Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

23 ago. 2009

Un verano en Karjedón


Antígono (Tigo): Al estar aquí intentando devolverte a la vida me he acordado de algunos discursos sobre la renuncia. En la India hubo hace mucho tiempo un piadoso predicador de la renuncia, Gotamo; el gran rey Ashoka, quien unificó a la India, se convirtió a su doctrina e incluso envió mensajeros hasta Alejandría para extender las pacíficas enseñanzas.
Aníbal Barca: ¿Renunció ese rey al mundo y la conquista? No recuerdo haber oído nada sobre la disolución del imperio hindú
Antígono (Tigo): Las palabras sensatas son para reflexionar sobre ellas, seguirlas sería demasiado. Gotamo, ese piadoso predicador decía más o menos esto: “Quien renuncie a la vida mundana debe guardarse de dos muertes. La vida en los placeres es una muerte vulgar y vil; atormentar el propio cuerpo también es innoble. El camino intermedio crea luz y conocimiento; ese camino intermedio lleva a la paz, el conocimiento, la iluminación. Pero el camino intermedio es el sendero de ocho ramales; creencias justas, decisiones justas, palabras justas, actos justos, vida justa, ambiciones justas, pensamientos justos y el justo abandonarse a uno mismo. Además, hay cinco dolores: el nacimiento es un dolor, la vejez, la enfermedad y la muerte son dolores, ser uno con el desamor y vivir separado del amor es un dolor. El dolor surge de las ansias: ansias de placer, de llegar a ser, de caducidad. Pero la supresión del dolor es la supresión de las ansias y la anulación del deseo”
Aníbal Barca: Yo deseo algunas cucharadas más de caldo, oh letrado y sapiente Tigo.


Durante este mes de julio y la primera quincena de agosto he vivido dos realidades paralelas, he estado a caballo entre dos mundos tan diferentes como la nieve y el fuego.

He estado trabajando como todos los veranos, muchas horas y muy poco tiempo libre. De la cama al trabajo y de este a la cama. Cuentas, reservas, ventas, problemas, enfados, estrés. Un cúmulo de cosas que fagocita el ingenio y termina por bloquearte, una rutina donde lo único que varía el horario son los problemas que van apareciendo repentinamente.

El escaso tiempo libre (minutos a media tarde, o por la mañana, y sobre todo las noches, ese espacio entre recoger los platos de la cena y apagar las luces) lo he dedicado a leer un maravilloso libro.
Mejor aún, me he sumergido en la historia del mar Mediterráneo en el S. III A.c. de la pluma de Gisbert Haefs, el creador de este mundo paralelo que ha sido "ANÍBAL".

- Olvidar los problemas del día entre las calles de Karjedón (la antigua Cartago, también llamada Kart Hadta), paseando entre los mercaderes del puerto de la mano de Antígono, un extranjero (meteco) heleno, banquero y comerciante, amigo íntimo de la familia Barca a lo largo de las más de cinco décadas que cubre la historia.
- Trivializar los quebraderos de cabeza ante la visión de las docenas de batallas que conformaron las Guerras Púnicas, fosa de decenas de miles de soldados, esclavos y mercenarios que murieron con menos razón que con ella.
- Engañar el cansancio gracias a los viajes por mar con Antígono, desde las Islas Afortunadas hasta Britania y el gran hielo, desde Macedonia hasta Iberia. Y gracias al increíble marchar del ejército púnico desde Iberia hasta Italia atravesando los Alpes con 32 elefantes (de los que cruzaron los 32) al mando de uno de los mayores estrategas que ha conocido el mundo: Aníbal Barca.


- Disolver la rutina con los inmensos combates entre los ejércitos púnicos, con su catafractas, jinetes númidas, lanceros libio-fenicios (pseudo-Holpitas), honderos baleares, elefantes… contra las legiones romanas (hastatis, triariis, principes) siempre bajo la inmensa sapiencia militar de Aníbal, indiscutiblemente el mejor estratega de su época. Batallas como la del Trebia, Cannas o Zama (pese a perderla) fueron obras maestras de estrategia militar.
- Suavizar el estrés con la emocionante historia de la conquista de Iberia por los púnicos, la explicación detallada de las sociedades y el comercio de los distintos estados a orillas del Mediterráneo, su sistema político y las luchas de poder internas… todo ello poco a poco ayuda a formar una idea precursora acerca del porqué de la actual disposición estatal alrededor del mar.

A través de los ojos de Antígono y de varias cartas de sus allegados se desarrolla la vida adulta de Amílcar Barca, y su hijo Aníbal, de Asdrúbal El Bello, de Hannón el Grande, de la primera unificación de Iberia, la creación de Nueva Karjedón (Catagena), el auge y posterior sometimiento de Karjedón ante Roma, la lucha por el dominio marítimo y las exploraciones de los diestros navegantes púnicos, las luchas helenas, los cambios en Egipto y Macedonia, la opresión romana contra los galos.

Una maravillosa tormenta de ideas, información, perspectivas e historia contada con una narrativa embriagadora, que me hace preguntarme en ocasiones qué tierra estoy pisando. En sus más de 800 páginas (de letra diminuta) me da tiempo a saborear tantas situaciones (amor, júbilo, amistad, odio, tortura, negocios, dolor, filosofía) y todas ellas tratadas con gran sensibilidad o rigor, según proceda.

Haefs consigue sacarme de mi salón o de mi cama para transportarme a la cubierta de un Trirreme frente a la costa de Sicilia, a un collado alpino cubierto de nieve azotado por una tempestad, a las ruinas de Zakantha (Sagunto) o a la preparación de la batalla del lago Trasimeno.

Ha sido un verano menos estresante que otros, y quien sabe si estos maravillosos viajes han sido en parte culpables de ello.
Sólo sé que desde que volteé la última página de “ANÍBAL” el estrés se ha incrementado. Será que ahora son los días más fuertes de todo el verano…
Será sólo eso???

Antígono (Tigo): … ¿Dónde has estado estos últimos años? He oído rumores sobre Armenia.
Aníbal Barca: Sí. Estuve con el rey Artaxias, limpié sus bosques y calles de ladrones y proyecté una ciudad para él. Pero… -señaló la negra superficie de de agua que se extedía allí abajo, cubierta por la sombra de las montañas. …
Antígono (Tigo): ¿Pero qué? ¿El mar?
(Aníbal me miró; en la mirada de su único ojo se reflejaba una extraña mezcla de sentimientos. Pena, obstinación, nostalgia, rechazo, desilusión, orgullo…)
Aníbal Barca: Tú también eres así –dijo a media voz.
Antígono (Tigo): Así que fue por eso. No querías abandonar este mar.