Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

8 ago. 2012

No digas que fue un sueño: Alpes 2012 I


Eiger Nordwand
Por fin ha llegado el día. Estoy nervioso, tenso. Llevo tras de mi unas buenas salidas al monte donde he recobrado confianza, me he encontrado muy a gusto “jugando” entre bloques de granito colgados en el vacío y he comprobado que, pese al obligado parón de abril-mayo, tengo fondo suficiente para largas jornadas de marcha. Sin embargo…
Sin embargo apenas he dormido, y eso que llevo ya un par de semanas con el sueño de nuevo ajustado, sin los problemas de insomnio y estrés que tanto mal me han hecho estos pasados meses. Pero esta noche es diferente. No ha sido una noche cualquiera, sino una expedición en sí misma, un cambio de plano, una laguna estigia tras la cual no espera el Hades, sino los Alpes.
El Eiger desde Grindelwald
Faltaría texto para contar las veces que he imaginado lo que me viene encima, los distintos desenlaces y peripecias que han pasado por mi mente desde que Santi me propuso esta actividad hará cosa de tres meses. Pues son muchas las cosas que pueden ocurrir: mal tiempo, mala aclimatación, falta de confianza, experiencia insuficiente, poca capacidad técnica… todo ha pasado por mi cabeza, olvidando en parte lo más importante: el sencillo y austero correo que me envió: tómatelo con calma, ya mola hombre, no sufras por las dificultades”. Le di el “si quiero” antes aún de habérmelo dado a mí mismo, pues todavía rodó por mi coco el si podría meterle mano al berenjenal, siendo mi primera experiencia en los Alpes. Y es que el nombre acojona y atrae a partes iguales.
Camino al Jungfraujoch
Pero si hay algo que me atrae aún más que la bici es la alta montaña. Y es mucho decir.
Cargar la furgo con todo, Moskowa incluida, despedirme en casa y empezar a echar millas fue el mejor antídoto para los nervios. El mantra de la línea central de la carretera me sirvió de relajación, sólo rota por la tristeza que me da siempre el tener que deja a mi perra en la guardería durante unos días. Todos los días la tendría presente.
Vistas desde la estación Eissmer (mar de hielo), cara Sur del Eiger
Tras dejar la furgo en el parking de larga estancia y facturar, todavía tenía varias horas de tiempo hasta el embarque, así que Amaranta se vino a El Prat y se me llevó a echar unas cervezas a un chiringuito de playa, buen lugar para terminar con los nervios del viaje. No recuerdo cuando había sido mi última visita a una playa, varios años hace ya. De vuelta al aeropuerto me encontré con Álex, el componente que faltaba para cerrar el trío de montañeros. También de Terrasa, como Santi, ya había estado en otras ocasiones por Alpes haciendo ascensiones, así que yo era el novato nº1!!
Moch (4101m) y Jungfrau (4158m)
 Conociéndonos se nos pasó el rato hasta que salió el vuelo. Por lo visto los nervios no se habían ido del todo porque el avión me los despertó, algo que sólo otra vez me había ocurrido. Simplemente una intranquilidad, pero rápidamente se fue como llegó. Igual que llegó Milán y su aeropuerto, caos multicolor de aviones, ruido y personas. De tiendas de moda y expressos, de maletas y voces. De italianas de punta en blanco.
Y entre ellas, unos rizos oscuros en careto siempre risueño, Santi Padros. Con Santi, con quien ya había estado escalando en Dolomitas anteriormente (aparte de una infructuosa intentona alpina), uno siempre está a gusto, como en casa. Pedazo de guía de montaña, uno de los mejores del país (pese a vivir en Dolomitas) y sobre todo un tipo genial, divertido, sencillo, agradable… y paciente!! Esta es su web http://www.dolomismo.com/es/  por si alguna vez necesitáis un guía para hacer alpinismo, hielo, escalada, esquí de montaña o barrancos por Alpes o Dolomitas. 
En medio del collado, la estación del jungfraujoch
Ya con todo cargado en su furgo, salimos de Milán dirección norte, hacia Suiza, a la que por cierto se llega en un suspiro! Lugano primero, y después remontar el río Ticino hasta el túnel de San Gotardo (19km).
Este túnel, un avance tremendo en lo que se refiere al tiempo empleado en el tránsito entre valles, ha dejado una cicatriz irreparable a lo largo del curso del Ticino: plantas de áridos, de prefabricados de hormigón, centrales eléctricas, plantas de reciclado, barracones, canteras… Si miras al túnel en sí mismo, el impacto es mínimo, pero si te fijas en todo lo demás… dantesco. Podría la gente de Sobrarbe echar un ojo a ese lugar, y tener un ejemplo bastante real de lo que supondría para nuestros valles la Travesía Central Pirenaica (TCP). Pan para hoy, una tierra irrecuperable para el futuro.
cicatrices del túnel de San Gotardo
 Pasado San Gotardo llegamos al precioso lago de Los Cuatro Cantones, cerca de Lucerna, y desde allí vuelta hacia el sur, hasta Brienz e Interlaken, siempre pasando túneles de ciencia ficción, siempre entre lagos, valles gigantescos, cascadas y pastos verdes. Es ya noche cerrada cuando llegamos a Grindelwald, pero aun entre la negrura puede distinguirse la abominable cara norte del Ogro, el Eiger. Dos luces destellan desde las alturas: el refugio Mittellegi en la arista del mismo nombre y la estación ferroviaria de Nordwand en medio de la pared. Si, eso he dicho, no me he colado.
Descargamos en el albergue donde vamos a alojarnos (Mountain Hostel) y preparamos ya la mochila para el día siguiente. No pasa un suspiro desde que me acuesto hasta quedarme totalmente traspuesto. 7 horas de sueño que sientan de maravilla, me levanto fresco y animado, con un hambre de lobo con la que bajo de la mano a desayunar.
Un postal imperecedera
El desayuno es algo que siempre recordaré. No por la calidad del mismo, que siendo bueno no era excepcional, sino por tomarlo junto a un ventanal desde el que se aprecia una vista única: un riachuelo en mayenco nos separa de unas campas verdes entre pinares, moteadas de floridas casitas de madera, formando una ladera al cabo de la cual una inmensa mole se yergue en callado y majestuoso esplendor. La Nordwand, la pared Norte del Eiger, la pared de paredes, posiblemente la montaña más famosa de la historia del alpinismo se haya frente a nosotros enmarcada por el brillante azul del cielo mañanero. Sorber café y mordisquear tostadas con mantequilla con la vista perdida en sus heleros y lugares emblemáticos es embriagador: la araña, la Rote Fluh, la travesía de los dioses, el segundo helero, el vivac de la muerte, la travesía Hinterstoisser o la rampa. El cielo y el infierno se dan la mano.
Las inmensas Nortes de Monch y Jungfrau
Poco antes de las 9h estamos en la estación con los billetes al Kleine Scheidegg y al Jungfraujoch comprados, esperando el tren bajo un sol abrasador. Se trata de un tren cremallera en el que vamos a ascender, de manera casi ininterrumpida, 2300mt de desnivel. 
Vistas desde la estación de Nordwand. Al fondo Grindelwald
 Desde los poco más de 1000m de Grindelwald hasta los 3471m de Jungfraujoch, la estación de tren más alta de Europa.  Ascendemos de un tirón hasta el pequeño complejo hostelero del Kleine Scheidegg, donde cambiamos de tren, en el que nos meten en el “reservado de alpinistas”, la parte final del vagón donde podemos dejar todos los hierros y cuerdas sin miedo de atravesar a ninguno de los cientos de turistas con los que compartimos viaje.
Glaciar Alechts desde la estación
Desde aquí el recorrido del tren es, literalmente, de ciencia ficción. A finales del S.XIX a un ingeniero suizo, Adolf Guyer-Zeller, se le ocurrió la idea de un ferrocarril que atravesase la totalidad de la cara norte del Eiger, de oeste a este, para luego volver de nuevo hacia el oeste, bajo el Monch y finalmente terminar en el collado del Jungfrau o Jungfraujoch. Con una pendiente constante del 25% y siempre bajo la montaña, este tren tardó 16 años en construirse y, sólo por falta de más dinero y por la explosión de la IGM no llegó hasta la cima de la Jungfrau (4158m).
Alex preparándose en la estación Jungfraujoch
 Actualmente es una auténtica máquina de hacer dinero, con viajes cada media hora y paladas y paladas de turistas, asiáticos e hindús en su mayoría, que pagan, suben, fotografían, consumen (tiendas, bares, restaurantes…) y bajan de nuevo al valle. Una cinta transportadora de divisas (en las tiendas de la estación puede pagarse en euros, francos suizos, dólares, rupias, yenes, etc) y banalidad.
Para nosotros era otra cosa, era el acceso al blanco mundo de la alta montaña, y en cuanto pudimos salimos al glaciar y tomamos dirección a nuestro hogar para los siguientes días: el refugio del Mönchsjoch Hütte  .
Por fin nos alejamos del mundanal ruido por unos días

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