Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

28 feb. 2009

Un día inolvidable


Comenzamos en Asque, pueblecito del alto Somontano, en la Sierra de Guara, a donde llegamos, como siempre (tarde), Oriol, Angelón y yo. Allí nos espera Xavi, puntual como de costumbre. Felicitamos su reciente paternidad y echamos un bocado antes de empezar, que la jornada tiene tela…
Hoy, por fin, acometemos un recorrido que Angelón lleva puliendo tiempos, con la ayuda de varios tracks de Carlos Javierre. Queremos visitar el río Vero, el impresionante pueblo de Alquézar, el Mesón de Sevil y alguna sorpresa por el camino…
De Asque tomamos una pista que llanea con tendencia al descenso en dirección al Vero, que finalmente se convierte en sendero, corto pero divertido, escalonado y técnico que finaliza en el mismo cauce del río. Es una pena los pasamanos de seguridad que han puesto, totalmente innecesarios, ya que apenas hay peligro de caída y afean las fotos.
Cruzaremos el Vero por el puente del molino, edificio este que bien merece una ojeada, porque si bien poco restaurado, es muy bonito. Como tantas cosas por estas sierras, es de propiedad francesa.

Guara es famosa por sus cañones deportivos, y muchos de ellos fueron “descubiertos” y puestos en valor por franceses. Venían aquí a hacer lo que les estaba prohibido en su país (aun recuerdo de crio como pasaban por Ainsa coches y motos de raid que venían a navegar las pistas del parque, algo totalmente prohibido al otro lado de la frontera). Total que ellos empezaron a explotar y apreciar esta zona, y como consecuencia muchos se han instalado aquí y tienen diversos negocios, casas, empresas…

Dejando a un lado la historia, la ruta continúa. Ahora por una pista durísima que nos va a llevar al pueblo de Alquézar. La última parte de la subida nos desviamos por un sendero entre olivos y muros que nos mete directamente en el pueblo, en vez de rodearlo, porque es parada obligatoria. Bueno, parada parada…porque no dejamos de ciclar sus calles y plazas, siempre en pendiente, y de hacer fotos a todo lo que se menea. En tiempos fue un baluarte fundamental de los musulmanes, una plaza fuerte defendida de manera natural por los acantilados del vero y las estribaciones de la sierra de Sevil.

Precisamente allí es donde nos dirigimos a continuación, a Sevil, sierra que de norte a sur aprisiona el río Balced en uno de los cañones más salvajes de España. Dicha sierra fue durante siglos la principal vía de comunicación entre el Somontano y el Sobrarbe, y una cabañera la recorría por su cresta hasta Sarsa de Surta y el castillo de Boltaña. Actualmente la mayor parte de la cabañera es una pista, por la cual subimos ahora. Nos vamos a jalar 900mts de desnivel del tirón, sin rampas duras, pero siempre continuadas, dejando atrás la ermita-mirador de San Gregorio, las casas de San Pelegrín y al fin llegar al mesón de Sevil, que ahora es refugio sin guarda, pero que muchos años ha debió ser un lugar muy animado y transitado por viajeros, comerciantes y ganaderos.
Cuando llegamos y nos pusimos a darle al bocadillo, unas parejas aprovechaban el rato preparando un asado en el fuego del mesón (nota mental para una futura vuelta) y dándonos una envidia…

De Sevil cogimos una nueva pista que nos iba a llevar en dirección de vuelta, con tendencia de bajada. Al poco nos desviamos por un senderito ciclable de ida y vuelta que nos permitió visitar los pozos de nieve de Campo Luengo. El primero, con techo abovedado de crucería resulta espectacular!!!!
Proseguimos y donde la pista se convierte en sendero aparcamos las bicis para disfrutar de otro de los puntos extraordinarios de la ruta: el abrigo de Chimiachas, en una de las paredes del barranco del mismo nombre, que contiene la pintura rupestre de un ciervo espectacular, una de las grandes pinturas de arte levantino de la península. El ambiente del paseo (160mts de desnivel y media hora larga de ida y vuelta) resulta fabuloso, pues nos introducimos en un barranco estrecho y abrupto, donde el agua ha erosionado con gusto las paredes. Tienes la sensación de haber retrocedido hasta un paisaje neolítico.
De vuelta a las bicis no lo sabemos, pero la próxima hora de ruta va a aproximarse al éxtasis supremo…

Acaba la pista y continúa un sendero buenísimo, técnico y pedregoso (pedregoso hasta para Guara, alguno ya sabe a qué me refiero…) colgado por unos riscos, con unas vistas fabulosas del vallón por el que hemos subido pedaleando antes y del Tozal de Guara al fondo. Sublime.
El camino se hace más rápido y accesible, aunque muchas curvas no se ven por la maleza y más de una vez nos metemos campo a través. Llegamos a una curva… y los ojos se van del sendero, se quedan fijos de frente, al brutal cortado que tenemos allá adelante: los precipicios excavados del cañón del río Vero. Unas paredes con tonalidades amarillentas, rojizas, blanquecinas, decenas de abrigos o covachas horadadas hace milenios por el agua. La combinación del frenetismo del descenso con estas visiones resulta abrumadora, nos pone los pelos de punta. Tiramos docenas de fotos y ya contentos como para un mes nos subimos a las bicis… ingenuos!!!

El sendero continúa trepidante, más piedras, más curvas, más velocidad, más paisaje, más madera!!!!!!!!
Un buen rato después salimos a una pista, con las piernas temblando de la emoción, y siempre con el omnipresente Vero muy abajo, a nuestra zurda. Medio km de esta pista que desemboca en las balsas de Basacol, lugar de abastecimiento de agua para Alquézar, que ha sido reconvertido en unas piscinas que recuerdan Roma, empedrados, escaleras por las que se vierte la corriente de una balsa a otra, árboles, césped, mesas y bancos. Mucho dinero gastado con mucho gusto.
Pero al tajo, que el camino sigue!!! Trialera para abajo, cada vez más enchufados, van apareciendo ante nosotros las murallas y torreones de Alquézar, los cortados de las paredes, las hileras de almendros y oliveras… el paisaje es mágico, el camino también, el éxtasis aumenta!!!

Y va a llegar a su clímax con lo que falta: Villacantal. Nos tiramos a tumba abierta por el descenso de Villacantal, hasta el puente del mismo nombre, que cruza el Vero allí abajo entre farallones de caliza. Es el camino por el que suben del río los barranquistas que han realizado el descenso del cañón del Vero. Un sendero excavado en una ladera muy vertical, con curvas cerradísimas y enlazadas (de las que si mueves piedras con las ruedas luego te caen encima en la siguiente curva) y una diagonal final apoteósica, irracional, que se estrecha y empina conforme ves acercarse el verde del agua. Derrapada salvaje cuando llegamos abajo, tiramos las bicis a cascarla y nos miramos con los ojos brillantes y la sangre hirviendo... un momento donde todo lo que se dice suena a verdad absoluta y venderías tu alma por volver a estar en lo alto del sendero de nuevo.

Recuperados como buenamente podemos del estado de shock porteamos las bicis un trecho de barranco hasta encontrar la pista que sube de vuelta a Asque. Para enfriar los ánimos, 1/2 Km. al 20-25% de desnivel. Y luego aún un trozo más hasta llegar a los coches. Pero ya todo importa poco, el día ha sido perfecto, 7 horas de monte, la cabeza como nueva, las piernas agotadas, y el corazón contento.
Qué mas podemos pedir???
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