Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

14 nov. 2010

Crónicas dolomíticas: Llegada y día 1, Fornesighe, Zoldo, Fiames, Dolomismo

Historias. Las piedras tienen historias labradas en pliegues y aristas. Historias que recorren sus caras angulosas. Historias que susurran cuando te acercas a ellas, cuando las tocas, cuando las acaricias.
Son historias que, cuando las pisas con tus botas o te aferras a ellas con todas tus fuerzas, se cuelan en tu interior. O no, quizás eres tu quien pasa a formar parte de ellas.

Al fondo de la llanura veneciana veía alzarse murallas relucientes, toda una barrera de paredes grisáceas con las puntas teñidas de blanco, como las olas rompiendo espumosas en un malecón durante una tarde de tormenta.
Dolomitas.
Y la furgoneta con la que Santi me había recogido minutos antes del aeropuerto Marco Polo iba directa hacia allí.

Santi Padros tiene una empresa de guías, Dolomismo y es un auténtico crack! Ha sido un placer compartir rutas con el. Seguro que no será la última, allí y aquí. Además de divertirme he aprendido mucho. Muchas gracias por todo!!

Conduciento entre viñedos de Prosecco, entre viaductos imposibles y túneles inacabables, a través de las primeras elevaciones del terreno, nos llegamos a Belluno y de allí a Longarone, pueblo extraño, todo hecho de hormigón.
Hace casi 50 años, acabada de rellenar la presa de Vajont, justo encima de Longarone, una ladera entera se deslizó dentro del embalse provocando un tsunami de 250m de altura que destrozó completamente el pueblo y varias villas adyacentes. Casi 2000 personas fallecieron. (Al reconstruirlo, siguiendo las modas de entonces, lo hicieron todo de hormigón y por eso destaca tanto entre el resto de pueblos). La historia de la presa es más larga y sorprendente, os recomiendo ojear esto: http://www.yesano.com/vajont.htm http://www.unizar.es/aguariospueblos/pdf/caso/VAJONT_UNA_TRAGEDIA_ANUNCIADA.pdf

Allí paramos a comprar un gore en una acogedora tienda de montaña, ya que había extraviado el mío. Dejamos el Piave, río principal por cuyas orillas habíamos ido subiendo y nos encaramamos a un angosto valle formado por el afluente Maè que terminaba abriéndose y dando lugar a la Val di Zoldo.

Este es un pequeño valle dominado por dos imponentes montañas, Pelmo y Civetta, que como todo el resto de Dolomitas cuenta con una profunda e inmensa capa de bosque mixto que combina pinos mugos, abetos, hayas, piceas y alerces en su mayoría.
Su población se encuentra dividida en pequeños pueblecitos, y nosotros nos alojamos en Fornesighe, un precioso pueblecito casi completamente de madera situado en la ladera del passo Cibiana. Esta orografía es la que me obligaba a recorrer 84 escaleras cada vez que tenía que ir a casa de Santi desde mi precioso apartamento. El apartamento forma parte del B&B de Ana, Dormiedisna que es un sitio increible, cuidado con un mimo y un cariño digno de elogio.

Son las 6:05 de la mañana y un sms llega a mi móvil, la luz de la pantalla contrasta con la oscuridad del lugar donde estoy. Donde??? Italia!!!! Mierda, me he dormido!!!! Habíamos quedado a desayunar a las 6 en casa de Santi y yo ya llego tarde el primer día, bufff vaya impresión se va a llevar. Todavía medio groggy tras la boda del sábado, dormilón, cansado… aún quedan 8 días por delante???

Vestirme y hacer el macuto es todo uno, bajo corriendo las 84 escaleras y ya sin resuello entro a desayunar, pidiendo disculpas con vergüenza.
Cargamos la furgo con lo necesario y claro, las prisas me han hecho olvidar el arnés en la habitación, algo más para empezar??

Pillamos uno de Santi, junto con el disipador y el casco, unos bastones y carretera!!
Subimos por el passo Cibiana para cambiar de valle hasta el Cadore y en un hora escasa estamos en Cortina d´Ampezzo, cuna del ski pijo de la zona.
Inmensas moles aserradas y cubiertas de nieve nos han flanqueado el camino: Pelmo, Antelao, Tofanes… el día es claro y despejado, así que la mañana está limpia y fría como un arroyo de montaña. Un mundo de bosque y roca asoma infinito, aún en las zonas más habitadas. Será la impresionabilidad del recién llegado? No creo.
Un café en el pueblo nos despeja del todo, más que por la cafeína por el contraste de temperatura entre el coche y la calle.

Aparcamos en las afueras de Cortina, junto a una pista de atletismo que se haya a los pies de una enorme pared que termina 1000m más arriba. Punta Fiames (2240m). Vamos a empezar con ella para tomar contacto con la zona, subiéndola por la Ferratta Strobel.

Andamos los primeros 400-500m de desnivel por una empinada ladera, primero abarrotada de un húmedo bosque de píceas y más adelante por otro de pino mugo, que más bien parece una zona de matorral. Se trata de una conífera que pese a seguir siendo árbol crece pegada al suelo, expandiéndose ladera abajo y a los lados. De esta manera combate el peso de la nieve durante muchos meses.
Finalmente por una gravera amanecemos en la base propiamente dicha de la pared, y es aquí donde nos equipamos. Unas instrucciones de recordatorio y adelante.
Aunque me han hablado mucho de las ferratas italianas, no es hasta que llego a los primeros hierros cuando realmente me doy cuenta de cuánto cambian respecto a las españolas o francesas. Son vías donde no prima la espectacularidad o la deportividad, sino que tratan de subir una pared o una cresta por la vía más lógica, evitando duros desplomes o placas muy lisas. No han de buscar un extra de espectacularidad porque ya es inherente a ellas. Y no precisan de pasar zonas muy difíciles y deportivas porque no hay clavijas ni grapas. No. No hay. Solamente en pasos muy muy concretos encontramos alguna grapa o algún hierro que sirven de ayuda. De continuo nada más que hay una línea de vida, la sirga anclada a la pared de donde chaparse con el disipador. Y a veces ni eso…
Así es que toca trepar, agarrarse a la pared, pensar en los pasos, vigilar donde nos apoyamos… (bueno, yo vigilo, Santi trisca como una cabra J ) Todo ello te hace sentirte de verdad en la pared, nada tiene que ver con la aséptica sensación de escalera que son las ferratas españolas.

Y aseguro que se disfrutan cien veces más, aunque la piedra esté fría como el polo y haya nieve en muchos trozos.
Así las fotos no dan la impresión de estar en la estructura de un edifico, sino en una pared donde eres tú el que tiene que ir buscándose las habichuelas.

Mientras cuento todo esto, el coche se ha ido alejando, hundiéndose paulatinamente junto con el río, la carretera y la pista de atletismo en una sima de claridad reluciente, al fondo, muy al fondo. Tan abajo que casi se puede tocar.

Un rato después, al llegar una pequeña proa en la pared nos detenemos para tirar fotos y comentar las sensaciones. Estamos por fin al sol y la temperatura ya es agradable. Nos quitamos una capa y rebuscamos algo de chocolate en los macutos.
Sin tiempo para más reanudamos la trepada, flanqueando una gigantesca chimenea que aporta un ambiente tremendo a la ascensión. Una escala ayuda a salvar la placa más lisa de la vía y tras un rato más de continuo mano-pie-mano-pie salimos a lo alto de la pared. Aquí la nieve ya es muy copiosa, una pala sencilla colgada entre abismos y crestas que ascendemos en zigzag con nieve hasta las rodillas.

En pocos minutos estamos en lo más alto de la Punta Fiames. Una cruz hace de vértice geodésico, y es a su vera, resguardados del aire, donde echamos el merecido bocado.
Las vistas sobre Cortina, abajo hundida en el valle, y sobre las bellas paredes que la encierran son embriagadoras. Sólo el viento corta el silencio cuando mi mente huye al horizonte, imaginando cómo, por dónde y cuándo podré encaramarme a todos los riscos que se atisban, pasear por los bosques que se intuyen bajo la roca o perderme buscando todos los rincones imborrables que mis ojos no ven.

Nos ponemos en movimiento buscando un camino que se esconde bajo la nieve, si bien la memoria de Santi demuestra funcionar a pleno rendimiento y no le cuesta guiarme montaña abajo. Unos pasos algo delicados por la nieve nos conducen al inicio de una empinada gravera donde nos tiramos pendiente abajo surfeando piedras y grava. Esperando un descenso tedioso, esto es un regalo. Disfrutamos horrores y en escaso minutos hemos perdido muchos metros de desnivel.
Una diagonal de nuevo por bosque nos conduce a al furgoneta.

Mientras estamos cambiándonos un amigo de Santi le llama y nos invita a comer con el. Lo que no se yo entonces es que voy a comerme un delicioso plato de pasta picante en el cuartel de bomberos de Cortina d´Ampezzo. Pasta, ensalada, prosecco y un corretto (carajillo) de la grappa más fuerte que he probado nunca. Como curiosidad la ensalada se come justo antes del postre, al final de la comida, y el café tanto antes como después de la comida.

De vuelta paramos a comprar sustento alimenticio en un súper que hay bajo la sombra del pico Antelao. Salir del local y ver eso no tiene precio.
Me ducho, estiro y fotografío las maravillas que se ven desde mi balcón. Luego cenamos en casa de Santi charrando un poco de todo y a la cama que mañana hay que levantarse a las 5!!!!
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