en este trayecto, es el momento más importante de la semana, sobrepaso una capa, una barrera en mi mente y llego más allá, crece exponencialmente mi determinación. El cansancio pasa a un segundo plano, lo cubro con una capa de indiferencia.
Había rumiado mucho el no salir hoy, no había sido una decisión nada fácil, pese a que pudiera parecerlo, y ahora toda esa lucha mental parece una tontería ante la claridad con que veo lo que tengo que hacer. He venido a pedalear, y voy a pedalear. Joder, es algo que me gusta, me apasiona, porqué voy a tener que dejar de hacerlo? Porqué tirar la oportunidad de ciclar por Sierra Nevada? Por cansancio??? Ni hostias, me subiré a la bici y hasta donde llegue. Tengo claro que no acabaré, pero voy a seguir hasta que me caiga de la bici por puro agotamiento, y aún entonces volveré a subirme, y seguiré hasta volver a caerme. Hasta que no pueda más.

Hemos llegado a Abla, casas blancas al abrigo de montes pelados, cielos azules, sol dolorosamente caliente. En una fábrica abandonada más propia de Mad Max recogemos nuestras bicis y nos disponemos a montarlas para darles el último apretón. Ambos?? Si, Marcos se sorprende de verme desembalar la bici, sabe la que significa y se relaja mucho más al saber que cuenta conmigo. Juntos hasta el final, como nos comprometimos. Por supuesto.

Acoplar dirección
Alinear y apretar potencia
Colocar pedales
Montar e hinchar ruedas
Colocar tija
Chequear pastillas y discos de frenos
Comprobar presión de amortiguadores
Aceitar la cadena
Preparar la mochila
Meter todo lo demás en la maleta y llevarla al camión.

Con la bici a punto de nieve, la próxima parada es el campo de futbol de Abla, donde el ayuntamiento y unos impagables voluntarios nos han preparado un desayuno de verdad, poco que ver con el que había en el ferry. Más de uno les debe el acabar la Titan Desert. Finalmente se acerca la hora de la salida, y por fin a las 11h se da el banderazo de inicio a la última etapa (por supuesto regado por unas grandilocuentes palabras de la organización, que viene a decir que la Titan es lo más grande que le ha pasado a este pueblecito), punto y seguido a nuestras penurias.

De salida, en la frente. 15km por una rambla arenosa y sucia en la que cuesta avanzar, más si contamos el aire en contra. El cuentakilómetros se ha vuelto loco y no funciona, las pulsaciones se disparan, cada pedalada es una oda al dolor de piernas, cada bache una estación de vía crucis para la ingle. Acabo de empezar un tormento, el acceso a un nivel superior de sufrimiento, de dolor. Cada curva al fondo es la meta que debo cruzar antes de rendirme, el punto al que debo llegar para elegir si me paro o continúo. Una y otra vez continúo.
Salvada la rambla, un mar verde nos recibe. Inmensas plantaciones de verduras se extienden a ambos lados de la pista, que vira como un pato mareado: recto, izquierda, recto, izquierda, derecha, derecha, recto, derecha… Al menos los cruces disipan la monotonía y se hace más sencillo el avance. Mi cuerpo, como en todas las etapas, se ha ido encontrando mejor y pasada la primera hora y media funciona ya a velocidad de crucero: sufriendo, pero no agonizando.

Con las montañas en el horizonte, el recorrido ha aprovechado para tendernos emboscadas: La planicie que nos acompaña está surcada de vastas cicatrices, arroyos de montaña cuya fuerza erosionó profundos barrancos que ahora hemos de sortear. En una prueba como esta de puro fondo, los esfuerzos explosivos que rompen el ritmo son la puntilla capaz de acabar por desfondarte, y en apenas 20km nos vemos abocados a subir (mayormente andando) media docena de repechos, a cual peor recuerdo guardo.
Ya sea trocha pedregosa, carretera, pista de tierra o directamente un talud erosionado, ya sean de 300mt o de 3km, siempre con rampas imposibles, muy por encima del 20%, y mantenidas. El calentón salvaje derivado de intentar subir montado la primera me hace no tropezar dos veces en la misma piedra: a pié, siempre.

Habíamos salido de la rambla inicial los últimos, pero tras estos ya 50km que hemos dejado atrás, una buena cantidad de bikers nos cubren las espaldas. Cruzamos un punto de control que aprovecho para quejarme airadamente del sinsentido de etapa que llevamos. Si es necesario hacer 120km y subir 3000m de desnivel para llegar a Granada, atravesando montañas y collados, perfecto. Pero hacernos pedalear 50km cuando Abla debe estar apenas a 20km en línea recta de donde nos encontramos ahora, obligarnos a salvar barrancos imposibles si internados un par de kilómetros en la llanura podríamos cruzarlos todos sin apenas desnivel, y regar todo ello con unos paisajes absolutamente lamentables, me parece un chiste malo. La columpiada de la organización en esta etapa (como en tantas otras cosas) es de primer premio.




Pero todo llega a su fin, y así el terreno rompepiernas deja paso a un puerto de montaña de verdad, por fin vamos a internarnos en las estribaciones de Sierra Nevada. Allá arriba, donde los cuervos, una sucesión de collados nos observan, ¿a cuál iremos?
Tomamos el inicio del puerto con una mezcla de sentimientos: expectación por un cambio de paisaje y aprensión porque son muchos metros los que hay que salvar, y a estas alturas ganar un metro es una odisea.
Le digo a Marcos que tire a su ritmo, que ya me esperará arriba, y comienzo a gestionarme a mí mismo. Las pulsaciones no se disparan, pero es que vamos ya tan fundidos que no es que no suban, es que no pueden subir más. Voy a 150ppm y la sensación de asfixia y exigencia es mayor que si fuese a 180ppm un día normal, descansado.
Curva izquierda… derecha… las cuento, las uso de referencia, de alivio, de todo. Apuesto conmigo mismo a que seré capaz de llegar a la que está al fondo sin parar a coger resuello, o sin mirar el cuentakilómetros. Y gano. Casi siempre.
El dolor en la ingle, de tan cotidiano, casi se olvida y se convierte en algo que está ahí pero que ya no importa. Sin embargo, sumado al cansancio que ya llevo, ha propiciado que cambie mi pedaleo en estas etapas finales: ahora mi cadencia es muy lenta, abuso de desarrollo, sólo porque una pedalada menos es un doloroso roce menos. Y porque me cuesta tanto mantener una cadencia ligera que prefiero ir atrancado.

Atrancado y sin fuerzas, pero los kilómetros pasan. Verdaderos esfuerzos mentales para no detenerme tras cada 10 pedaladas, para no sentarme en el suelo 5 minutos, 10, 15… Voy grogui, pedaleo por inercia, a chepazos, arrestos de voluntad en vez de impulsos nerviosos son lo que mueve los músculos. Si presiono el muslo con un dedo, siento que me clavaran alfileres, pasar la mano por el gemelo es notar punzadas de dolor.

Y hay algo que no esperaba, y me abre aún más los ojos. Al borde del colapso como me encuentro, consumido por el agotamiento, a punto de abandonar como he estado hace unas horas, voy adelantando ciclistas en la subida de manera inexorable, sistemática. Sus caras son poemas de ojos hundidos y rostros macilentos, borrones de polvo, sudor y arrugas. A muchos de ellos no los he visto en toda la carrera, y hete aquí que a las últimas desfallecen antes que nosotros.
Si yo estoy como estoy, y voy como voy, no quiero ni pensar cómo estarán ellos.

Y es que estoy realmente jodido, pero pedaleo, sigo, ando, continúo. Y además ya se que voy a acabar. Faltan 60km pero no tengo ninguna duda que acabaré, y esa alegría interior contribuye con fuerzas, y sobre todo con buen humor. Estoy feliz, sufro feliz, maldigo feliz y padezco feliz.
Marcos tampoco irá muy cristiano porque tras casi toda la subida no me ha sacado ni 50 metros, y vamos a llegar casi a la par arriba.

Si, arriba, hemos coronado, y las vistas son ya otra cosa. El panorama es diferente, un mundo nuevo.
Tierras altas desde las que otear una llanura colosal de la que venimos y que ahora se extiende a modo de alfombra bajo nuestros pies. Girando la cabeza, los montes continúan su incesante escalada hasta confluir, nervudas aristas mediante, en nevadas cimas allende los 3000m de altitud.
Y al lado, unas rocas a modo de mirador que estaban destinadas a ser asiento de nuestro almuerzo.

Es cómico, triste, doloroso, hilarante, increíble, sorprendente y así cien adjetivos dispares que, mientras sacábamos fotos en el lugar más bonito de toda la Titan Desert, mientras almorzábamos en la gloria, en el puto paraíso, todos aquellos a quienes acabábamos de adelantar en la ascensión pasaran de largo, no ya sin un “hasta luego” o un “que aproveche” (porque eso de saludar cuando te adelantaban/as lo hacíamos nosotros y una veintena más), sino sin pararse a contemplar el paisaje, tirar una mísera foto o leer el nombre del mirador y del collado al que acababan de subir.
Supongo que es buen ejemplo de lo que son estas carreras, de lo que suponen y de lo chalados que están unos cuantos (no se si ellos o nosotros, pero está claro que algunos lo están).

Al final, cuando andábamos ya por el postre (Marquitos lleva de todo), un par de ciclistas por fin pararon a echar fotos, disfrutar del lugar y charrar con nosotros. Aleluya!!
Para cuando llegamos al mirador, habría más de 100 bikers detrás nuestro (milagro, lo normal era acabar siempre con 30-40 por detrás nuestro apenas), y una hora después, cuando reemprendíamos la marcha, no serían más de 20-30 los que aún habrían de pasar por aquí. Y sólo 2 pararon…
Lo cierto es que semejante bacanal me sentó como un tiro. El resto del día fui ya a remolque, instalado en una nube de irrealidad. Largas bajadas por pista, otro puerto de montaña, corto pero tan empinado que echemos pié a tierra un buen rato, y sobre todo un final interminable donde alternaban tramos de bajada con explosivos repechos imposibles, dejá-vu eterno que agotaba todas y cada una de las fuerzas que aún quedaban, y que ni sabíamos que estaban ahí.
Un tramo trialero (el único de verdad en toda la carrera) fue aprovechado por Prats para morrearse con el suelo, qué manera de ceprenar!!

Rallaban las nubes el cielo y el sol se escondía cuando, pocos minutos antes de las 8 de la tarde, cruzábamos la meta. Estábamos en Granada, en el Llano de la Perdiz, ante una bienvenida surrealista: en medio de un descampado, una diminuta pancarta marcaba el fin de la carrera y del sufrimiento, 2 voluntarios esperaban con apenas 3-4 litros de agua calienteque habían de durar para nosotros y para los que llegaran por detrás todavía… la pantomima era mastodóntica.

Por su esto fuera poco, habían conseguido algo realmente complicado: habíamos llegado a Granada sin ver en ningún momento la ciudad, y mucho menos la Alhambra. Marcos venía todo el día pensando en llegar a Granada viendo una panorámica fabulosa de la ciudad desde lo alto, con la joya que es la Alhambra, pero no habíamos visto nada de nada. Desolador, la organización se superaba a sí misma a cada paso. Suerte que ya se acababa, ya no les quedaba mucho más margen para cagarla.

Habíamos recorrido 120km, pero sé que igualmente hubiéramos hecho 160, 200 o los que nos hubieran echado. Al final acabas por entrar en un estado de negación de la realidad, de automatismo, de limitación de funciones, que permite al cuerpo pedalear, pedalear y seguir pedaleando. Limita el resto de gastos energéticos al mínimo para concentrarlo todo en tirar para adelante. Y con ello el raciocinio, riges lo justo para respirar y mantener un equilibrio precario en la bici, pero no sabrías contestar ni cuánto son 2+2.

Claro que aún queda la guinda del pastel: recorrer 8-10km por Granada hasta el Palacio de Congresos, donde estaba instalada la llegada “oficial” en la que subías en bici a un pequeño estrado para recoger el pedrusco que te acreditaba como “finisher” de la Titan Desert. Vamos, un pisapapeles gordo.
Y de allí otros 2-3km más hasta el estadio de Los Cármenes donde había que dejar las bicis y coger los coches de la organización que nos llevarían al hotel, al que arribamos pasadas las 21h (recuerdo, la cena de trofeos era a las 22h)

El hotel realmente era una pasada, precioso, con camas comodísimas y una ducha maravillosa a la que hicimos más aprecio que un mono a un plátano. Y entre ducharse, cambiarse, descansar algo y volver al Palacio de Congresos, lugar del ágape, se hicieron casi las 23h.
Y por supuesto ahí no espera ni Dios a los últimos, la gente ya estaba casi acabando de cenar. Un menú que esperaba con ansia, pues barato no era (a los acompañantes y familiares que quisieran acudir, les soplaban 50 o 60€), y que resultó ser la enésima cagada de la organización de la Titan Desert: comida precongelada, escasa y sencilla, tanto que el postre eran unas natillas de sobre de las de toda la vida… El vino acompañaba la mediocridad reinante, y visto el ambiente tan vacuo de la cena, Marcos y yo, en acabar nuestro rancho nos fuimos al hotel sin esperar a las entregas de trofeos y demás actos que tendrían lugar.

Al día siguiente, levantarnos a las 8h en una cama espléndida (sólo faltaría mejor acompañante que Marcos, femenino a ser posible) sin que apremie el despertador, y pegarnos hora y media de reloj almorzando en el mejor desayuno-buffet que he probado en mi vida (minipunto para la organización, aquí si) fue estar en la Gloria.
Tan sólo nos quedaba empaquetar las bicis (que los caraduras de nuestros mecánicos tenían que hacer y no hicieron, no contratéis Artsport Bikes, fatal) por la mañana, tomarnos una Alhambra 1925 en la Plaza Nueva e irnos al aeropuerto, volar a Barcelona, coger el tren a Lérida, y regresar en coche a Ainsa. Se escribe rápido pero costó algo más tanto transbordo y periplo.



Epílogo:

Hay tantas cosas que decir de la Titan Desert a modo de resumen, que para no dejarme mucho, haré una lista de cosas positivas y negativas.

Mejor empiezo por las negativas, que deja mejor sabor de boca acabar con lo dulce 

Negativas:
• Muy caro para los servicios generales que ofrecen, tanto la inscripción como los complementos adicionales (no es de recibo pagar 20€ por media hora de Internet, ni pagar 10€ por foto en la web, ni pagar 50-60€ por la cena final los acompañantes siendo un cubierto de regular calidad, etc).
• Pese a que se está en mitad de la nada, algunos aspectos del campamento deberían estar mejor solventados. Especialmente respecto al agua caliente, duchas, baños, y los colchones infestados de pulgas y chinches.
• El recorrido ha sido bastante anodino, feo en ocasiones. Se salvan la etapa 3 y parte de la 1, 4 y 6. Por lo visto el problema ha sido que los puntos de salida y llegada de la carrera eran fijos (Erfoud, Granada) y había poco espacio para la imaginación al trazar la ruta. Otros años es más bonita, se ve que hemos tenido mala suerte
• Lo venden como una experiencia, una aventura con unos valores y un compañerismo especiales, cuando es una carrera pura y dura donde apenas alguien saluda en carrera, ayuda al que tiene un problema o es amigable.
• Todo lo relacionado con el traslado a la península le ha venido grande a la organización (RPM events), es una salvajada hacer pasar por ello a los ciclistas. Además el barco no reunía condiciones para descansar, ni la comida que servían en el. Y el final en Granada, sin una sola vista de la Alhambra o la ciudad, es un crimen. Además ponen la cena a una hora sin pensar en los que vamos justos para acabar la etapa.
• No es una prueba de navegación, sino que el recorrido está casi completamente marcado. Esto hace que todos dejen de lado el roadbook y cuando hay algún fallo de marcaje nos perdamos todos. O una cosa u otra, pero la indefinición es mala.
• Hay tanto marketing detrás de la Titan Desert que cuando luego ves cómo es por dentro, decepciona. Crean demasiadas expectativas.
• Corredores que robaban cosas de las bicis por la noche, o en la sala de carga de aparatos electrónicos (gps, cámaras, etc). Indeseables los hay en todos lados.
• El trato al ciclista “mediocre”, que somos casi todos los 100 últimos, es muy mejorable, especialmente viendo cómo se cuida y mima a los “famosos”. Son detalles pequeños, pero todos suman y es palpable.
• Habrá alguno más que me dejo, pero quiero acabar repitiendo lo que he escrito en el texto: es LAMENTABLE, VERGONZOSO e INDIGNO cómo queda el desierto a nuestro paso. Las cantidades ingentes de basura que los corredores dejan (me niego a incluirnos aquí con el resto) a su paso me dejó con una sensación de cabreo y mala leche difícilmente transmisible en palabras. Y por supuesto no se recoge, se limpia la parte cercana a los avituallamientos, pero nada más. No puede ser que a RPM Events (la organización) se le llene la boca hablando de respeto a un medio tan delicado, frágil y bello como el desierto, mientras los corredores lo llenan todo de porquería, de manera completamente innecesaria. Hay lugares de auténtica vergüenza ajena en cuanto a basura. Lo repetían todos los días pero nadie hacía ni caso, y ellos no tomaban ninguna medida para solucionarlo. Por supuesto ellos no tienen toda la culpa, la principal es de los propios corredores, muchos de los cuales son unos guarros indeseables. Pero su deber es ponerle coto y no lo hacen. Sobre todo porque muchos de los menos cuidadosos son los que luchan por las primeras posiciones y claro, no van a echar de la carrera o multar a según quien. Y parece que los responsables marroquíes o no lo saben o hacen la vista gorda. Cámaras pinchadas, cubiertas rajadas, bombas de mano, cartuchos vacíos de co2, botellas de agua y powerade, bidones, plásticos, envoltorios de geles y barritas… Que la arena lo sepulte. Que el marketing lo oculte.



Positivas:
• Es una experiencia enriquecedora, conoces gente maja, y si eres un pringadillo como nosotros, realmente pones a prueba tus límites.
• Siempre es un placer conocer sitios nuevos, y las pocas zonas bonitas que atravesamos, realmente eran muy bonitas.
• Los voluntarios se portaban de maravilla, unos cracks. Y los currantes de la organización igualmente (que no los jefes).
• El campamento, con todas sus limitaciones y defectos, no deja de ser un lugar diferente, magnético y con su punto de “aventuresco”.
• Los marroquíes, gente educadísima y respetuosa, sonriente y afectuosa. Podríamos aprender mucho de ellos.
• La comida es casi siempre la misma, y no pueden pedirse maravillas, pero la hay en cantidades industriales, los horarios de comedor son amplísimos y es imposible que nadie se quede con hambre.
• Los avituallamientos tienen líquido de sobras, y da una tranquilidad inmensa.
• El servicio médico es muy bueno, en todos los sentidos.
• Seguro que me dejo algo, pero para acabar, remarcar que pese a todo lo malo vale la pena la experiencia, las cosas buenas





En resumen, y para acabar, una experiencia enormemente enriquecedora. Ni por un momento me arrepiento de haberla realizado, todo lo contrario… no me gusta competir, pero esto era competir contra mí mismo en mi interior, y eso te ayuda a avanzar como persona, a replantearte tus capacidades, y a darte cuenta de que se puede llegar mucho más lejos de lo que uno se cree. El aguante del cuerpo humano es casi ilimitado, sólo hay que convencer a la cabeza de que acompañe. A mi me ha abierto los ojos, en el sentido que ahora sé que soy mucho más fuerte, y mi convicción también.

Eso sí, no pienso volver :)

Pero es cierto que ya estoy investigando más carreras/marchas de este estilo, en busca de una que me cuadre, quien sabe, tal vez…


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