Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

23 may. 2008

Un paseo por las nubes (parte II de IV)

Ocurrió que, afortunadamente el Martes, día prefijado como RUTON amaneció con el sol radiando (no es que sonara Luis del Olmo, sino que se veía el sol, y daba calorcito) y aunque unas viles nubes nos estuvieron rondando cual buitres la lluvia no llegó al biker (o era la sangre no llegó al río??)
Tarde, muy tarde como de costumbre estábamos todos montados en las furgos, completamente preparados para marchar de cutas.
La conducción hasta Nerón pueblo pirenaico donde los haya resultó fascinante, Puede ser que nunca haya visto Añisclo tan verde, tan húmedo, tan bonito. El recorrido del cañón se queda en la retina, ya sea a pié, en coche o en bici, y al novato le entran ganas de volver en otoño, a disfrutar de sus colores y el murmullo del agua.
Finalmente, tras unas cortas y fotográficas paradas llegamos al punto de salida de la ruta; nos cambiamos, pusimos todo en orden, cremas solares, quitar el arnés a la perra (Moskowa nos acompañó como guía local), encender gps, colocar las calas en los pedales y ¡¡En marcha!!
La ruta, que aún no he dicho ni pío sobre ella, discurre por el linde sur-oeste del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
Remontamos hasta los 2200mts de la sierra de Las Cutas por la pista del mismo nombre (El uso y disfrute que se da a esta pista sería objeto de un post el doble de largo que el de hoy…lamentable) hasta llegar a los miradores que hay sobre el Valle de Ordesa, monumento paisajístico de magnitudes eternas.
Tan visto que lo tengo, y cada perspectiva, aún repetida, ofrece nuevas sensaciones, nuevamente se me pone la piel de gallina. Es la lluvia, el sol, las sombras, el otoño o la primavera, la nieve…cada vez es diferente. En esta ocasión, el contraste de la nieve con el Hayedo rallando el verde fosforito resultaba mágico.
Las nubes impidieron el completo gozo, ocultando completamente la Brecha, las Tres Marías y Bujaruelo.

Los Treserols se salvaron, pero tan sólo un rato. Suficiente para unas fotos mundiales.
A todo esto he de puntualizar que, querido lector, no se tarda en subir lo mismo que en leer, pues la panzada de 2 horas y más de 1.000mts de subir hace que el éxtasis del “momento-mirador” sea si cabe más “digestiva”. Pa cagarse, vamos.

Tras fotos, filmandas, meandas y car-car-candas variadas enfilamos el siguiente punto fuerte de la ruta: PR de bajada a Fanlo. Tres partes diferenciadas, tres tipos de conducción, un solo objetivo: gozarla.
Comenzamos con una parte de tasca (prados de altura), para continuar por una zona de lajas calizas muy técnica y finalmente un montón de curvas enlazadas entre bosque.
La bajada concluye en un recodo del barranco Grampe, al lado de Fanlo. Desde allí, y tras 3km de asfalto, un GR subibaja nos devolvió al punto de partida, donde los turistas realizaron sus trueques euros-boj.

Jornada fabulosa que concluyó con unas vistas al tonifanemovil perdiendo aceite…
Creo recordar, si la memoria no me falla, que la cena consistió en un arroz con pollo del Nano sencillamente espectacular, arte culinario de muchos kilates (de kilos).
El día siguiente, miércoles, amaneció lluvioso, plomizo, gris, soñoliento, infausto, etc etc etc. La ruta planeada iba a discurrir por el Valle de Chistau, subiendo al Tozal de Belicuangas, a casi 2.000mts y por razones evidentes hubo de abortarse.
Así que desayunamos con calma, y mientras unos perreaban, otros se volvían al sobre, y mi menda se ponía a currar, hasta las 11 que nos fuimos a la parte nueva de Ainsa para tomar café en Sanchez y charrar con Oriol y Ángel en Intersport.
El tiempo parecía aclarar, las ganas de ciclar (de algunos) estaban en pleno apogeo, y yo me conocía una ruta cerquita sin barro y que podía desembarazarnos un poco del mono.
Así que a cambiarse, y cuando estábamos listos, vuelve a arreciar el agua. Momento de duda, alguno abandona, otros esperan, hay opiniones para todos los gustos, y tras un buen rato de esperar cambiados y con las bicis listas, un iluminado (no se quien fue, lo juro) da la orden de marchar.
Así empezaba el Santa Catalina más surrealista de mi vida…
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