Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

1 oct. 2009

Monte Perdido, cara sur


Es martes, y debería estar con los crampones clavados en la arista del Liskamm, en plena frontera suizo-italiana, a más de 4.500mt de altitud.
Ya que el mal tiempo nos hizo abortar el viaje a Zermatt, esta semana me desquito haciendo montaña por aquí. Hoy le ha tocado el turno a Trigoniero, aunque el mal tiempo me ha impedido pasar de los llanos y subir hasta el ibón y el pico Espada, mi objetivo.
Me he quedado con ganas de más y mañana quiero subir a La Munia, así que aviso a Juanillo que le parece bien. Luego me llama porque al final va con unos compañeros de curro al Perdido, a ver si me apunto. ¿Cómo decir que no?

Quedamos sobre las 7 en Nerín, lo que implica levantarse a las 5,30.
Allí dejamos mi furgoneta y monto en su Terrano, mientras me presenta a Kilo y su mujer, y a Almudena.
Gracias a su enchufe, tenemos llave para pasar por la pista de Las Cutas y llegar hasta Cuello Gordo, lo que nos deja a más de 2.100mt y a menos de 1hora a pié de Góriz.
La cara sur del Perdido se ve bastante limpia, pese a las nieves caídas el fin de semana, así que dejamos en el coche crampones y piolet para aligerar, y comenzamos la ardua tarea de poner un pié delante del otro.

En seguida nos desviamos del camino a Góriz para seguir un hilo de hitos que nos va a conducir al collado de Goriz, que tiene unas vistas preciosas sobre el Morrón de Arrablo y la zona de Añisclo. Hace frío pero el andar nos ha calentado, por lo que nos quitamos algo de ropa y continuamos andando. Ahora cogemos el GR que de seguirlo nos llevaría al Collado Añisclo, si bien al poco rato lo abandonamos para comenzar a subir ladera arriba sin camino aparente en busca del inmenso cilindro del morrón de Arrablo o Torre de Góriz. El tramo es duro, pesado, la falta de camino junto con la inclinación del terreno hace que me empiecen a doler las piernas, que notan la falta de ejercicio de los pasados meses.
Llegamos a la pared del Morrón, ya por encima de los 2.700mts, donde paramos a tomar aire y yo me pongo esparadrapo en los talones, pues estreno botas y me están haciendo las rozaduras de rigor.

Desde aquí el camino continúa bordeando una pared hacia el oeste, hasta encontrar la chimenea por la que hay que trepar para ganar este primer resalte. Juan me indica que al lado mismo del Morrón hay otro paso, pero no lo cogemos porque saca aspecto de cheladura.
Una vez arriba del resalte, en poco más de 15min alcanzamos la Punta Escalera, el primer tresmil del día. Se puede rodear bien por su derecha pero prefieren subirlo. Al otro lado nos espera la parte final de esta cara sur: una larga pedrera que poco a poco va ganando pendiente, interrumpida un par de veces por sendas paredes de unos 10-15 metros. Estas paredes, junto con la punta escalera y el primer resalte que hemos salvado, desde lejos aparecen a modo de escalones, y de ahí el nombre de este itinerario: las escaleras.
La primera de las paredes se salva por una chimenea que hay de frente a la izquierda, muy clara, aunque nosotros la escalamos por otra que hay a mano derecha, algo más vertical, que es la que conocen Juanillo y Kiko. Yo les explico la otra, que será la que utilizaremos para bajar. Está delicada por el verglás, aunque la subimos sin problemas.
En seguida alcanzamos la siguiente pared, más larga y menos helada, que por si acaso subimos asegurados por Juanillo. El paso está muy a la derecha, una chimenea oscura y vertical.
Desde aquí los últimos 15min de pedrera se hacen duros por el cansancio y la altitud, pero en seguida estamos en cima!!!

Hoy las vistas son inmejorables, tanto hacia el Pico Añisclo como hacia el Cilindro; desde Ordesa hasta Marboré, desde Añisclo hasta Pineta, desde el Taillón hasta las Tres María… Cada parpadeo imprime una postal en mi retina.
Bueno, toca abrigarse, la foto de rigor, comer algo… y hablar con unos bilbaínos que han subido por la normal y nos comentan que la escupidera está delicada para bajar sin crampones, porque hay mucha nieve, cosa que vemos claramente desde donde estamos.
Se ofrecen a ir delante nuestro marcando bien la huella, pero finalmente preferimos bajar por donde hemos subido, así que dándoles las gracias iniciamos la bajada.

Destrepamos asegurados el primer muro, rapelamos el siguiente (por el otro paso) y continuamos bajando con presteza. Rodeamos la Punta Escalera (según bajamos por la izquierda, por una fisura horizontal, la más alta que se ve, que conduce a una amplia roca que tiene algunos hitos, se continua por ella rodeando hacia la derecha y se destrepa un pequeño resalte) y casi sin darnos cuenta estamos ya en la base de la primera pared: escalera descendida.
Ahora vamos a bajar por un desvío que nos llevará a la vía normal, encima de Góriz. El camino tiene hitos y está muy marcado, y una cresta de roca indica muy claramente la zona de bajada. Juanillo coge otro desvío diferente, un poco más arriba a la derecha, rodeando una pared, que cree que va a parar a la Ciudad de Piedra. Tiene razón, ya que llega al camino normal antes que nosotros (corriendo, eso sí).
(Esta bajada por tantas variantes es debido a su trabajo, ya que han de conocer muy bien los posibles itinerarios del monte, sobre todo en lugares tan frecuentados como este).

En poco menos de una hora llegamos al coche, contentos por haber madrugado puesto que ya hace un rato que una nube se ha instalado en la cima del Perdido y los que llegan ahora a cima no verán un carajo.
En Nerín nos espera un buen bocata y birra, colofón final a una jornada redonda, como no puede ser de otra manera con estos lugares y estas gentes!!!
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