Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

5 jun. 2012

Neouvielle, arista norte


La cresta hasta la cima que hemos realizado, rodeando toda la pala nevada

Así pues en mi búsqueda de sensaciones y entrenamiento para Alpes, gracias a Nacho (Cifuentes) contacté con Nacho (Garrido) para que me guiase. Total que fuimos al Neouvielle, que está aquí al lado y no había estado todavía (y ganas que tenía!!)
La idea, realizar la ascensión al pico principal por la Arista de los Tres Consejeros, una clásica no muy larga pero muy aérea y bonita, con una calidad de roca bárbara y un patio considerable.
Neouvielle desde el coche
Quedamos en Escalona a las 6,30h y tiramos para el túnel de Bielsa. De camino Nacho me comenta que mejor cambiar de cresta porque queda bastante nieve y el acceso se hará penoso con nieve hasta muy arriba. Así que vamos a subir al Neouvielle por la cresta norte, desde la brecha Chausenque hasta cima cresteando por una arista larga y no demasiado complicada, pero sí muy bonita y aérea, con pasos variados.
Brecha de Chausenque y Campanal del Neouvielle

Pasado Aragnouet tomamos la carretera que sube hacia la reserva del Neouvielle. Primero atraviesa un precioso bosque para poco a poco irse internando entre escarpadas paredes que sobrepasa gracias a unas espectaculares curvas de herradura. Al poco llegamos al primer lago represado, donde la carretera se desvía: izquierda al lago Cap de Long y derecha al Lac D´Aubert (esta última cuenta con paso restringido ciertas épocas del año y hay que ir en bus). Nosotros tomamos la de la derecha y en poco rato estamos ya aparcando entre los dos grandes lagos, con el Neouville frente a nosotros en todo su esplendor. Me duele no haber estado aquí antes, así que trato de aprovechar cada pestañeo para grabarme bien semejante maravilla.
Vista hacia los lagos desde la Brecha
Tal como Nacho me había contado, esta zona granítica está repleta de crestas por doquier. Aristas que nacen de la nada y se encaraman por los picos circundantes. Dientes pétreos reluciendo bajo el sol, al contraste con la nieve que aún queda en buena cantidad por las partes más obagas.
Hacia el otro lado de la Brecha, al fondo Vignemale
Nos preparamos raudos y pasadas las 8,15 de la mañana nos ponemos en marcha, primero atravesando la presa del lago y ya subiendo por una ladera preñada de barranqueras y que es todo un caos de bloques de granito. Cuesta coger el ritmo al empezar a andar por este terreno, y si ya de normal la primera hora de actividad me cuesta coger la marcha, aquí se acentúa. No es hasta que nos calzamos los crampones al inicio de las palas nevadas que el cuerpo se me acomoda y puedo disfrutar por fin del tramo que atravesamos.
Inicio de la cresta
Conforme ganamos altura, ya encordados, pasito a pasito, la pendiente se acrecienta y cuando dejamos la huella de la ruta principal al Neouvielle se hace algo más lenta la progresión. La nieve está muy húmeda y primavera, nos hundimos más de lo deseable pero aun así me encuentro bien cuando llegamos al pié de la pared, a la brecha de Chausenque. Se trata de un paso que corta la cresta norte por la mitad y permite pasar a la otra cara del macizo. Aquí nos quitamos los crampones, Nacho saca los hierros y comemos algo antes de ponernos a escalar.
La entrada a la cresta se realiza desde el lado norte, por una chimenea que tiene un primer paso que a priori no es muy complicado (III+) pero es guarro, en oposición (con mi peso los que más sufro) y tardo un rato en salvarlo. Supongo que la falta de práctica influye también lo suyo.
Primeros pasos de la arista
Finalmente salimos de la chimenea y nos encaramamos a la arita, una hermosa sucesión de pináculos y bloques graníticos que se pierden en la distancia. Visto mi “éxito” con este paso inicial de escalada, Nacho opta por evitar subir el tramo que falta al campanal del Neouvielle, la aguja que tenemos encima y que tiene un paso difícil, y como no nos impide continuar itinerario, seguimos por la cresta.
Ya llevamos un rato de cresta
Los pasos se suceden continuando en ensamble, siempre Nacho por delante marcando el camino y asegurando con ayuda de las rocas en los pasos más delicados. Poco a poco la arista se vuelve horizontal y gana anchura hasta salir a un hombro nevado que contacta con la vía normal de ascensión al pico. Hacemos aquí una parada, nos sacamos ropa que hace calor y comemos algo.
Una placa que superamos en un plis plas
Nosotros vamos a seguir por la cresta, así que cruzamos rápidamente la nieve y le damos a un nuevo tramo, bastante vertical pero sin pasos complicados, apenas una placa que salvamos con rapidez porque ya me noto con mucha más confianza. Nacho aprovecha para irme dando consejos y explicar el porqué de ciertos procedimientos. 
Alguna de las partes más espectaculares
Toda esta altura que hemos ido ganando se nota, especialmente cuando miramos a la derecha y vemos la espectacular cara norte que cae a pico hacia las morrenas que guardan la pared, cientos de metros más abajo. La arista ahora mismo es eso, una arista finísima con muchos pasos colgado en el vacío, otros que hay que pasar a caballo y destrepes que dan más respeto que los que se escalan. Voy echando la vista hacia atrás y me hago cruces de por donde pasamos y qué lugares dejamos atrás
Ya queda poco!
Así tras un buen rato que se me hace corto llegamos a lo que parece ya el final de la cresta, desde aquí apenas un paso para llegar a cima. Como la nieve está fea y nos hundimos hasta el corvejón la decisión es sencilla: continuar por la cresta, menos evidente y algo más sucia que antes pero igual muy entretenida.
Desde la cima del Neouvielle (3091m)
Poco rato después asomamos por la cima, donde un grupo de franceses que pasan los 70 años nos saludan con animosidad. Chapurreamos un poco con ellos, nos hacemos fotos mutuamente y mientras ellos empiezan la bajada nosotros aún nos quedamos un rato más arriba, disfrutando del paisaje, de la temperatura y del ambiente sin par de la zona.
Lago Cap de Long
Ya “sólo” queda bajar, así que destrepamos un tramito de roca para llegar a la nieve, donde ya nos calzamos de nuevo los crampones, sacamos el piolet y comenzamos a bajar a zancadas por la nieve. De vez en cuando nos toca hundirnos hasta la cintura pero bajamos sin novedad y a buen ritmo hasta llegar de nuevo a las zonas rocosas del inicio. Fuera crampones y a pata hasta el coche. Este tramo final se me hace largo, es pesado con tanto caos de roca y tengo las botas empapadas con los pies en maceración. Así pues algún resbalón mediante, llegamos abajo.
Pirineo francés aún nevado
Cambiarnos, comentar la jugada, beber agua a espuertas y finalmente una birra en Escalona que sabe a gloria son parte del ritual final de la jornada, excelente salida al monte que me ha hecho reencontrar esas sensaciones que sólo se tienen en este tipo de lugares y que tanto echaba de menos. La semana que viene más!!!
Publicar un comentario