Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

23 may. 2008

Fornos, la fuerza del agua


El pasado martes me fuí en un rato que tenía con Moskowa al barranco Irués, que forma un angosto valle a la altura de Lafortunada. Dejando el coche en Badaín, donde el Irués desagua en el Cinca, en hora y media a buen paso se recorre la mayor parte del barranco. Es una camino fácil de transitar (y ciclable) que va a media ladera entre un bosque muu denso, primero de pinos y caixigos, y luego de hayas y abetos. El tramo final está repleto de musgos, helechos, sotobosque, enredaderas, y mucha mucha agua (en estos momentos).

Con todo lo que ha llovido quería acercarme andando hasta el Chuzo de Fornos, que es la principal fuente de agua que recibe el Irués. Es una surgencia en la pared de roca que forma los acantilados del fondo del valle. Por encima, muy encima, se haya todo el macizo de Cotiella, queso grullere de la montaña donde los haya, todo surcado de covachas, simas, dolinas y grietas por donode en época de muchas lluvias y/o deshielo corre el agua en cantidades ingentes. Y mucha de esta agua aflora por Fornos. El ruido que se generaba comienza como un rumor mientras avanzas por el sendero entre las hayas, (sorteando decenas de otras pequeñas surgencias y barranqueras) va ampliándose conforme te acercas para estallar en un bramido ensordecedor en cuanto dejas la protección de los árboles y sales a la barranquera que el agua y el tiempo han excavado en la ladera.

No hay manera de cruzar la corriente, para poder tener una mejor visión del chuzo, que destaca más por el ruido que por la vista, medio tapado por las hayas y los espinos. El agua que sale a presión cae por una pendiente repleta de piedras, cantos rodados y rocas redondeadas, cubiertas de musgo, saltando, pulverizándose, creando rápidos blancos como la nieve de la que procede, atronando en medio del cañón en que ya se ha convertido el valle.

Es un sonido hermoso, grave, casi diría que relajante, que lo llena todo y pide que prestes al torrente toda tu atención. Incluso diría que la combinación del ruido con la fuerza a la que baja el agua, ahí, a solas, acojona.

Si tienes una tarde, no te importa andar por el monte, sin cobertura de teléfono, sin prisas, y con la cámara de fotos a cuestas, acércate durante el deshielo, en mayo-junio y con un poco de suerte verás el chuzo con todo el explendor con que se nos mostró a Moskowa y a mi.

Y a la vuelta, no te pierdas la panorámica que ofrecen Castillo Mayor y las Treserols enfrentadas entre la vegetación.
Publicar un comentario