Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

13 jun. 2009

Mashkun

Palabra árabe que vendría a significar “lugar habitado por demonios, espíritus y seres sobrenaturales” Según cuenta Lucien Briet, de aquí viene el nombre de Mascún.

Sin saber a ciencia cierta de su veracidad o imaginación, sólo puede estarse de acuerdo con lo acertado del topónimo. El Mascún es un cañón extraído de lo más profundo de la mitología y entregado a Guara como ofrenda suprema, colofón a su vasta y particular riqueza.

Cuando los griegos sueñan con el Olimpo y sus dioses, sueñan con la escarpada belleza de sus paredes.

Cuando los romanos rezaban a sus dioses, los hacían tomando baños en las marmitas de la cascada de Peña Guara.

Cuando los vikingos honraron a Odín, lo veían pasear entre sus proas y agujas.
Cuando a los cristianos les fue concedido el bautismo, éste se llevó a cabo en el saltador d´as Lañas.

Cuando un bebé nace, sale al mundo a través de los oscuros de Otín.

Dejando a un lado su misticismo, el Mascún cuenta con otra historia, tal vez menos evocadora, a la par que más dura y adusta: sus gentes.
Durante generaciones, para las familias de Otín, de Letosa, de Bagüeste este cañón supuso un regalo envenenado. Agua donde erigir un molino, cauces fértiles que domesticar, fajas solaneras y protegidas para las cabras, incluso tal vez pesca.
Todo ello a un precio que se pagó sin rechistar por muchos decenios: horas de caminar para cultivar unos huertos que cada año eran deshechos por las crecidas; meses de trabajo para proyectar y construir caminos seguros donde no había un palmo de buen terreno; cansancio y tiempo para cruzar esta grieta inmisericorde camino de los prados de Santa Marina; animales despeñados, o extraviados que había que encontrar y transportar de vuelta al pueblo…

Puede que todo esto explique en parte porqué ahora Otín, Letosa y Bagüeste son ruinas de la memoria, porqué las cabras llevan 70 años asilvestradas por las laderas del Mascún, porqué los huertos de Juan son sólo un recuerdo, el molino y azud de Letosa un montón de piedras o el camino de O´Turno se cae a pedazos.

Para nosotros, que cargábamos en el macuto con todo esto, además de las cuerdas, los ochos y los neoprenos, Mascún es una tercera historia.
La historia de una singladura a través de un calidoscopio natural. Reflejos de luz y agua persiguiéndose por las paredes, ecos que vienen y desaparecen con cada paso, rumores de agua entrecortados por momentos de silencio sepulcral. Pozas que contienen todas las tonalidades del verde, cascadas repicando contra la caliza, toboganes traídos de un parque infantil, corrientes de agua cristalina que arrastran hojas de arces, tilos, tejos, carrascas o tremoletas. Árboles y plantas desafiando la gravedad que se apuestan la vida contra los pétreos acantilados. Enredaderas y flores brotando como mariposas al murmullo del torrente…
Privilegiados disfrutando de las catedrales de la naturaleza para nosotros solos: naves, bóvedas, arcos, torres, anfiteatros, oratorios…

Déjate arrastrar por la corriente, de espaldas. No entornes los ojos, ábrelos y contempla como ahí arriba, muy arriba, donde tocan a su fin los inmensos precipicios que te abrazan, las hojas te saludan ondeando al viento, las rapaces cruzan el cielo y las nubes se persiguen sobre un fondo azul sólo roto por iridiscentes rayos de sol.

5 jun. 2009

A la rica Peña!!

Nuestra vecina la Peña Montañesa es una caja de sorpresas todavía (afortunadamente) muy virgen debido en parte a su localización. Al hallarse tan a la vista, tan expuesta a los ojos de todos, adquiere una aureola de habitualidad que, al igual que ocurre entre parejas con muchos años de convivencia, entre tú y tu viejo despacho de trabajo o entre tus oídos y un éxito musical mil veces radiado, consigue que la veamos casi transparente, que no fijemos en su mole la atención que merece. Al fin y al cabo, siempre ha estado allí, siempre estará y cualquier día que me acuerde de darle importancia podré ir a visitarla y echarme un almuerzo con ella.
Esto nos pasa a muchos habitantes de Ainsa y el resto de Sobrarbe que nace, crece y envejece a su sombra.

Reconozco y confieso que hasta hace unos pocos años era otro de los que consideraba la Peña parte del decorado inanimado de su vida. Esto ha ido cambiando y ahora me considero un enamorado de sus paredes, de sus secretos y del inmenso mundo de Bajo Peñas.
La Peña Montañesa desde mi casa. En naranja la ruta del encinar, la Canal Mayor y la Faixana Alta. En verde el recorrido de la Faixa Toro.

Nos hemos acercado un par de veces en estos últimos 10 días a transitar algunas de las zonas más espectaculares de este gigantesco peñasco, parte occidental de la Sierra Ferrera, que es como se denomina propiamente a toda la sierra que atraviesa de este a oeste la parte oriental de Sobrarbe y separa la zona de La Fueba del Macizo Cotiella y la Bal de Chistau. La Peña Montañesa es en nombre de la mayor elevación (justo la más occidental de las peñas) que alcanza los 2291metros http://an.wikipedia.org/wiki/Pe%C3%B1a_Monta%C3%B1esa .

El primer día salimos de Oncins, el pueblo más alto de la zona, pegado al monasterio de San Victorián, más que nada porque al bajar nos íbamos a poner ciegos de caracoles en las Bodegas de Casa Ambrosio, un precioso (y delicioso) restaurante del pueblo.
Comenzamos recorriendo el inmenso encinar que conforma las laderas sur de la Peña, un vasto océano de centenarias carrascas que crecen apretadas, retorcidas, cubiertas de líquenes, dando vida y forma al (para mí) bosque más hermoso de todos los que pueblan nuestro Sobrarbe. Seguro que hasta tiene elfos y gnomos.

Al llegar a la pedrera que baja de la Canal Mayor cogimos monte a través e iniciamos la subida por el bosque, hasta llegar a los pies de las inmensas paredes de la Peña, donde termina el bosque y comienza la piedra.
La Canal Mayor, como su nombre indica es una canal que baja bastante vertical cortando por la mitad la pared que es la vertiente sur de la Peña. Destaca sobre manera vista desde lejos, pero hasta que uno no llega allí no se da cuenta de su inmensidad. Te vas metiendo poco a poco en el corazón de la pared, en el tajo que un hachazo imaginario dio hace eones al acantilado.
Una “V” por la que se gana altura rápidamente a costa de pasos no muy comprometidos pero siempre empinados, y en 3-4 de ellos se precisan las manos para ayudarse a trepar, pero no debe haber más de 2º o 3º grado de dificultad técnica. Hay un par o tres de zonas más delicadas y expuestas que requieren experiencia en la montaña, y además se precisa conocer el camino para no enriscarse, porque el terreno es propicio para ello.
Con vistas a echar una mano a los que pueden venir después nuestro (y dado nuestro carácter de miembros de la Asociación de Amigos de los Caminos Tradicionales de Sobrarbe) dejamos bien marcados todos los recorridos por los que pasamos, tanto las zonas comprometidas de la Canal Mayor como más adelante las fajas por las que anduvimos.

Cuando ya se divisa el colofón de la canal, un desvío que se adentra en la pared nos indica el comienzo de una de las fajas que atraviesan de este a oeste las escarpadas paredes de esta cara. Nosotros buscábamos la Faixa Toro, la más conocida y espectacular de todas ellas, pero el GPS nos confundió y haciendo caso omiso al desvío (tras una breve discusión) continuamos subiendo hasta desembocar en el camino tradicional que asciende a la Peña desde San Victorián. Una vez allí cogimos el desvío que creíamos correcto, que resultó ser el de la faja más alta de todas, la Faixana o Faixana alta.

Se trata de una faja muy ancha, corta y que se encuentra a 50-60 metros por debajo de los prados altos de la peña. Desde luego es preciosa, cuelga por encima de la pared y nos ofrende una panorámica inmensa de Sobrarbe, maravillosa.
En poco más de media hora termina la faja, que nos deja nuevamente en el camino tradicional. Desde allí ya descendimos hacia Oncins para apretarnos la bien ganada caracolada.

Por supuesto esto no iba a quedar así, por lo que decidimos durante la comida que la semana siguiente volveríamos a hacer por fin la Faixa Toro, cosa que puntualmente realizamos esta semana.

Comenzamos por la vía normal de ascensión desde San Victorián y a la hora, un poco más abajo de las Goteleras cogimos el desvío (que ya dejamos indicado la excursión anterior) a la Faixa Toro, la cual se alcanza tras descender una canal llena de vegetación pero sin ningún peligro.
En cuanto se llega a la Faixa toda la perspectiva cambia. Lo que se ve una minúscula línea vegetal desde la lejanía se transforma en un resalte bastante ancho, que oscila entre los 3 y o los 10 metros de anchura (4-5 la mayor parte).

Primero la faja es muy pendiente y llena de piedras, pero conforme se avanza se hace más llana (aunque siempre va algo contraperaltada) y gana terreno la vegetación. Mientras avanzas, aparte de disfrutar del paisaje y concentrarte en dar los pasos con seguridad (nunca está de más tener cuidado, aunque haya mucho margen), pierdes el sentido de donde te encuentras, pero sólo es necesario detenerte, echar la vista atrás y con perspectiva contemplar la estrecha franja de terreno por la que has venido, tabicada a la izquierda por una pared vertical de 250m y a la derecha cerrada por la nada.
Un abismo de 400m de caída que se extiende hasta el infinito, mostrándonos casi la mitad del Sobrarbe a nuestros pies. Se ven las fronteras con la Ribagorza, Somontano, Hoya de Huesca y Serrablo. Parece pintado, un cuadro de Thomas Moran http://images.google.es/images?sourceid=navclient&hl=es&rlz=1T4GZEZ_esES315ES315&q=thomas%20moran&um=1&ie=UTF-8&sa=N&tab=wi o Albert Bierstadt http://images.google.es/images?sourceid=navclient&hl=es&rlz=1T4GZEZ_esES315ES315&q=Albert%20Bierstadt&um=1&ie=UTF-8&sa=N&tab=wi
El trozo más espectacular es el momento que la faja rodea el inmenso Pilar de Sobrarbe, desde donde se observa gran parte de la Faixa Toro en perspectiva con las paredes que la cercan, y se disfruta de una vista sin obstáculos de más de 200º de amplitud. En esta plaza nos dispusimos a almorzar y quemamos las cámaras de fotos, porque bien vale la pena el sitio…
La faja aún continúa un rato, entrando hasta desembocar en la Canal Mayor. Allí remontamos hasta el camino tradicional y bajamos por él de hasta los coches con la alegría del deber cumplido.
La Peña y Torrelisa. En naranja se aprecia la Canal Mayor y en verde la Faixa Toro