Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

18 feb. 2008

Sin título.

Un valle. No, un cañón... Estrecho y alargado, dos paredes que se miran, grietas torneadas por el hielo sirven de improvisados refugios, proas enfrentadas, chimeneas y cascadas por las que baja el agua de la lluvia, animales que corretean y trepan por ellas.

El viento, el tiempo, erosionó las afiladas aristas de las rocas, colocó apósitos en forma de tierra fértil en las fajas creadas por el agua. Y allí nacieron plantas, árboles, arbustos. Justo entre las dos. Metáfora del arraigo de la vida. Vida dura, raíces buscando alimento boquean al aire; vida intensa, las hojas caídas en otoño abonarán la tierra en primavera con nuevos brotes; vida hermosa, llena de puestas de sol y amaneceres, de trinos de aves, del canto burbujeante del río que sirve de unión a las dos paredes.

Paredes eternas, empujan con fuerza hacia el cielo, buscando las nubes. Se dan mutua sombra al paso del día, la una es cobijo un rato, así la otra será cuando el arco del sol se lo impere.
El frío, el calor, la humedad, la sequía, dejan huella en los rostros que siguen mirándose, ajenos a todo, haciendo invisibles para ellas los cambios que han sufrido. Un derrumbe, la nieve en avalancha, una nueva nidada de águilas, y ahí siguen, inmutables, compartiendo un estrecho. Tienen mucho mundo por su otra ladera, más estos escasos metros que los unen/separan les pertenecen a ambas por igual.
Es su separación que las hace formar un todo, una pareja indivisible, la una carece de sentido sin su homóloga, sin su espacio común que las hizo separarse/abrazarse para siempre.
Son dos enamorados…
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