Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

10 ago. 2012

No digas que fue un sueño: Alpes 2012 III


Canal bastante empinada
Arista de bajada del Monch
 Cómo puede hacer tanto calor aquí dentro?? Esto es inhumano!! Entre cabezada y cabezada van pasando las horas apenas dormitando, entre ronquidos vecinos y resoplidos varios. No consigo conciliar un buen sueño hasta minutos antes del toque de despertador, siempre igual!! Deseando que haga una tempestad que nos obligue a continuar durmiendo me asomo a la ventana, pero maldita mi suerte que ni una nube asoma entre el azul celeste. No queda otra que levantarse.
En plena faena
Una de las delicadas travesías por cara norte
Para mí  son los peores ratos del día, siempre es igual: desperezarme, vestirme, arreglar la mochila y dar los primeros pasos en el frío y ventoso exterior. Sólo el desayuno, entre medias, se salva. Recogemos los termos con té caliente que nos preparan en la cocina y a la entrada del refu nos calzamos toda la parafernalia: arnés, aperos, polainas, casco, crampones, piolet, gafas, crema… Y de camino que hoy nos vamos a subir al Monch (el Monje), la montaña en la que, valga la redundancia, se refugia nuestro refugio.
A las 6 de la mañana salimos por la puerta y comenzamos el avance hacia el oeste por el glaciar en busca de la línea de acceso.
Buen patio
Al fondo se ve la estación del Jungfraujoch
El Monch es un 4100 muy accesible gracias al refugio, que simplifica mucho su ascensión. Aun así no es un paseo pues la subida normal (arista sur) es una arista de nieve muy afilada en su parte final, con alguna trepada de poco grado (II), y generalmente con la dificultad añadida de la aglomeración de cordadas que buscan ganar su cumbre. Nosotros, no obstante, tenemos diferente idea en ciernes, y no es otra que hacer su travesía, ascendiendo por la más complicada arista sur-oeste para descender por la normal. Por lo que comenta Santi no es muy complicada ni larga, si bien cuenta con pasos de III/IV y mucho mixto, veremos las condiciones porque hay un paquetón considerable de nieve y apenas se han hecho ascensiones en las semanas precedentes.
Primera parte de la arista
La tremenda cara norte
Tal como nos vamos acercando al nacimiento de la vía queda claro que vamos a cansarnos, ya que no hay huella de subida. Por si esto fuese poco, la noche no ha sido todo lo fría que debería y la nieve no acaba de transformar, por lo que nos hundimos mucho más de lo necesario, especialmente mis 100kg y yo.
Atravesando la colada de una pequeña avalancha acometemos la pendiente que nos llevará al pie de un característico gendarme en plena cresta, hundiéndonos hasta el corvejón y empezando a sudar de lo lindo, pues estamos en el lado sur, expuestos al sol. Llegados a la base del gendarme, una canal mixta nos permite sortearlo por el sur y encaramarnos, ya si, a la arista propiamente dicha. Para lo poco que llevamos ascendido la vista es preciosa, tanto por el sur como sobre todo por el norte, donde el hielo, de un color azul tenebroso por las sombras, vetea la nieve y la roca de una pared que se pierde entre un kilómetro largo de penumbrosa verticalidad. Al fondo el valle despierta, verde sobre verde y azul mientras nos frotamos las manos añorando el calor de hace un suspiro. 
Un cuervo vuela bajo la mirada de la Jungfrau
Álex ceprenando en la cresta
Imitando a los córvidos que surcan el viento nos ponemos en movimiento. El primer tramo comienza juguetón, con una travesía helada y delicada por la norte donde el piolo se agradece de veras. Sin apenas dificultad técnica, se le atraganta un pelo a Álex, estamos aún fríos y tenemos que calentar el cuerpo con ejercicio. De seguido vamos dándole a varios largos de buena roca (II, III) donde mejorar la técnica de escalar con crampones, disfrutando mucho de una escalada agradecida y continuada, intercalando alguna canal de mixto, pero bastante seca en general, siempre por el filo de la arista.
Un vistazo hacia atrás nos indica que hemos ganado altura con rapidez, el ambiente aéreo se acrecienta pues aparte del omnipresente abismo norte tenemos ya sus buenos 150-200m de caída por el lado sur. Las fotos se suceden, alternas con tramos de escalada y alguna travesía.
Llegamos a una parte de la cresta nevada por la que ganaremos altura con rapidez, pues el blanco elemento aparece sólido y su cantidad facilita el ascenso en ciertos tramos. Son preciosas estas finas aristas nevadas, fotogénicas y tan características de Alpes. Paramos para comer un poco al final de la nieve, beber y comentar la jugada. Llevamos un buen ritmo así que vamos a ver qué tal se da el siguiente tramo rocoso, algo más complicado en teoría.
Aéreo es poco
Entre dos aguas
En la práctica tampoco lo es tanto, salvando un par de largos de IV o así, que se complican por la falta de apoyos para los pies (y la falta de costumbre cramponeando en seco) y más que nada por la sensación aérea, que ya sí, es total. Avanzamos como en escalera, alternando muros con zonas mixtas bastante llanas, y algunos bloques que cuelgan dios sabe como de la cresta y que sorteamos con pasos de confianza. Yo me lo estoy pasando genial, disfruto como un tocino enbardado. Duele la cabeza de la altura pero sólo cuando te paras, mientras estás concentrado y en movimiento te olvidas. Entonces lo que duelen son los pulmones que arden al ritmo desbocado del corazón.
Ariste cimera, por fin!
Salvado el primer tramo rocoso llegamos al mixto
 Y es que eso es lo que me apasiona de esto, la concentración que requiere escalar sabiendo que no tienes que fallar, es una tensión relajante, algo incongruente pero no puedo explicarlo mejor. Durante el tiempo que pasas allí arriba vas en parte preocupado de que todo vaya bien, en parte disfrutando al progresar, con el paisaje y el ambiente. Tenso como la cuerda de un arco pero con la cabeza libre de todo lo demás. Estás en el mundo, pero fuera de él. Solo existen tus extremidades, que han de avanzar seguras y coordinadas.
Me apasiona y además me siento cómodo (dentro de lo que cabe) en estos lugares. Sobre todo yendo con alguien como Santi que es como una valeriana en sí mismo, hace parecer todo sencillo y da una confianza tranquilizadora.
Santo controlando: bene, bene!!
Joder, esto pica, arf! arf!
Salvada casi la totalidad de la parte rocosa de la vía, una empinada (y fatigosa) canal de nieve nos saca del tramo más vertical de la arista. Ante nosotros se extienden unas falsamente llanas campas nevadas, directas hacia cima. Y por detrás la cresta cae en una pendiente mucho mayor de lo que parecía al subir. A nuestra izquierda vemos progresar un par de cordadas que vienen subiendo con agilidad por el hielo de la cara norte. Una de ellas saldrá a la cresta un poco delante nuestro con lo que, por fin, Santi tendrá huella que seguir. Y es que tiene que estar hasta las narices de abrir camino toda la mañana.
Lástima de esquís!
Petado o contento?
Piano piano avanzamos dándonos cuenta de que la pendiente es mayor (o nuestras fuerzas menores) de lo esperado, de que no quiere acabarse el ascenso y de que el sol pega con ansia. Conforme se estrecha la arista vemos acercarse la cima, a la que convergemos como autómatas, una minúscula repisa de apenas 5-6m2 donde escasamente cabemos nosotros 3 más los dos chicos que subían por la norte. Son las primeras personas que vemos hoy, algo que aumenta la alegría de la cima y la actividad, pues con mucho prefiero la soledad en el monte. 
Sin palabras
El plateau glaciar del Aletsch es inacabable
Son las 11 de la mañana y tras 5h de escalada estamos en la cima del Monch (4107m), mi primer 4000 y mi primera gran montaña en los Alpes. La vista es de nuevo escandalosa, con las aristas cayendo a pico hacia el abismo argénteo del glaciar, creando formas geométricas en perspectivas kilométricas y contrastes sol/sombra. La jungfrau, el Aletschhorn, el Fiescherhorn y el Finsteraarhorn sobresalen como torreones entre la blancura general. Y a nuestra izquierda se desparrama la helada cara sur del Monch, 400m de hielo vertical impresionante. De uno de sus ángulos baja una arista desde la cima, que tras allanarse en un primer collado comienza a dentellear arriba y abajo entre dos auténticas simas, hasta un segundo collado, del que trepa con fiereza hasta la cima del Eiger. Se trata de su arista suroeste, y es nuestro objetivo de mañana. Pero hoy es hoy.
Cima!!
La arista suroeste al Eiger, tela marinera... mañana??
 Tras las fotos de rigor y comer un poco comenzamos el descenso por una estrecha y marcada huella en una fina cresta sin apenas cornisas, con más tráfico del deseado pero que en ningún momento se hace dificultoso. Salvamos los resaltes con paciencia, aprovechando para tomar fotos, y en poco más de hora y media nos plantamos en el glaciar, a salvo ya de esta montaña que por fin nos pertenece. Estoy realmente cansado, el sol acentúa mi dolor de cabeza y la garganta me pide líquido. 7 horas después de salir del refu estamos de vuelta, y tenemos aún medio día para descansar, comer y beber, que bien ganado está!!
Ganando altura
Huella de bajada
 Las cervezas y el toblerone nos dan la bienvenida, así como las mesas y sillas del comedor. Estos momentos valen su peso en oro, si no fuese por ellos no valdría la pena subir montañas :) Santi deja que nos relajemos un buen rato antes de soltarnos la gracia de la tarde: ha encargado el desayuno para las 3 de la madrugada. Así que mañana será mañana.
Contraluz
Álex negociando con la roca
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