Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

5 ago. 2010

Déjame entrar

Hacía semanas, meses, años desde la última vez que una película me impresionó tanto.
Y más tiempo aún desde la última que me hizo estar dos o tres días ensimismado, volviendo recurrentemente a sus imágenes, diálogos e insinuaciones.

Iba a escribir en este blog hace unos meses tras ver “The road” basada en el libro del mismo nombre que ya desgrané aquí hace casi dos años http://reynodesobrarbe.blogspot.com/2008/09/la-carretera-cormac-mccarthy.html
La película, sin llegar al nivel del libro, me impresionó, por saber captar muy bien el universo desolado, la relación padre-hijo, el sufrimiento y el amor llevado hasta las consecuencias menos deseables, pero más importantes.
Desde luego, una enorme película, que te deja con un nudo en la garganta, que te inunda de tristeza y desasosiego, pero también de ganas de vivir, de demostrarlo. Dura.



Dura, si, pero comparada con “Déjame entrar” no es más que un “Bambi” cualquiera.
Que con 4 niños, 4 adultos y nieve se consiga semejante efecto sobre los espectadores resulta increíble. Los dos protagonistas infantiles realizan un trabajo maravilloso, pero es el guión, la historia, la que envuelve todo de un desasosiego continuo que oprime, que duele.
Te encuentras en vilo todo el tiempo, esperando que ocurra algo… que no ocurre.

Oskar es un niño corriente, un poco miedoso, parado, y recibe continuas burlas y agresiones por parte de los “matones” de la clase. Querría hacerles frente, vengarse, pero no se atreve más que en sueños, cuando está solo, imaginando.
Una tarde conoce a Eli, su nueva vecina, una chica de su edad que se ha mudado al barrio con su abuelo, un señor callado y mayor, con el que discute a veces.

La relación entre ambos, y con el resto de vecinos, pintará un cuadro extraordinariamente intenso, algo que se acentúa mucho más con la inexpresividad propia de Escandinavia.
Primero la relación niña-abuelo, luego la niño-padres/amigos y finalmente niño/niña, son un compendio de momentos, detalles y acciones que acaban teniendo mucho significado. Todos ayudan a completar al final de la película (o, quizás, varias horas después) un nuevo cuadro final, diferente por inesperado… o no.
Un cuadro donde los deseos que te surgen durante la película chocan frontalmente con los que finalmente tienes, donde el reverso/anverso de las cosas cobra una dramatización bestial.
Donde todo es lo que parece ser, y ello, aunque extrañe, es lo más complicado de digerir.

“Déjame entrar” es una obra maestra del cine, con toda seguridad la mejor película del 2008 y la mejor película de vampiros que he visto.
Y, seguro, la película más dura que he visto en muchos muchos años.

He tratado de no contar prácticamente nada de la misma, porque es mejor verla lo más “ignorantemente” posible. Pero aunque te la contaran entera, acabaría igualmente dejándote tocado.

Haced todo lo posible por verla.
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