Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

7 ene. 2009

Desnudando el horizonte

PlanetaMTB es una revista de bici de montaña que acaba de salir al mercado, y a primera vista llama la atención por la calidad de las fotos que publican. En ese aspecto es una gran mejora respecto a las otras revistas, mas clásicas y con fotografías más predecibles. Sobre los contenidos, es pronto para saber qué objetividad tienen, pero es de agradecer que traten de dar un aire fresco al análisis de las bicis, primando profundizar en los cuadros, la parte realmente esencial de la bici. Que tengan suerte!!

Hablo de ella porque gracias a una muy buena amiga http://alaguerraconminifalda.blogspot.com/ me han publicado la crónica de una ruta pirenaica por nuestra comarca, con unas cuantas fotos mías, de Angelón y de Oriol. Es una pena que no se vean todo lo bien que debería porque realmente el día dió unas fotos de órdago.
Ya hablé de esta salida aquí http://reynodesobrarbe.blogspot.com/2008/10/travesa-btt-al-pico-de-liena-el-reto.html
Esta es la crónica de marras, espero que os guste:

Hablando hace unos días con mi mejor amiga, que tiene vértigo y sigue sin entender qué diablos se me pierde por esas montañas, al explicarle por enésima vez mis razones se me ocurrió que las rutas, para ser inolvidables, aparte de dejarte físicamente reventado deben cumplir una especie de “Santísima Trinidad”: Paisajísticamente impactantes, técnicamente complicadas y por último, un componente diferencial, espiritual, que las haga únicas, que las dote de personalidad propia.
La última Pirenaica que nos arreamos entre pecho y espalda antes que la nieve cerrara con avidez los puertos tiene de todo esto, y en cantidades industriales.

En la parte norte de la comarca de Sobrarbe (Huesca), el pico de Liena o montaña de Ruego (como la llaman los ganaderos) se alza ligeramente por encima de los 2600mts, separando dos valles tan hermosos y diferentes como olvidados y ensombrecidos por la Bal Verde de Pineta: el valle del río Real y el circo de Barrosa.
La cara que da a Barrosa, como valle glaciar, es vertical, escarpada y está preñada de abismos que en ocasiones caen a pico más de 1300mts de desnivel. Perfecta para un descenso trialero, vertiginoso y en ocasiones suicida.
En cambio, su opuesta, al ser un valle fluvial es más agradecida, y su orografía regala enormes pastos al ganado y una pista forestal que nos deja prácticamente en la cima. Ideal para subir pedaleando…

Claro que la bajada era aún territorio ignoto, pues el antiguo camino de servicio del teleférico que subía a las minas de la cima estaba perdido y llevaba años sin usarse. ¿Minas? ¿Teleférico?
Si, ese componente que espolvoreado por toda la ruta le da su carácter mágico, imperecedero: la historia.

El interior del pico de Liena guardaba un tesoro en forma de mineral de plata y plomo, que fue extraído desde antaño, si bien fue en los inicios de 1900 cuando se creó todo el entramado industrial que aún se puede ver: teleféricos de vagonetas, edificaciones y bocas de minas a más de 2400mts de altitud. Todavía no soy capaz de imaginar cómo pudieron plantar las pilonas y subir el cable metálico por un terreno tan criminal.
Nosotros bajaremos con el recuerdo de esas gentes siempre presente, porque todo el rato el camino desciende siguiendo la hilera de pilonas, por debajo del cable, del que todavía cuelgan vagonetas llenas de mineral, morbosos adornos, recordatorio constante del ímpetu y tesón (y la inconsciencia) del hombre.
Pero ni tan siquiera hemos empezado a subir…

La salida debe hacerse de la gasolinera de Parzán (1100mts), desde donde en 3km de dura subida nos plantamos en Chisagües, diminuto y precioso pueblecito que es la puerta de entrada al valle del río Real, y punto final del asfalto (siempre parece que da alergia meter las ruedas de 2.50 por ahí).
Poco a poco ascendemos por la pista forestal, en muy buen estado, que se abre camino entre laderas todavía muy cerradas y llenas de bosque. Ya noto que no es mi día, hoy voy a sufrir muuuucho.
El valle se va abriendo progresivamente, tónica constante en la primera parte de la subida, que nos regala un paisaje fabuloso. Por encima de la pista, las laderas suben empinadas y repletas de coníferas, entre las que el otoño descubre unos pocos árboles caducos escondidos: hayas, fresnos, álamos o arces entre otros. Bajo la pista y hasta el cauce del río, el terreno natural en pendiente ha dejado paso, trabajo del hombre mediante, a las fajas escalonadas de cultivo, acompañadas de unas pocas bordas desperdigadas.
Ha comenzado el otoño con lluvias, lo que permite un contraste verdes/colores cálidos muy llamativo y fotogénico, además de obsequiarnos con el rumor del río bajando espumoso y bravo, farto de agua.
Mientras el valle continúa abriéndose, los árboles escaseando y las rampas endureciéndose, las montañas a nuestro alrededor van tomando forma. El Comodoto aún se alza imponente a nuestra izquierda con sus 2350mts, y de frente las estribaciones del Robiñena nos frenan y apuntan al cielo, a sus más de 3kms de altitud: acabamos de llegar al barranco de Petramula.

Hacemos una parada, estamos cerca de los 2000mts, el sol pega con fervor y ya hay gana.
¡Si es que apenas hemos empezado! Todavía estamos en el “culo” del valle, lo hemos recorrido entero y ahora toca lo más duro, ascender por entre los inmensos prados de Ruego, casi vacíos de ganado y yermos de vegetación tras unos meses intensos para las vacas y ovejas que los pastan de junio a noviembre.
La pista serpenteará entre ellos, si bien primero se pega a una pared vertical bajo la que fluyen hilos de agua que cruzan la pista y humedecen la tierra que, como recordatorio de su mineral, combina vetas negras con claras y rojizas.
Claro que ahora que hemos subido más, Comodoto no parece tan inmenso, y una hilera de picos blancos se comienza a vislumbrar a su espalda.
Media docena de curvas más adelante veo que Ángel ha parado a hacerme una foto e instintivamente me giro a ver el fondo: Monte Perdido. El macizo entero (Treserols lo llamamos aquí) destaca blanco y reluciente, acuchillando el cielo azul intenso. Espectacular.


A partir de aquí los sentidos se vuelven locos, como una brújula al lado de un imán. Se une la dureza de la subida con el pajarón que llevo; el brillo del sol que deslumbra y refleja en los prados que ascienden con fuerza hacia el horizonte, creando una sensación de cercanía irreal hasta la cumbre, todavía invisible; el paisaje hacia el oeste crece con cada curva que tomamos, con cada metro que ascendemos. Ya no son los tres dientes blancos del Monte Perdido, Cilindro y Soum de Ramond, es toda una quijada de picos: las Tres Marías, La Suca, Las Olas, Marboré, los Astazus, el pico Pineta…y siguen apareciendo uno tras otro, inacabables, como las olas del mar.

En que te das cuenta, has llegado…la cresta cimera se extiende ante ti. De frente las aristas y los corredores bajan verticales hacia Barrosa y a la izquierda… ¡Ay a la izquierda! El Robiñena y La Munia muestran sus inexpugnables caras este, que conforman el circo de Barrosa, una pared de 1500mts de puro vértigo.
La ascensión desde el fondo del valle hasta la punta de Liena es indescriptible. Cómo poco a poco las montañas cercanas van dejando paso a las más alejadas, desnudando el horizonte capa a capa, pico a pico.

Todavía tenemos que ciclar por la cresta unos 200mts, que saben a gloria, hasta el hito que marca la cumbre, donde comeremos extasiados en el mejor restaurante del mundo, como en cada ruta.
A calzarnos las protecciones y enchufarnos a la bajada, pero qué bajada…

Cuando nos enteramos que habían limpiado el camino del teleférico para subir desde Barrosa no pudimos resistir la tentación de ir a comprobarlo, aún en pleno enero. La subida con raquetas y tablas, nieve hasta la cintura y hielo se hizo épica en sí, aunque no pudimos discernir más que la primera parte del camino por la cantidad de nieve que había. Pero ya entonces Oriol, Tonino, Angelón, Juanillo y yo decidimos que teníamos que hacer la Travesía Real-Barrosa pasando por la punta de Liena.

Nos descolgamos de la cresta para coger una larga diagonal por una tasca muy empinada e irregular, que tras pasar por la boca de una mina deriva en varias zetas que rondan entre el imposible y el improbable. El camino es duro físicamente, cuesta mantener la bici en el sendero. Con tanta irregularidad y tanta piedra escondida entre la hierba constantemente vamos tirando de manillar y exprimiendo las suspensiones.
La tasca desemboca en unos corredores de avalancha muy expuestos que el camino corta diagonalmente entre algunas trazas de nieve, donde podemos correr más y coger ritmo de bajada, siempre con un piso contra peraltado y trialero. Hay que dejarse llevar por la bici y no mirar abajo, porque si vas despacio te caes, y si te caes…
Llegados a un punto, el camino se torna inciclable y bici a la chepa descendemos 200mts de desnivel por un terreno difícil, enriscado y aéreo, siempre con la presencia del cable del teleférico y las vagonetas sobre nuestros cascos.
Es el precio a pagar por esta aventura, y que la hacen desaconsejable a quien no sea muy sufrido y además trialero.
Claro que…los 500mts de desnivel finales son orgásmicos, dignos del mejor sendero que hayamos soñado.
Un montón de diagonales enlazadas por medio de un bosque de abetos de cuento. La pendiente justa, la dificultad media, la velocidad de vértigo, y las apuradas de frenada en las curvas, cerradísimas, brutales. Nos vamos turnando la cabeza del grupo, adelantándonos en las curvas, recortando la trazada por donde buenamente podemos, probando el suelo y berreando de éxtasis.
Los abetos se suceden borrosos, incorpóreos a nuestro paso, huele a ferodo y humedad, a monte y sudor…y ya se ha acabado. Ha pasado tan deprisa que si no me temblaran las piernas diría que ha sido un espejismo.
Como tampoco lo son los bocadillos y las birras en el bar de Parzán, digna corona para nosotros, que hoy nos sentimos reyes del mundo.
Publicar un comentario