Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

21 jun. 2008

Crónicas Neozelandesas. Día 1 (09/11/07)

Ya tocaba que me decidiese a colgar aquí en mi blog la crónica de los días que estuvimos pedaleando con Luis en Nueva Zelanda, concretamente en la Isla Sur. Fué este pasado Noviembre, pero ya me parece que ha pasado largo tiempo. Paradójicamente, algunas sensaciones las tengo todavía a flor de piel...
Intentaré subir las crónicas (hay una por día) un poco espaciadas, cada 2-3 días, para no cargar el blog y que de pereza leerlo todo de golpe...


Llegamos a Christchuch a las 11 de la mañana tras 2 dias de viaje, que he dedicado a dormitar en el avión y en Singapur (donde pudimos ver el inmenso Airbus nuevo) y a ver películas gracias a los avances tecnológicos. En el respaldo del asiento de enfrente teníamos una pantallita y un mando desde el cual podíamos elegir entre mas de 100 películas, miles de canciones, documentales, videojuegos y muchas más cosas.


Estoy menos cansado de lo que esperaba, aún así me muero por llegar al albergue y ducharme, que me pica todo el cuerpo!!!

Cogemos un taxi-bus que por 5$ (el cambio es 2$ = 1€) nos lleva al centro. La ciudad discurre en largas avenidas ajedrezadas unas con otras, hasta que no estamos en el centro-centro no vemos un edificio de más de 2 plantas. Tiene 300.000 almas y ocupa un espacio bastante mayor que el de Zaragoza. Hay jardines y parques por todos lados, y ya se empiezan a ver extraños árboles, algunos de tamaños asombrosos. Llegamos al albergue. La habitación no está hasta la 1. Asi que como buenos españoles nos vamos a un bar cercano, donde me pongo a charrar con el dueño y uno de sus proveedores de cerveza, que son muy amables, se interesan por nosotros mucho, nos dan unas cuantas recomendaciones y nos desean suerte con un apretón de manos.

Noto que mi inglés está oxidado cual transmisión chirriona, y solo hago que equivocarme, dejar las frases a medias y balbucear un poco, pero me hago entender.


Paseamos y en una bonita calle peatonal nos pegamos la primera comida, que sirven de una manera un tanto rara: Entras dentro del bar, pides, pagas y a cambio recibes un candelabro con un número que te llevas a tu mesa. Luego llega la comida y te retiran el trasto. Y si quieres algo más, levántate y a repetir el ritual. Al final te acostumbras, pero en trato al cliente esta gente tiene que aprender.

Es la 1, vámonos a duchar!!!


Ya limpitos y plano en mano nos vamos a ver a Hedley, el dueño de Natural high, que es con quienes hemos contratado las bicis y la autocaravana (camper en adelante). De camino sufrimos los primeros “problemillas” con el tráfico (esto de que conduzcan por la izquierda a la hora de cruzar las calles…) y el viaje casi acaba antes de lo previsto. Sólo nos falta la boina!!!!

Con Hedley, un tio muy majo, revisamos el plan de los siguientes días, probamos y ponemos a punto las bicis, unas Cannondale Rush con buena pinta salvo por las ruedecicas de 1,95 y compuesto duro como la cabeza de alguno que conozco.

Hecho esto, volvemos al albergue y a las 7 ya estamos roncando que el cansancio se nota. Eso sí, de jet-lag cero, tan sólo consancio, no como ahora a la vuelta que solo hago que despertarme a media noche.
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