Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

3 sept. 2008

Crónicas Neozelandesas. Día 6 (14/11/07)

Nos despertamos a las 6,45, hace un día perfecto, sin nubes, aire claro…perfecto para las fotos del lago!!!

Mierda, me he dormido, no me va a dar tiempo!!!

Corro hacia el lago, lo que ayer nos costó 40min lo hago en escasos 20, y jadeando llego a la otra orilla, desde donde puedo ver el famoso efecto del Mirror-lake. De verdad que el reflejo es perfecto, y con las nubes justo asomando por los picos, la niebla mañanera del lago y la luz emergente me salen unas fotos preciosas. Hago varias pruebas, y rápido vuelvo a la camper, que hay que ir al glaciar.

Una vez en Franz Josef, al que llegamos sin 1 minuto de sobras, entramos en la compañía de guías que hacen el glaciar. Son todos unos animales salvajes, vaya malas bestias. Me recuerdan mucho a esos guías cuadrados chuleras que abundan por nuestros Pirineos y que los sacas de lo que hacen y no saben por ande les pega el aire.
Nos dan ropa impermeable, botas, crampones, gorro, guantes, todo muy bien organizado, mu pofesional!!

El bus nos lleva los 5km hasta el inicio del valle y allí comienza la marcha a pata hasta la morrena frontal del glaciar. Impresiona, es inmenso, la lengua tiene el grosor de un edificio de 50 pisos, y encajonado entre unas paredes verticales que dan paso al bosque tropical de las laderas su aspecto es majestuoso.

Una vez llegados allí nos explican como calzarse los crampones (más viejos que la pana) y dividen el grupo en subgrupos. De 35 que somos harán 3 grupos, cada uno con un guía. Nos ponemos en el grupo de los más “expertos” (eufemismo, las mitades no habían visto un glaciar ni en la TV) en montaña. Nos comentan que hay que andar con mucho cuidado, guardar las distancias entre nosotros, no tocar el suelo con las manos, todo de manera muy solemne. Está claro que un glaciar es muy peligroso, pero hay glaciares y glaciares, y este era precioso pero la lengua, que es lo que nosotros andamos, era más segura que una calle de Madrid. Se destapa el misterio de los guías: Está como toros porque cargan con unos picos de obra con los que van conservando las escaleras talladas en el hielo. Así que entre picar y palear esto parece una obra y no una excursión. Está muy bien que conserven el camino, pero que lo hagan cuando no llevan grupos. Subimos despacio, lentos, me aburro enormemente, y al rato, cuando ya empiezo a interesarme dicen que ya hemos llegado al punto más alto. Si apenas hemos subido 300mts!!!!! Comemos algo cerca de unos bonitos seracs que forman una escultura modernista y después el guía nos hace pasar por una grieta de hielo azul, un corredor horizontal de poco más de 10mts de largo, que es lo más “excitante” de la visita. Desandamos el camino, y volvemos abajo.

Ahora nos toca carretera, casi 7 horas hasta Queenstown que se hacen amenas por la maravilla del paisaje. En especial el valle de Haast. Haast es un pueblo a orillas del mar, en la desembocadura del río del mismo nombre, que se remonta para cruzar los Alpes por el fondo del valle hasta un collado donde cambian las pendientes.

Apenas nos hemos alejado 20km del mar que ya estamos rodeados de montañas inmensas, completamente nevadas en su parte final. Muchas de ellas sobrepasan con creces los 2000mts. El valle continúa ancho un buen trecho para angostarse paulatinamente, creando un río bravo, juguetón. Si Angel y sus colegas los bajaron en piragua debieron disfrutar de lo lindo, porque parece divertido. De las paredes del valle caen constantemente cascadas, el paisaje obliga a ir despacio mirando a todas partes.
También pinta buen río para las truchas.

Una vez pasado el collado el terreno cambia, se hace más llano, parece una meseta que vamos descendiendo progresivamente, siempre entre árboles y con montañas a lo lejos. Llegamos a los dos lagos “gemelos” de Wanaka. La carretera pasa entre medio de ambos, si bien apenas nunca los disivsamos los dos al mismo tiempo. Siempre hay una delgada línea de colinas entre ambos, y la carretera se turna entre uno y otro. A nuestra derecha se alza el monte Aspiring, otro 3000, y quizás el más hermoso de todos los montes que hay en la isla.

Desde Wanaka la carretera hasta Queenstown pasa por un valle elevado, muy estrecho y curiosamente casi sin vegetación, salvo pastos. Coronamos otro collado, cerca de la estación de esquí de Cardrona (pronto volveré pero todavía no lo sé) y bajamos hasta Queenstown, a orillas de un lago enorme, rodeado por una cadena de montañas preciosas, las Remakables.

Estaremos 3 noches, y esta vez dormiremos en cama, pues hemos cogido sitio en un young hostel.Nos vemos con Cecilia, una argentina que es agente de viajes, dueña de http://www.destinonz.com/ que nos va a reservar las actividades, y hablamos con ella largo y tendido tomándonos un chocolate caliente argentino a orillas del lago.

Una vez todo arreglado nos vamos a cenar a un garito bien chulo, con chimenea y todo, La Vaca, donde hacen unas pizzas inmensas y buenísimas, que nos ha recomendado. Luego quisimos volver otras noches pero siempre estaba lleno.
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