Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

5 jun. 2010

San Úrbez y el milagro de la buixera I

Sercué, aldea situada en una ladera soleada que abruptamente se despeña hacia el Bellos.
Anudando los cordones de las botas, calzándose las boinas, ajustando los macutos, asiendo los cayados, más de 60 años después los romeros de San Úrbez emprenden allí el reencuentro con una historia trasnochada para casi todos.

Paso a paso descienden por el portiello hacia el cauce del Bellos, desgranando la historia de este hombre, de este Santo, que arribó a estos lugares quizá huyendo de su Francia natal. El camino conduce con las primeras horas de la tarde a la entrada de la ermita de San Úrbez, abrigo de raíces prehistóricas convertido en templete donde se rinde culto a nuestro Santo, pues allí pasó una época viviendo bien de eremita, bien de pastor. La ermita, edificada con la ayuda de la oquedad natural, sigue acogiendo cada año varias romerías.

Los romeros continuaron paso, dejando tras de sí apenas sus oraciones y una vela roja en veneración.

Por la casi perdida Cabañera d´as Cruces remontaron las abruptas pendientes del desfiladero, lazada a lazada, huella a huella. Seis curvas magistralmente trazadas en el pinar que recalan cerca del ya moderno mirador de Añisclo.

Continuando con su andar sosegado por el camino romero, dejaron atrás el cruce de Buerba y Yeba para dirigirse primero a Vió, con la memoria todavía presente del Santo escapando con prisas por la puerta de atrás, unos dicen que por evitar que sus milagros lo hicieran conocido, otros que por acercarse en demasía a las mozas del lugar.
La pequeña iglesia del pueblo, circundada por un cementerio sembrado de apellidos que se repetirán continuamente en el camino, es parada obligada, a fin de remojar el gaznate y echarse un asueto al estómago.
De Vió, sorteando una barranquera llegarán en breve los romeros hasta Buerba, precioso pueblo que domina la vallonada del Yesa.
Allí en el albergue Guardafuentes http://albergueguardafuentes.com/ David, Raquel y Perseo se esmeraron por tratarlos como si fuesen familia.
Bien de sopas, pizcas, vino y otras viandas para recargar las fuerzas de unos cuerpos que no por devotos debían abandonarse al ayuno.
Allí durmieron unas horas antes que los primeros rayos del sol los cogiesen preparando la nueva jornada.
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