Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

10 sept. 2008

Crónicas Neozelandesas. Día 10 (18/11/07)

¿Cómo os sentís cuando esperabais tanto de una cita y luego todo queda en fiasco? ¿Cuando habéis hecho muchos Km. para ir a esquiar y se pega todo el fin de semana con mal tiempo y no hay ocasión ni de calzarse las botas? ¿O cuando no puedes acudir a una ruta épica por un imprevisto la misma mañana de hacerla?
Todo eso y más significó Naseby para nosotros. Pero vayamos por partes…
Como nuevos nos despertamos en la camper tras dormir buenos ratos. Es tarde, la mañana ha salido despejada y antes de las 10 hemos de dejar el camping, así que una rápida limpieza en el baño, calzarse ya las ropas de faena y conducir hasta el centro del pueblo. Centro del pueblo…

4 calles cruzadas por otras tantas, y todo rodeado por pinos de repoblación. Un “Hotel del pueblo” una “cantina del pueblo” y un “colmado del pueblo” es lo que Naseby ofrece al visitante. Y claro, una brutal cantidad de senderos a cual mejor. Claro…En el hotel nos venden por 2$ un mapa de los senderos del bosque. Parece un garabato de un niño de 3 años, líneas inconexas cruzan supuestas pistas, siguiendo una retahíla de puntos numerados. ¿Os acordáis de los dibujos que consistían en ir uniendo puntos con el lápiz?

Hay bastantes coches con porta bicis aparcados por ahí, muchos aún conservan las bicicletas colocadas, casi todas rígidas. Dejamos con ellos nuestra camper y cogemos la carretera que va hacia el bosque. Pronto acaba en una pista de tierra seca que serpentea entre pinos idénticos. No hay más vegetación, ni matojos ni hierba, tan sólo pinos y tierra. En el primer “punto” nos desviamos a la derecha para coger un sendero que atraviesa rampas, cortados, terraplenes, siempre con un surco del tamaño de una rueda de tractor. No me gusta.

El resto de los senderos son todos parecidos, en un terreno llano principalmente, pues apenas hay 100mts entre el punto más alto y más bajo, pero bastante roto, continuos cambios de rasante y zonas para pegar brincos.
Sumado a un plano indescifrable, unos caminos sin marcar, un terreno monótono y feo con avaricia, unas sendas erosionadas a más no poder y un montón de cortados de freeride y entenderéis nuestra desilusión. Y es que claro, al lado de casa tenemos lo mismo pero mucho más bonito y menos erosionado. No somos de pegar botes y cortados de 2 metros (ni de 1) y tras media mañana de vagar sin rumbo por allí nos fuimos asqueados y llenos de polvo a la camper. De tal desgana, no hicimos ni una sola foto de Naseby.
Me corto bastante a la hora de criticar el sitio, pues seguro que a mucha gente de gustos más free con bicis tochas les hubiera gustado. Es como un bikepark en llano, en zona árida y en medio de un bosque artificial.

Cogimos carretera y al poco llegamos a la costa este de la isla, donde paramos en Moerari a ver la famosa playa de los “Boulders”. Son unas piedras inmensas totalmente redondeadas, que están en medio de una playa. La erosión hace que alguna acabe partiéndose dejando a la vista su interior, en parte hueco. Algunas están medio enterradas en la arena, otras completamente fuera, otras dentro del mar, y otras aparecen poco a poco del cortado de tierra que se eleva al final de la playa. Llaman mucho la atención, y te hace pensar en qué coño serán. Parece que provienen de lava volcánica solidificada, burbujas de lava que enfriaron con tal rapidez que no perdieron su forma, y por ello están huecas.


Echamos un bocado en la playa y continuamos carretera hacia el norte, bordeando la costa. Paramos en un par de pequeñas ciudades. En la primera, Omaru, había una representación de la inauguración del ferrocarril, con una máquina de vapor (según Luis el humo era de gasoil, no de carbón) y mucha gente con trajes de época del S.XIX.
En la segunda, de cuyo nombre no quiero acordarme, fuimos a ver una ¿hermosa? bahía y lo único que vimos fue una playa sucia al lado de la cual habían montado una zona de ferias, y un parquecillo para “skaters y bikers” de esos. Un crío de unos 10-12 años hacía unas cosas con una bici de dirt que nos quedamos flipando.

Al poco seguimos marcha, y tras un par de horas de carretera más paramos en una zona al lado de la carretera a pasar la noche, nuestra última noche en la camper. Aprovechamos para limpiarla a conciencia por dentro y a disimular por fuera con un poco de barro un chinazo que tenía en la luna delantera (no fuera que nos cobraran el cristal entero!!)
Hice una bañera entera de macarrones a la carbonara para gastar la comida que sobraba, y con un empacho tremendo me las arreglé para meterme en la cama y quedarme sobado…
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