Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

21 abr. 2010

Nuevos tiempos

Los nuevos tiempos no tienen memoria.
Por ello es nuestra responsabilidad recordársela.
Los errores que se repiten son subsanables, y muchas veces callamos.
Es lo más fácil, a veces incluso advertirlos puede ser considerado hipócrita.
Pero y si no está en nuestras manos arreglarlo, qué podemos hacer más allá de lanzar una advertencia que siquiera se sabe dónde, cuándo y cómo acabará?

Un pueblo olvidado, uno de tantos aquí en Sobrarbe. Somos apenas el 30% de los habitantes que trabajaban estas tierras hace al más de medio siglo. Pueblos y casas poderosas, fuertes, trabajadas.

Cientos, miles de horas empleadas en domeñar terrenos salvajes, que ahora quedan en la opaca evocación de laderas en curiosas fajas repletas de pinos repoblados, de casas espaldadas entre la maleza, de curiosos tramos de perdidos caminos enrollados bajo la vegetación, de una generación que va desapareciendo sin que casi nadie recoja sus recuerdos como oro en paño. Historias que la historia no tiene a bien conservar, contar y difundir.
Es muy loable aprender la historia sumeria o nepalí, conocer a Adam Smith o George Washington. Es necesario saber, pero para los que vivimos en Sobrarbe, no por encima de nombres como Lucien Briet, San Úrbez, Navarra (no la de Pamplona) o el Puente del Diablo.
Saber en qué basó su supervivencia esta tierra, en cómo era hace 100 años, en cómo somos ahora y en qué vamos a sustentar nuestro futuro. Pensar que igual apostarlo todo al mismo número no funcionó entonces y ahora puede tampoco funcionar a la larga, pensar que tenemos un patrimonio inmenso latente, que además de ser precioso y aprovechable, nos aporta más identidad (por familia, apellidos,…) personal.

Un pueblo olvidado, uno de tantos aquí en Sobrarbe. Con un pajar que es una obra de arquitectura fabulosa, con un aljibe inmenso, con una casa grande, hermosa y llena de detalles, con fajas y fajas ganadas al monte, abancaladas por muros de una calidad de piedra y construcción sublimes, con un camino empedrado de 2-3 metros de anchura…
Y con docenas de oliveras grandes y hermosas, muchas de ellas arrancadas de cuajo por excavadoras para replantar las fajas con pinos de repoblación, paradigma del “avance” de los nuevos tiempos.

Qué suerte haber conocido este pueblo!!
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