Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

9 ago. 2010

Kafka en la orilla (Haruki Murakami)

Un libro bonito, y de darle mucho al coco. Un libro precioso, tierno, delicado, sensible. Un libro psicotrópico, crispante, extravagante.

Un libro que olvida la motivación de gran parte de las novelas: contarnos una historia de principio a fin. Una historia con unos antecedentes que se desgranan de una u otra manera durante el texto, y que ayudan a comprender la historia en su final.



En esta ocasión la novela nos presenta dos historias que, aunque en épocas distintas (no sabemos muy bien cuándo ocurren realmente hasta cierto tiempo después) van siendo narradas alternativamente. Una resulta más extraña que la otra, si bien ninguna de las dos parece claramente presentada (por supuesto, a propósito).
Veremos que según avanzan las páginas más extraña parece una de las historias. Mientras, la a priori principal, toma unos derroteros clásicos de escapada juvenil. ¿Clásicos? Por poco tiempo.

Murakami entrelaza personajes con maestría, dota hasta al más insignificante de un trasfondo especial, único, trabajado. Y jugando con ellos empieza a tejer lo que parece una tela de araña clásica (otra vez, ¿clásica?) donde los hilos confluirán perfectamente en las páginas finales. Todo mentira.

Kakfa Tamura, Oshima, Saeki, Nakata, Hoshino, son nombres de personajes a quienes tras esta novela no cuesta imaginar en su vida pasada y presente, dada la gran familiaridad con la que Murakami nos los ha retratado. Parece que hayamos sido espectadores de su crecimiento. Y sin embargo, en cuanto al futuro…

Mientras al inicio los acontecimientos se suceden lenta y casi metódicamente, como una rueda de molino que es empujada por una llanura despacio pero sin pausa, cuando se llega a la pendiente, la rueda empieza a rodar por sí sola, acelerándose cada vez más, para finalmente estrellarse contra el fondo del barranco. Posteriormente, Murakami nos pasea por los restos del estropicio, pero sólo nos muestra los trozos en que ha quedado rota la rueda. Nada se nos dice de los daños que ella ha ocasionado. Y tampoco nos queda del todo claro porqué comenzaron a moverla.



El libro se basa en su génesis de una interpretación personal y aún más voraz del complejo de Edipo, profecía lanzada a Kafka Tamura por su propio padre. Esto es así pues Kafka no recuerda ni a su madre ni a su hermana, al igual que tampoco guarda especial cariño por su progenitor.
Este Edipo, integrado en una trama llena de pensamientos, cultura, letras, libros, que busca con todas sus fuerzas escapar a su destino, contrasta con la simplicidad intelectual de la historia paralela, de unos personajes que ni saben de bibliotecas, ni de libros, ni se dedican a pensar más de la cuenta. Y que van buscando exactamente el destino que les ha tocado. Uno actúan para pensar y otros piensan para actuar. Pero ni siquiera esto es del todo exacto…
Resulta también curioso (o no) que los dos amigos que ayudan a los protagonistas tengan nombres similares (Oshima, Hoshino)

El propio Murakami ha dicho acerca de esta novela que contiene muchos enigmas, que no hay respuestas a todo dentro de ella, y que son los lectores los que deben buscar sus explicaciones, pensarlas, crearlas.
Incluso, en muestra de un humor propio, el libro está complementado con diferentes juegos de palabras y de significados, con círculos de relaciones que no afectan a la trama, pero que dejan su poso, como ocurre con todas y cada una de las impresionantes conversaciones que tienen lugar entre los personajes.

Murakami no escribe puntada sin hilo, aunque eso no excluye que al final deje los hilos a medio tejer…
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