Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

20 may. 2008

Un paseo por las nubes (parte I de IV)

Es un título tan malo como cualquier otro de los que se me ocurrían, muchos de ellos (como este) sacados de películas (por tierra, mar y aire; un plan sencillo; Pathfinder; Semana gastronómica…) Es una semana que no precisa de títulos, y por ello me he decidido al azar por uno de ellos. Quizás me ha gustado lo de las nubes, pues pega bastante con el cielo que nos ha tocado en desgracia (o gracia) estos días. El agua (siempre bienvenida) ha teñido con trazos épicos algunas de las rutas. Pero al grano que para variar me voy de bulerías…

Multitud de correos mediante, un viernes plomizo por la tarde noche comienzan a aparecer por Ainsa, dirección mi casa, un afamado grupo de bikers de esos de protecciones en astillero, badana antigua, rocín gordo y estómago corredor.
Gentes de allende los mares, otros de las tierras que hay pasados los grandes desiertos, extranjeros de lenguas ignotas, seres de tez cetrina y/o expresiones aterradoras.
Reata de anticristos ante la cual las agüelas escapaban directas al espantabrujas de sus chamineras, el Mosen repartía excomulgaciones (Alfonso, latae sententiae) y los niños escapaban presos del llanto.
Nombres como Carol, Melo, Nano, Toni, Jim, Potx, Pert, Adán, Pepe, Javito, Jesús, Chus, Santos, Jipi fueron entrando y saliendo del pueblo durante la semana, pero ya no se moverán de esta crónica, con todo lo que ello significa.

El recibimiento corrió a cargo de unas almóndigas preparadas con gran esmero por parte del aborigen (pues dado mi gusto por la higiene, estar dos semanas sin lavarme las manos fue todo un suplicio) que oficiaba de madre, usease, yo. Los primeros días el trabajo y una boda no me permitieron unirme a las rutas iniciales, pero la del tercer día fue otro cantar:
A mediodía recién plegado el curro, con el sol brillando sobre Ainsa (anote el señor lector este dato) enfilé con la flagoneta las carreteras de la “tierra buxo” dirección Buil, otrora plaza fuerte medieval de la resistencia al sarraceno. Escasos 4km antes de Buil, el cielo se hallaba cubierto, la carretera era un río de agua y barro y en las cunetas brillaban las hojas húmedas, las bolas de granizo y las BTT tope gama. Imagen surrealista a más no poder, lluvia a cántaros, carretera estrecha vacía y miles de euros en bicis desperdigadas por las márgenes. En una borda al pié del camino me esperaba un grupeto del comando de bikers, bien fartos de agua, chupiaos hasta el moño y tiritando. Y estos eran los que habían encontrado guarida…
Aparco, que si abortan misión, que si no, que si tengo frío, que si una subida pa calentarse, mientras discuten yo cojo y me visto de ciclista, saco la bici de la flagoneta y me planto en que la ruta hay que acabarla. En esto van llegando los demás, como recién salidos de un rafting y queda claro que unos quieren abortar misión, con lo que 5 inclasificables (omito sus nombres por respeto a sus familias) cogen mi flagoneta y se van a casa. Y nosotros, ya sin tormenta (que había quedado circunscrita a un espacio de 5km cuadrados escasos) nos fuimos a los dos platos fuertes del día: el Sarrastaño y la sierra de Partara, monumentos paisajísticos y senderísticos donde los haya.
El Sarrastaño, una cabañera de importancia tremenda en sus días, se descuelga por un acantilado rocoso desde Buil hasta Sarrato, formando una bajada a la que los adjetivos épica, brutal y trepidante no hacen justicia.

Por su parte la Sierra de Partara separa los núcleos abandonados de Sarrato y Sarratiás de Ainsa, y cuenta con un sendero recién rehabilitado que serpentea por toda su cresta, ofreciendo unas vistas de Ainsa incomparables.
Dicho sendero desemboca en un barranco, el Ena (tras una bajada vertiginosa, a la velocidad de la luz) que hay que vadear para poder salir a la carretera. Y claro, con tanta lluvia en su cabecera, lo que 4 horas antes era un hilo de agua, acabó siendo un mangazo de padre y señor mío que hubo que cruzar mojados hasta las gónadas!!!
Y para rematar el día, jarra de cerveza en la Plaza Mayor de Ainsa…¡¡bajo el sol!!
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