Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

20 ago 2026

Priorizar lo urgente sobre lo importante

 Este incendio tan doloroso y triste, tan cabrón y agobiante, tan descorazonador y dañino, es sobre todo un incendio esperado y anticipado. Cuántas personas conocéis, si es que no vosotros mismos, que han comentado que “si prende ese monte, no lo paran hasta que llegue al llano”. “Ese monte” son todas y cada una de las sierras exteriores del Pirineo y Prepirineo.


Además de desnudar de vida un pedazo enorme de Prepirineo, este fuego también ha desnudado las miserias de demasiados dirigentes, no ya políticos, sino de diversas asociaciones, federaciones, etc. Nadie* se ha equivocado, todos apoyaban y apoyan las gestiones sostenibles del monte, los nuevos modelos de prevención que hay que aplicar, todos avisaron, etc. No son palabras que difieran mucho de las que se dicen cada mes de agosto, si os interesa tirad de hemeroteca. Se decían cuando los fuegos en Aragón eran graves, pero no catastróficos. Nunca cambió nada, al menos de forma general, constante, sistémica.

Escuchar esas mismas palabras ahora, con las cenizas frescas del incendio de Cinco Villas y las llamas aun prendiendo en Peñas de Riglos, hace que se me revuelvan las tripas. Leerlos poniéndose de perfil, sacando la cara por sí mismos o mintiendo descaradamente, me pone enfermo.

Comparativa ortofotos 2024 vs 1956 al sur de San Juan de la Peña

La realidad es que esta tragedia estaba cantada, este año, dentro de 2 o de 5. No hacía falta ser un lince para anticiparlo, sólo leer, pensar, unir puntos y apoyarse en las predicciones de los expertos. Si alguien dudaba de que era solo cuestión de tiempo, o es un mentiroso o no tiene capacidad para estar en un puesto de toma de decisiones. Y nos hemos quedado de brazos cruzados, tod@s los que formamos parte de los puestos de responsabilidad del tejido asociativo, político o apolítico, de Aragón.

Por supuesto que hay grados de culpabilidad, pero yo mismo, que por desgracia tenía clarísimo que esto iba a ocurrir, no he empujado lo suficiente desde mi asociación, Zona Zero Pirineos, que nos dedicamos precisamente a transitar por el monte desbrozando y recuperando los caminos tradicionales de Sobrarbe para uso de las bicis y de tod@s sus usuarios. Vemos el monte cada día, y se nos encoge el corazón cuando pensamos en lo que puede pasar con tantos kilómetros cuadrados de bosques sin gestionar.

Durante años hemos pensado, y con razón, que una red de caminos bien mantenida ayuda mucho a acceder al monte a los medios especializados, ejerce de retardante o incluso de freno del avance de las llamas. La triste realidad es que con un monte tan seco y unas temperaturas tan altas como las que ya tenemos en verano (y que solo van a hacer que subir progresivamente) cuando el fuego coge fuerza, solo lo para una meteorología muy favorable o barreras naturales.

Comparativa ortofotos 2024 vs 1956 al noroeste de Boltaña
 

¿La excusa que me decía? No es nuestra responsabilidad, ni la misión de nuestra asociación, ya hay quienes cobran por gestionar los montes, o ya les he dicho que hay que hacer algo, que así no se puede seguir. Valiente excusa; si no es mi responsabilidad, que amo la naturaleza más que a mí mismo y estoy en ella casi todos los días, ¿de quién es? Estoy seguro de que podríamos haber presionado mucho más a los alcaldes, presidentes de Comarcas o políticos provinciales y regionales con los que hablamos durante el año. O intentado aglutinar a más colectivos para hacer más fuerza, porque aquí arriba somos pocos y nuestra voz no llega muy lejos.

Si como ahora parece nadie se ha equivocado, ni políticos ni asociaciones, eso significa que se ha hecho todo razonablemente bien y por tanto que no hay mucho margen de actuación. Y me niego a tolerar semejante insulto a la inteligencia. Si no hacemos un ejercicio de autocrítica, si no llevamos a cabo un proceso interno de reflexión, acabaremos viendo quemado todo el Prepirineo y gran parte del Pirineo. Hemos priorizado lo urgente sobre lo importante, y eso ha de cambiar.

Ribera y montes al norte del embalse de la Peña, 1956

Dicho cambio, si me preguntáis, debe ir de abajo a arriba. Los municipios y pequeñas asociaciones debemos trabajar unidos agrupando medios, apoyados en expertos, para aprender qué requiere nuestro entorno más cercano. Priorizando y dando ejemplo, tomándolo como el proyecto más importante de los próximos años. Si no sabemos lo que necesitamos, no sabremos qué exigir.

Y a partir de ahí, uniendo municipios, comarcas… presionar a quien gestiona el dinero y legisla para las zonas rurales desde las ciudades. Esos que durante las últimas décadas ha hecho oídos sordos sobre este tema. Y si tienen dudas… cortando carreteras, tomando plazas y calles, bloqueando servicios o edificios. Sin violencia, pero sin reblar.

Porque dinero para lo que interesa hay. Lo vemos en las notas de prensa de los gobiernos provinciales, regionales y nacionales. Esa excusa no vale. ¿Cuánto va a costar apagar y regenerar los incendios de Cinco Villas y Peñas de Riglos? Poner soluciones desde pasado mañana es la gestión económica más rentable. Por mucho que se invierta, será rentable si se hace bien.

La legislativa y la ejecutiva, tampoco. Hemos visto trámites de urgencia, cambios de normativas para anteayer, siempre según le interesa al decisor y a los que lo presionan. Por tanto, la velocidad a la que se pueden hacer modificaciones es, hasta cierto punto, directamente proporcional a los kilogramos por centímetro cuadrado de presión que se ejerzan.

Montes, pueblos, barrancos, prados, bosques… Si la tierra que nos ha visto llorar, reír, enamorarnos, sangrar y temblar de emoción no tiene el suficiente valor para que la defendamos, ¿qué nos queda?

No puede ser que el año que viene los incendios nos vuelvan a poner el corazón en un puño sin haber hecho lo que sí podemos hacer: pensar, priorizar, presionar.

Ribera y montes al norte del embalse de la Peña, 2024

PD: Gestionar los montes se puede hacer de muchas formas, desde clarearlos con maquinaria hasta quemas controladas en invierno. Creo que es deber de nuestros dirigentes que se haga de forma que contribuya a generar trabajo y arraigo en el mundo rural: que ayude a la ganadería extensiva, que genere riqueza para propietarios públicos y privados (es la única manera de involucrarlos de verdad), que favorezca el acceso y disfrute del monte para los vecinos y que recupere el patrimonio perdido durante estos últimos 90-100 años de paulatino abandono y expulsión.

 PD2: Soy perfectamente consciente que los principales responsables son quienes nos gobiernan en España y Aragón, del primer al último partido. También soy perfectamente consciente que ellos, que viven en grandes ciudades en su mayoría, tardarán menos en ponerse a culpar unos a otros a que en solucionar nuestros problemas (lo estamos viendo con los fuegos aún encendidos), porque son tan cortoplacistas que no se dan (o no se quieren dar) cuenta que, si se quema el mundo rural, quienes más lo sufrirán acabarán siendo los urbanitas, cuando no les llegue agua ni comida, porque eso nace en el mundo rural, no en las baldas de supermercados.

No nos engañemos, qué partidos nacionales o regionales han llevado en sus programas electorales una promesa clara, trabajada, valorada y profesional de realizar un cambio en la gestión rural de montes, pueblos, recursos, servicios… (yo no recuerdo ninguna) en vez de el típico brindis al sol de 2 líneas estilo “combatir el cambio climático” o “apoyar al mundo rural, que tan importante es y blablablá”

Por tanto, si nosotros no aprendemos que las soluciones pasan por ejercer toda la presión que podamos, estamos perdidos.


Jorge Ruiz de Eguilaz Solanilla 

* Si alguno ha salido a ejercer autocrítica públicamente le pido disculpas, no he sabido verlo.

29 jul 2026

El arte de culpar

EL ARTE DE CULPAR

 
Que las líneas editoriales de los periódicos son subjetivas es un hecho desde hace décadas, seguramente desde el inicio de la prensa y el periodismo.
Sin embargo, daba la impresión de que los medios, al menos los mas reputados, llevaban a cabo una autocensura y este partidismo no opacaba el derecho a la información. O eso es lo que mi yo adolescente y juvenil interpretaba o recuerdo.
 
 Actualmente, en un proceso de aceleración geométrica iniciado con la llegada de Internet como medio de comunicación masivo, están más interesadas en manipular la opinión publica que en informar, que en respetar ese derecho ciudadano. Y lo peor es que ya ha sido socialmente aceptado.
Una tragedia de primer orden.
 

Los medios actuales, da igual cuales, retuercen la verdad (el titular es cierto) de formas mucho más dañinas que mintiendo. 
 
Titulares, imágenes, timing, redacción, signos de puntuación… logran decir una verdad de tal forma que manipulan mucho más que con una mentira. Este proceso de ingeniería de la palabra, alimentado primero en paralelo y luego conjuntamente con el clickbaiting, es una de las razones principales de la polarización social actual. Hasta dudo de si no será todavía mas culpable que los propios partidos políticos.

Y es que viendo este titular, me asalta la duda de si es la política quien utiliza estos medios o viceversa, siendo los medios, como son, los tentáculos visibles de los grandes grupos empresariales conocidos como “el capital”
Estamos hablando de El Mundo, un medio “reputado” de derechas, pero menos escorado que el ABC o esos panfletos que no quiero ni nombrar.
 

Echar la culpa de un incendio terrorífico, de forma tan grosera, descarada y falaz al sector primario, con un titular tan zafio, amarillista y forzado (qué bien haría a la profesión la vuelta del curso de ética periodística de Caiga Quien Caiga) solo se explica desde la búsqueda de culpables ajenos a los gestores y legisladores, esto es, los políticos.

 

 
A esto hay que sumar, que en esta vergonzosa pelea política entre izquierda y derecha, donde unos esgrimen que la culpa es del cambio climático y los otros de que los montes están sucios (ya iré luego a esto), la izquierda ha tomado el partido de “defender” (me parto) esto primero mientras que la derecha “defiende” (juasss) lo segundo, dado que no se deja a las gentes rurales (en eso hemos quedado, munición para echar en cara) la gestión del monte.

Por tanto la lógica nos diría que este titular debería cuadrar mas en un El Pais o un El Diario, dado que PP y VOX se han auto-nombrado los custodios del sector primario.

Ocurre, o al menos eso creo, que para aplicar la lógica debemos tomar aun más perspectiva:

- Conviene recordar que los partidos políticos hay ocasiones en que votan todos a una: subirse el sueldo, mejorar sus condiciones laborales, blindarse judicialmente… este tipo de cosas.

- Conviene también tomar conciencia del momento actual. No estamos en un momento excepcionalmente cruento de incendios (que también), estamos en la nueva normalidad (uso este término que tanto odié en la post pandemia) y esto se va a repetir cada vez más habitualmente. Esta vez tenemos los incendios hasta en la sopa porque son junto a Madrid, sede de (casi) todos los medios, políticos, grandes empresas y todo aquel que decide en este país. Preguntad a los de Zamora o León el año pasado si la cobertura era igual, si la psicosis creada era igual…

- Conviene volver a la idea de que quien manda de verdad no son lo políticos sino quienes les sugieren qué y como legislar, gobernar, presupuestar. Si, los dueños de los medios.


En mi cabeza se forma de (valga la rebuznancia) forma intuitiva, a base de multitud de asociaciones de ideas subconscientes, un esquema de los medios nacionales. Es una especie de linea en forma de V muy abierta. El vértice sería el centro político y según nos desplazamos a cada lado nos posicionamos mas a la izquierda o la derecha. Sobre esa V se aprecia una batería de nombres de medios de comunicación, cada uno sobre el publico objetivo al que va dirigido, de tal forma que ambos “palos” de la V son reflejos casi exactos: El Mundo, ABC, El Español, OKDiario… El País, El Diario, Público…

Y dentro del ángulo que forma esta V, la elipse que somos los ciudadanos, más ancha en el centro, mas exigua en los extremos, si la vemos de frente.
A cada segmento nos corresponde un medio que nos dice lo que queremos oír, pero no se trata de simplemente tenernos contentos, no. A lo que, además, se dedica “nuestro” medio es al adoctrinamiento, a que nuestro pensamiento vire hacia donde al medio le interesa. Al medio no, claro, al dueño del medio.
 
Si, adoctrinamiento suena muy fuerte, pero como vivimos en una sociedad que desde la escuela no enseña a pensar poco, a tener poca capacidad de discriminación informativa, de pensar por nosotros mismos; como vivimos una vida con poco tiempo para pensar y leer, y ese tiempo ya se encargan las redes de que sea dirigido hacia lo inmediato y no hacia el cultivo del pensamiento crítico. Cómo, por tanto, deberíamos llamar a que nos indiquen como hemos de pensar, si no adoctrinamiento?

El corolario es que si medio país está enfrentado con la otra mitad, culpándose unos a otros, el status quo no va a cambiar. El dinero y el poder seguirán fluyendo hacia donde “deben”, el monte seguirá siendo el síntoma de un problema mucho mayor (abandono rural, desvalorización del terrero rural, desintegración de la soberanía alimentaria, aumento de la dependencia de las grandes corporaciones…) y el cambio climático será eso tan etéreo que es problema del que venga después.


PD: El culpable hoy es el ganadero, otro día lo será el agricultor, o el que tiene un coche viejo, o el funcionario, o el que no va a votar…

 
PD2: Tengo mi propia opinión acerca de los incendios: esto que está pasando es lo esperado. Si os apetece, informaros sobra cuántos millones (si, millones) de hectáreas se han quemado en los últimos 5 años en (no entre) Rusia, Brasil, EEUU, Canadá… y cómo eran esos incendios (6º generación, imposibles de apagar por medios humanos, piro-cúmulos
monstruosos, centenares de muertos, miles de propiedades quemadas).

Si os interesa para algo mi opinión, es esta misma de la cuenta de instagram @vieja_tierra :
 
 
Para qué voy a explicarlo si ya lo ha hecho el, tan bien o mejor de lo que yo lo haría. 
 
 
 
Jorge Ruiz de Eguilaz 

9 jun 2026

Silencio

¿Qué es el silencio? 

Contra su definición estricta no es la ausencia de sonido. El silencio existe entretejido en una canción, bajo el murmullo del agua del río o a través de la lluvia. El croar de las ranas, las ovejas rumiando, los cantos de los pájaros, el chirriar de los grillos, el viento meciendo la hierba y los ocasionales ladridos de los corzos, todo junto, es silencio. Silencio son los párrafos de un libro corriendo por mi mente o mis diálogos con ella. También los pasos de Luna o sus esporádicos ladridos conforman el silencio. 

 
Orion de Metallica es silencio  

¿El silencio es soledad buscada o compartida por quien también lo entiende así. El silencio es, por tanto, un estado mental. Al menos para mi yo adulto. Estado mental conformado por todos aquellos sonidos que no hacen que mi mente se esconda, se encoja hecha un ovillo en un rincón de mi cabeza. O que se excite y expanda de felicidad entre un torrente de endorfinas o adrenalina.

Es posible que el silencio fuese algo que aprendiese a apreciar a la fuerza, de niño, con mis padres trabajando los 7 días de la semana? No recuerdo cómo afrontaba esos silencios, seguro que leyendo.

Tal vez centrado en mi interior construyendo juegos, mundos, historias… quizás de ahí viene mi afición por la fantasía y la ciencia ficción, esos mundos salidos de la fértil imaginación de escritoras y escritores que, seguro, idearon en silencio. 

El Señor de los Anillos fue silencio mucho antes de ser película

Si que recuerdo que preguntaba mucho. “¿Por qué?” era un continuo ametrallar a preguntas, un niño super hablador. Nunca me ha gustado tener que aceptar algo sin intentar entenderlo, “porque si”. Si no entiendo algo, pues no lo entiendo, pero tampoco lo aceptaré como un dogma de fe. Imagino que de ahí mi ateísmo viniendo de una familia tan católica, pese a mis años de monaguillo. 

Y un poco más adelante, no sé bien a qué edad, me callé, dejé de preguntar, me cerré. ¿Tal vez el silencio a mis infantiles preguntas fuese relevante después? ¿El carrañarme por hablar de más? ¿Mi precocidad intelectual sin gestionar? Tan pocos recuerdos de mi infancia… a veces pienso que se me escapa algo, aunque comienzo (despacio) a vislumbrar patrones. 

Luna es silencio

¿Es el silencio una afición? ¿Una droga? ¿Una huida?

Reconozco sentirme completamente ajeno a la sociedad en la que me ha tocado vivir. Hay tantas cosas que no soy capaz de comprender, de apreciar, de aceptar. Ni siquiera me quiero exponer a la mayoría de ellas, como si fueran una contaminación que pudiera dejarme una mancha indeleble.

No sería raro que fuese una huida de ella, ¿verdad? Pero cuando esa huida es también de lo bueno, de lo mejor que tiene este mundo, ya no parece un comportamiento bueno ni deseable, sino más bien una droga, o un autosabotaje.

¿O un mecanismo de supervivencia? 

Y es que, pese a todo, me resulta tan necesario como respirar. Igual que miro la meteo que hará durante la semana, también identifico los espacios en el calendario que puedo destinar a ello. Porque no valen un par de horas. Necesito una tarde entera aquí, o una mañana allá. En ocasiones, hasta un día entero sin hablar con nadie. Mi cuerpo se agota con el contacto social, con los ruidos artificiales, con las luces fuertes, con el murmullo de la gente.

El fuego es silencio
Como si fuese un perro de Pávlov estoy tan condicionado que ver una calle llena de gente me genera agobio; Cruzar Ainsa y ver que los coches se han multiplicado por 10, uno mal aparcado aquí, otro allá, otro girando donde no se puede o molestando, otro pitando… ese caos de ruido y movimiento me satura.

Estas sobrecargas de estímulos, muchos de ellos tomados como aprensión o peligro, me drenan la energía. Hasta los mejores estímulos, los más maravillosos que pueda expresar, me agotan si se alargan y preciso este silencio. Si no soy capaz de aplicar ese remedio en las dosis adecuadas, mi capacidad de relacionarme mengua a niveles ínfimos: estoy arisco, callado, cansado, impaciente, irascible y nada comunicativo.

En cambio, cuando logro inocularme mis dosis de silencio (especialmente mezclados con naturaleza) soy capaz de nuevo de disfrutar de conversaciones, de escuchar con atención y paciencia, de apreciar la compañía.

La naturaleza es silencio
Mi propio compás moral, ese sentido interno de lo que para mí es lo correcto, de lo que está bien o no, se ve tan agredido por los comportamientos sociales establecidos que gira loco como una brújula sobre un polo magnético. Y el propio hecho de tener que vivir, trabajar, interactuar en esta sociedad aceptando sus constructos sociales como necesarios me genera una contradicción interna, una lucha interminable entre lo que debería ser y lo que es, lo que debería hacer y lo que hago, lo que está bien y lo que no, lo que tengo que hacer para encajar de forma coherente, aunque sea a base de poner mis propias condiciones y reformar, aunque solo sea mínimamente, la parte que me ha tocado vivir.

Silencio es lo que requiero después, empaparme de todo lo que es puro y sencillo, huir de lo abstracto para estabilizar ese compás, rumiar (de más), entenderme, recordar que hay cosas maravillosas dentro de esa sociedad y buscarlas. Hallar las luces que la iluminan y evitar verme atrapado por la oscuridad que no las deja brillar

La soledad es silencio
Silencio es lo que necesito para poder discernir lo importante de lo ruidoso. Lo que merece atención y esfuerzo de lo que debe resbalarme. Las relaciones positivas de las negativas. La prioridad de lo insustancial. El regalo de la vida del envoltorio, que se ha convertido en lo preponderante cuando de verdad es insignificante.

Estoy aprendiendo que es posible que los engranajes de mi cabeza se muevan a mucha velocidad, procesen excesivas tareas simultáneamente, analicen un número exagerado de variables presentes e infieran demasiados escenarios futuros a raíz de cada una de ellas. El silencio me otorga ese necesario reseteo, pero la realidad es que infinidad de lo que ocupa mi cabeza son presentes inexistentes, futuros improbables o datos basura que ocupan capacidad de procesamiento pero que, aunque existan, son irrelevantes para mi vida. Así que estoy a la busca del equilibrio más sano entre estímulos y silencio, entre socializar y aislamiento.

PD: Recordando momentos, evocando sentimientos, abriendo puertas, he dado con este disco, uno de los que más me marcaron en este camino de la introspección. Era de mi padre, pero se lo robé (como tantos otros discos y libros) y volver a escuchar canciones a las que no acudía en décadas me ha traído de vuelta las mismas sensaciones que entonces. Es asombrosa la asociación subconsciente entre una melodía y un estado mental, que vuelve al presente de forma completa apenas escuchar los primeros acordes.

Gracias Ramón Trecet por todo lo que nos enseñaste a tus oyentes, poder conocerte y debatir contigo durante varios años fue un regalo.

Jorge Ruiz de Eguilaz Solanilla 

22 may 2026

La Batalla contra el Olvido

 Muro de Roda (Muro Mayor en tiempos pretéritos, antes de pasar a depender del Obispado de Roda de Isábena) es una fortaleza religioso-militar que data de finales del S.X o principios del S.XI, como baluarte para la reconquista de los territorios que ahora componen el Sobrarbe y la Ribagorza. Tanto el castillo, como la iglesia de Santa María y la ermitade San Bartolomé han sufrido numerosas transformaciones durante este milenio, ya fuese por modas constructivas, por temas defensivos o por el servicio que se daba desde allí a la redolada, pues Muro de Roda era la cabecera política, religiosa y administrativa del valle de La Fueva. El ayuntamiento estuvo allí, así como la escuela, entre otros servicios.

pdf descargable sobre Muro de Roda

 

@theblackmountainphoto

Por ello no sorprende que las laderas que circundan la fortaleza estuviesen densamente pobladas y un sinfín de aldeas proliferaron a sus pies, bien protegidas: La Lecina, Sosiad, La Plana, La Corona, Ministirio, Pamporciello, Fumanal, Arasanz… Salvo contadas excepciones, todas las casas que las formaban están en ruinas, y si bien hay pistas forestales que llegan a ellas, toda la red de caminos tradicionales que las unían entre sí y con Muro de Roda desapareció reclamada por bosques y maleza.

Otros núcleos aún conservan vida, como el Humo de Muro, Aluján o Griébal, pero sus caminos sufrieron el mismo destino.

Este éxodo rural resquebrajó la vida de Sobrarbe (y muchas otras zonas) durante decenios y contribuyó a crear un estado de ánimo sombrío que tan bien retrataron escritores locales como Severino Pallaruelo (“Pirineos, tristes montes” es un libro de cabecera para mí). La desaparición de un modo de vida secular dio paso una nueva realidad en la que la oscuridad de las desventajas de vivir aquí tiznó el brillo de sus ventajas, opacadas todavía más por los cantos de sirena que venían de las ciudades, de los televisores, de la modernidad.

Los brillos de la ciudad se contaban al volver para alguna celebración, con ropa moderna y zapatos lustrosos, pero su oscuridad se omitía, pues contar toda la realidad no era plato de buen gusto. No fue tan diferente al migrante que llega ahora desde Mali o Libia.

 

@theblackmountainphoto

“Huye, polluelo mío, vuela del nido tu que puedes, estudia y vete a la ciudad. Ves a la universidad, trabaja en un banco, en una empresa, una fábrica, donde sea menos aquí.” Eso oímos una larga generación de sobrarbenses que nos íbamos con la sensación de que Sobrarbe era un mapa en blanco, pues salvo los pueblos habitados y cuatro valles y montañas reconocibles donde se agolpaban los turistas, el resto permanecía como una extensión invisible, un mapa a medio trazar que no merecía la pena completarse.

¿Y es que, cuánto caso se le hizo a Muro de Roda durante 50 años? ¿A las faldas de la Peña? ¿A montes como Partara, La Coasta, Nabaín, La Solana, Llerga o las sierras de San Vicente de Labuerda? ¿Cuánta gente tuvo interés por subir a ver la torre de Tou, tan vistera y cercana cuando se iba por la carretera? ¿O por visitar pueblos abandonados, recorrer bosques anónimos o subir montes invisibles?

“Ruinas, piedras, montes baldíos sin nada de provecho mas que para el ganado, los cazadores y recolectores y algún hippie. Conocerlos, entenderlos, apreciarlos era una pérdida de tiempo.” Tal era el pensamiento durante décadas de depresión generalizada. Décadas que, por suerte para Sobrarbe, han pasado a la historia. Décadas que, sin embargo, continúan corriendo en muchas otras zonas no tan diferentes y eso nos debe hacer valorar la suerte que hemos tenido pese a que aún quede mucho (muchísimo) por mejorar.

 

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Si hay algo que nos duele a muchos bien dentro, es la cantidad de sobrarbenses que se fueron para no volver sin realmente saber lo que dejaban atrás, sin el derecho a una elección imparcial. 36 años han pasado desde el punto de inflexión de la despoblación (de 23.000 habitantes en 1920 a 6.600 en 1990) y estoy seguro que quien ahora se va y no vuelve es porque realmente quiere o tiene que hacerlo.

Razones hay muchas, pero me niego a creer que una de las más importantes no sea el completar el trazado de ese mapa. Conocer, querer, saber, disfrutar, valorar los espacios en blanco que antaño no pudimos/supimos apreciar. Espacios que rodeaban los pueblos habitados, que teníamos al alcance de la mano para su disfrute en el día a día.

Espacios que mirábamos sin verlos, invisibles y carentes de utilidad y belleza. Porque la belleza natural se acotaba a Ordesa, Añisclo, Pineta… no a Guatarán, no al barranco de San Martín, no a Muro de Roda, no al cerro de Cotón. Y si eran espacios que no queríamos para nosotros, ¿cómo quererlos para otros? ¿Cómo ponerlos en valor?

La recuperación de la red de caminos tradicionales, un proceso ya totalmente imparable (y sin la que ya cuesta entender Sobrarbe) no solo nos acerca a nuestra naturaleza cotidiana, sino que lo hace también a esas raíces que el éxodo rural nos robó. Somos capaces de comprender un poco mejor la salvaje dureza de la vida en estos montes durante el segundo tercio del siglo XX, del incansable laborar de nuestros antepasados construyendo y manteniendo bancales, muros y caminos, piedra a piedra, golpe a golpe. Podemos recordar nombres olvidados y unirlos a historias que escuchamos de críos y ahora comprendemos, o pisar donde nuestros abuelos o bisabuelos lo hicieron, pero no nuestros padres. Tenemos a mano el ejemplo de cómo convivir con la naturaleza, de cómo construir sin traer productos del otro lado del mundo. Somos más conscientes de porqué tenemos unas tradiciones y no otras, de las raíces del acervo cultural que impregna nuestras costumbres, y hasta del latente subconsciente de nuestro modo de pensar.

 

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Por todo ello, de la mano de Zona Zero nació La Batalla del Inframundo. Porque en una carrera ciclista, por magníficos territorios que atraviese o por lo divertidos que sean sus sendas, no deja de ser más importante el fin que el fondo. Y eso no nos valía. Queríamos mostrar y hacer sentir el espíritu de esos caminos. Que están allí porque se erigió Muro de Roda, entre reyes y caballeros, monjes y curas. Que hay leyendas de héroes y magia. Pero que fueron sobre todo plebeyas y plebeyos quienes los recorrieron, los sudaron y los llenaron de historias, leyendas y tradiciones. Los desgastaron yendo a la escuela, a la iglesia o moviendo el ganado y acarreando patatas. Los anduvieron para ir a festejar a otros pueblos, para cazar, coger trufas o setas, para ir a por leña o carbón.

La Batalla del Inframundo es una lucha contra el olvido de nuestra historia, esa que casi nadie creyó importante recordar, y también una lucha contra lo que esa historia siempre omitió: que fueron ELLAS los cimientos invisibles de las casas, quienes tuvieron que renunciar a sus sueños para permitir los de ellos, quienes más sacrificios (voluntarios o no) hicieron por sacar adelante familias o mandar hijos a estudiar. Quienes más callaron. 

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El olvido casi nos arrebató nuestra tierra y raíces, nuestra cultura y tradiciones. Tanto los vecinos como los visitantes recorremos ahora ese mapa en blanco, si bien hay una gran diferencia. Nosotros, los vecinos, somos conscientes ya del valor de algo que casi perdimos para siempre y del esfuerzo que ha costado recuperarlo. Sabemos que es mucho más que un bonito paisaje, una foto de postal o un sendero divertido.

Y por ello queremos compartirlo con vosotras y vosotros.  Que experimentaseis ese sentimiento, que miraseis a Muro pero también lo vierais. Que recordaseis que por estos caminos pasaron caballos, guerreros, trabajadoras, danzantes o clérigos. Que al igual que el sábado, por estos caminos se subía el diezmo a la fortaleza (aunque esta vez erais vosotros quienes os lo trajinabais). Que un paisaje como este lo es porque las gentes de la zona lo han trabajado, llorado y sangrado. Que el fin no importa tanto, y es el fondo lo que realmente deja poso. Que a la belleza íntima de esta tierra no le hacen justicia reels ni selfies, y mucho mejor así. 

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Queríamos que os fueseis no sólo con ganas de volver, sino con aprecio y respeto para con los habitantes de Sobrarbe y sus costumbres, con más idea de su historia y vicisitudes, con el conocimiento de lo que costó hacer esos caminos y del cariño que merecen. Con el amor por los bosques, barrancos o roquedos y sus habitantes (flora y fauna), que de nosotros sólo necesitan que los dejemos tranquilos y les agradezcamos que nos den paso libre por sus hogares.

Que os fueseis con el recuerdo de que Batalla es una palabra femenina. Que Maïa es la responsable de cuidar los caminos que tanto disfrutasteis. Que cada vez venís más y sois heroínas a las que ningún caballero con espada y armadura os tiene que salvar; que es la Princesa quien resucita a su padre el Rey; que Susana, Sandra y Jara son los cimientos (ya nunca más invisibles) de esta casa. Que sin Valkirias no hay Gloria, solo Nada. Que docenas de voluntarias han seguido ayudándoos a cumplir vuestros sueños, solo que esta vez por deseo y no por obligación. Como Miyazaki escribió en El Viaje de Chihiro, "La verdadera valentía no consiste en blandir una espada, sino en hacer una promesa y no romperla"

 

@theblackmountainphoto

Ah, y si os podemos pedir algo más, es que compartáis este sentimiento, que lo transmitáis y cultivéis en vuestros pueblos. Que Sobrarbe no es un parque de atracciones, aunque genere atracción. Que la bici de montaña es mucho más que bici. Que los caminos son mucho más que caminos. Que esta tierra y sus gentes no piensa olvidar nunca más. Y que ahora también sois orgullosas custodias y custodios de este mapa, que estuvo a medio trazar y ya casi está completo

 

 Jorge Ruiz de Eguilaz Solanilla

 

PD: Mapas, en blanco o no, fue Angelón quien me enseñó su verdadero valor. El, como nadie que conozca, supo ver y transmitir que había que despejar la niebla que todavía tapaba tanto Sobrarbe. Es el gran ideólogo de La Batalla, y esto es en su honor. Gracias, amigo.

@theblackmountainphoto

3 nov 2014

Marboré



Desmenuza el paisaje tallando cuñas de hielo

Abriendo caminos de ganga en viras de roca

Modelando la caliza con las manos del tiempo

Sinuosas provocaciones en el reino de la fracción y elángulo

Floreciendo desafíos a la piedra, el sol y el frío

Acunando cauces de agua… o vertiéndolos con saña

Ascender una montaña de geometría fractal

Tiñendo el mundo de calidez bajo rayos crepusculares


Como un suspiro en una noche de sueño, el tiempo teje distintos tapices con el mismo ovillo. Nudos apretados por la urdimbre de la inmediatez que no alcanzan a ubicarse sobre el manto eterno del mundo mineral, hilado con la suave perfección de la paciencia. Una ciega perseverancia que vuelve dúctil hasta la roca más inmutable a tal velocidad que el parpadeo de toda una existencia no basta siquiera para intuirla.
O si no, la flor que brota y mustia con inmediatez, pero sus semillas se atrincheran en su exigua parcela de tierra, con la calma de quien sabe que el tiempo, su tiempo, nuestro tiempo, corre de su parte pues la floración no es sino la punta del iceberg de su singladura.
Tiempo cuya cuenta atrás, con penosa tristeza, escuchamos latir con la fuerza de una campana de bronce. Tañido a tañido, lágrima a lágrima, gota a gota se desangra el glaciar del Perdido, a la búsqueda de honrar su nombre. Perdido. Maldita honra.

Luz, esa otra modeladora de paisajes etéreos y fugaces, que sin embargo contienen el poder de inspirar, de soñar, de rememorar e incluso de viajar en el tiempo. Caprichosa fuerza que tanto nos obliga a perseguirla como nos congela en instantes que se tragan el tiempo como un agujero negro. Sin fondo, sin fin, sin que importe lo más mínimo todo lo demás.