Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

2 jun. 2012

De vuelta al tajo

 

Ya hace días de la última entrada de un blog que tengo en barbecho, esperando tiempos mejores en lo que se refiere a ganas de escribir, y porqué no decirlo, también en cuanto a rutas y actividades que merezcan ser contadas por sí mismas.
A ver si el empujón que espero darle en junio lo pone de nuevo en una dinámica de entradas cuanto menos semanales.

Hace ya días de la última escapada de montaña “seria” que hice, un año y pico ni más ni menos. Si que he subido otros picos o he hecho pateadas pero nada que ver con sentir altura y compromiso aunque sea de manera parcial. Ni esquí de montaña ni alpinismo, las rutas de altura se han ido espaciando hasta apenas ser un recuerdo. La excusa siempre es que me resulta complicado encontrar gente de mi nivel (que ni es poco ni es mucho, estoy en medio de la gente que conozco) pero seguro que también hay parte de vagancia y conformismo. Siempre puedo salir en bici o a limpiar al monte, por lo que no me quedo sin hacer nada.
Pero el caso es que me encanta la alta montaña, ejerce un influjo muy profundo sobre mí la sensación de ingravidez que dan las alturas.

Y si todo va bien, en menos de 15 días estaré volando hacia Milán para desde allí ir a Suiza, al Oberland, los Alpes Berneses.
A Grindelwald. Al Jungfrau, al Monch, al Eiger.
Sueños de juventud en forma de palabras tan extrañas como lejanas. Estar bajo la Norte del Eiger, bajo la Nordwand es todo un anhelo. Por supuesto que subirla es algo que jamás haré, pero sentir esa inmensidad y pisar el lugar en que tantas gestas han tenido lugar es todo un premio.

Pero para ello aún falta… ahora el presente.


Y el otro día con Moncho nos acercamos de nuevo a Broto a hacer la ferrata del Sorrosal, que en primavera y con el mayenco es cuando más se disfruta. El no había hecho más ferratas que la de Foradada y tenía muchas ganas de probar con esta. Y a mi me apetecía repetirla una vez más puesto que hacía al menos 2-3 años de la última vez.


La lluvia nos recibió al llegar a Broto, así que nos refugiamos en un bar, hasta que tras cerca de una hora de espera el cielo se abrió un poquito y tratamos de aprovecharlo. Hubo suerte porque la lluvia nos respetó y sólo volvió a caer algo cuando ya estábamos de vuelta.

La ferrata es antigua y por ello nada que ver con las nuevas vías, excesivamente equipadas. Ello unido a la humedad de la roca en varios tramos del inicio hizo que Moncho sufriese un poco en el inicio, si bien luego ya todo fue rodado. El tramo más espectacular es sin duda la escalera, que va subiendo en vertical, alejada de la pared y con mucho patio, paralela a la gran cascada del Sorrosal. Desde luego da más “cosa” agarrarse a los peldaños de esa vieja escala que a la roca.

Posteriormente un túnel da acceso al interior del barranco, cuyo cauce vamos salvando ligeramente por encima del agua hasta salirnos del mismo por una pared que nos deja en un alto con soberbias vistas de Broto y el valle del Ara.
Aún superaremos unas fajas antes de emprender la bajada hasta Broto por sendero PR.

En resumen, una ferrata no muy larga pero que gracias al lugar donde está ubicada se considera una de las mejores de España. Una actividad de 2-3h para media mañana o media tarde muy agradecida, que no te sacia las ganas de “marcha” pero sí te deja un buen sabor de boca.
 
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