Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

30 may 2009

El Espinazo del Mundo...

...si es que existe, debe ser algo parecido a esto.
Un cordal interminable que nace encima de Fragen y continúa arqueándose hasta terminar en las faldas de la Peña Otal, en Tendeñera. Justo donde la espina dorsal tiene la curva lumbar se halla propiamente el cerro Mondiniero, a 2.300mts sobre el nivel del mar.
A esta altitud hay otro mar, inmenso, de tasca. Accesible sólo a pié. Vetado para nuestras monturas.
Vetado???

Desde que “aprendimos” que las rutas de bici no han de ser necesariamente siempre encima de ella el horizonte se nos amplió hasta casi el infinito. Y no es una exageración. Cambias el chip, te acomodas la bici al hombro “a la Sobrarbense” y pasito a pasito asciendes 500mts de desnivel en hora y pico de trekking.
Es lo que hicimos un día cualquiera de este mes de mayo.

Me moría de ganas por subir allí arriba, por disfrutar de sus apoteósicas vistas 360º. Pero sólo había una bajada y era muy mala así que no había necesidad aparente de embarcarse.
Y dando un paseo por Google encontré otra posible bajada: http://www.torla.es/senderos_torla/senderos/12/presentacion.html

Excusa encontrada!!! Convencí a Ángel (que ya se había embarcado aquí con antelación) y engañé a Bert. El fin justifica los medios a veces XD

La subida es larga pero agradecida, el trozo a pié es muy duro, y las vistas cortan el aliento. Sobrecogedoras. La vista de todo Tendeñera de frente, Ordesa y Bujaruelo, todo el macizo del Vignemale, el valle de Broto al completo, Collarada, Oroel, Guara... un mundo.

Luego la bajada… El tramo de tasca es precioso, fotogénico, evocador. Y allí acaba lo bueno de la ruta. El resto es un sendero descarnado por su uso ganadero, pedregoso y a tramos inciclable. Sólo tiene un trocito bueno, el resto o se sufre para ciclarlo (aún siendo muy trialero) o directamente se pone pié a tierra. Algún moratón guardo aún de las 3-4 veces que rodé por el suelo de intentar pasar por donde no podía.

Volvimos a casa contentos y cansados, pero con el regusto amargo de no encontrar una bajada que amortice la subida a tan mágico otero.


Luego, viendo las fotos del día casi da lo mismo cómo fue la bajada. El recuerdo que permanecerá es este…

I Kedada VT Zona Zero (Sobrarbe)


Esta es una historia sencilla, pero no fácil de contar
12 horas, 720 minutos, 43.200 segundos. Recogidos en una gota de sudor, en un fugaz flashbacks de imágenes, en un escalofrío en la piel.
Porqué el tiempo discurre tan deprisa cuando se es feliz, cuando una conjunción astral proyecta una luz en la que se recorta la silueta de una montaña y nada más importa. Cuando los latidos del corazón son los golpes de pedal que me permiten avanzar entre piedras y ramas, entre vegetación y tierra.

Caballos de metal con los que galopamos desbocados huyendo de muchas cosas, dejando momentáneamente atrás fantasmas, persiguiendo una tierra prometida que no llega pero que nunca acaba de irse… Camino a Ítaca lo llamó Homero.

Un deseo nos impele a echarnos al monte como alma que lleva el diablo. Forzando los límites en pos de una salida más, buscando excusas que justifiquen nuestra necesidad. Es la tormenta de agosto que sabes que va a llegar, la desnudez de los hayedos, la niebla invernal de amanecida, la puesta de sol en un largo día de verano, el deshielo de los valles pirenaicos.
Es lo inevitable.

No se puede luchar contra esta necesidad, no se debe hacerlo. Casi a cualquier coste necesitamos sentirnos extenuados de cansancio. Nos vemos obligados a combatir los calambres, a resistir los dolores de una herida abierta, a levantarnos tras una caída. Deseamos volver a sentir el punto álgido del sufrimiento como puerta de entrada al clímax de la recuperación. Dar esa última pedalada que falta antes de llegar a la cima y dejarse caer exhausto.
No es ningún ritual sádico, sencillamente te hace sentirse vivo. Y la capacidad de sufrimiento es un pulso al espíritu.

Y al otro lado de la cima nos aguarda el reverso oscuro, la cara oculta de sonrisa demente.
Colmillos afilados, irreflexividad, instinto depredador.
Una manada de lobos en pos de un ciervo montaña abajo, sorteando obstáculos, recortando curvas, adelantándose por instinto, defendiendo la posición, frenadas y acelerones, derrapadas a dos ruedas, saltos... Al fin y al cabo perseguimos nuestro alimento.

Yonkis necesitados de adrenalina y libertad para calmar el mono. Del olor a tomillo y tierra mojada, de la naturaleza virgen, del miedo, de la sonrisa cómplice del viento…
Trialeras de piedras como estacas a velocidad absurda frente a un mar de reflejos turquesas.
La bajada perfecta del Sarrataño…
Un descenso salvaje de anochecida por un bosque cerrado.

Paisaje, reto, sendero, imposible, descenso, embarcada, trialera, infinito… sólo nombrarlas y el pulso se desboca.

Pero claro, como si al sexo le añades el amor, si envuelves todo esto en la fraternalidad de un grupo acojonante, si lo riegas de birras y risas, de caracoles y vino, de lifaras y amistad… pasa lo que pasa.

El día que aquí se acaben los caminos…
...no llegará nunca.
Palabra de biker.

10 abr 2009

Macrodespedida Despeñada Vol.III: Córdoba

Tras nuestro periplo granadino, nos desplazamos al Califato de Córdoba, donde pasamos las últimas noches de nuestra particular Intifada.
Aquí celebramos la despedida de José Manuel, más conocido como "Fuedetorta" o "granjero busca esposa" que encajó a la medida en su traje de sado-gay.


Íbamos de terraza en terraza, sin dar el cante...

La bella y las bestias... o era al revés?

Puro George Michael!!!

El contraste islamismo-cristianismo de la Mezquita resulta evocador

¿Quién no ha hecho esta foto?

La Mezquita es soberbia, indescriptible.

Será por arcadas...

Típico patio andalú

El barrio viejo y la zona de la judería
Se le notaba la costumbre de arrear a las vacas...

7 abr 2009

Macrodespedida Despeñada Vol.II: Granada


Segunda parada: Graná, a la que llegamos con furgona de alquiler conducida por Luisé... ni el
Dragon Khan oiga!!!
Aquí le toco disfrazarse a Óscar, mayormente conocido como "lechón", "blanquito", "tostas" o "peludo". Sigamos con la fotografía...

Qué bonita es la Alhambra...esto...la "alhambra 1925"

Terraza pa guiris y otros especímenes venidos del norte...

La burrica que me prestó Pepe pa dar pedales una tarde de desintoxicación de tanto comer y beber

Y el cañón del río Dilar donde ciclaba y babeaba, todo a la vez!!!

Cuidadín cuidadín...lechón de caza...de una comida gratis

Paseando por Graná nos miraban todos... no les gusta el amarillo???

Desde el mirador de los Tristes, la Alhambra!!

Un momento raro mientras esperábamos la comida (bazofia) que nos dieron...

En este callejón, las mejores tapas de Graná!! La trastienda del "Diamantes"

Tetería donde nos timaron como chinos por 4 que fumaron una cachimba de esas. Suerte que el té era gratis (si, si... gratis...)

5 abr 2009

Macrodespedida Despeñada Vol.I: Sevilla

Este Marzo los mastos de la peña Despeñaos nos hemos dado un homenaje en forma de 9 días de asueto en Andalucía para celebrar las despedidas de soltería de 3 del grupo.

La primera parada de nuestra semana vacacional, AVE mediante, fué Sevilla donde celebramos la despedida de Carlos, alias "El Licenciao", "Martín", "O choven d´Arcas" o "Charly".
Como ha sido un viaje más prosaico que poético, dejaremos que las fotos hablen...
Preparando a Charly en el Hotel
Cruzando el Guadalquivir con la Travelo Jenny

Unos mozos de pueblo en la gran ciudad, anda que no cantábamos ni ná

El Archivo de Indias, ¡Cuántas historias debe guardar!
Nuevo y viejo medio de transporte

Otro contraste modernidad-antigüedad
Plaza del Triunfo y entrada al Alcázar. Flores recientes

La Giralda desde el patio del Alcázar
Espejo
Gordales, fino, Giralda y Jenny...peligrosa combinación

2 abr 2009

Superviviente


Sustancialmente somos dos, espiritualmente sólo uno.
Hace tiempo que nos presentaron y desde entonces nos hemos ido conociendo, aprendiendo a preveer las reacciones o a ganar confianza. Nada sería lo mismo con otra compañera.
Vestidos para la ocasión, agarrados el uno al otro, en posición, me siento en el centro de los focos, en una nube, con el estómago del revés y el corazón enloquecido. Los discos comienzan a girar, partimos, y comenzamos a deslizarnos por la pista…

Desde el primer balanceo puedo sentir como ella se adapta a mi cadencia, acompañando con dulce firmeza los movimientos que conforman los primeros compases de nuestro “viaje”.
Alrededor las nítidas formas se han tornado en borrosas manchas de colores que se agolpan en la periferia de las retinas, recordándonos que no estamos solos y delimitando la pista por la que hago deslizar el oscuro calzado de mi compañera.
Las gotas de sudor humedecen mi espalda, los latidos en mi pecho van disipando la ansiedad inicial, empiezo a sentirme suelto, confiado, como una melodía que llega de lo lejos y dota de ritmo a mis movimientos.
Como una coreografía ambos, bien pegados, salimos exitosos de las partes más lentas, que requieren una mayor destreza, y es donde ella sabe amortiguar con sus grandes virtudes mis errores; igualmente en las rápidas donde marco la línea y ella me sigue sin desacompasarse en paso alguno.
Hace tiempo que dejé de escuchar los sonidos, de ver lo que hay frente a mí. Soy un torrente de agua desbocado y ella el lecho que me encauza y nos permite fluir por la pista con el instinto de tantas horas de conjunta práctica.

Continuamos al unísono, tengo la sensación de flotar, nos movemos livianos, trazando un camino que parece nacer en mis pensamientos, sin esfuerzo alguno. Un serpenteo, izquierda-derecha, me freno y vuelvo a acelerarnos, la ropa ondea en el aire, los giros se suceden, abiertos unos, cerrados en una baldosa otros, tumbo a mi compañera hasta casi tocar el suelo, la levanto hacia mí al tiempo que cambiamos la posición para atacar los próximos pasos.

Una parte complicada, me cuesta hacer los apoyos con soltura y me atasco, pero mi compañera me transmite tanta confianza que no puedo más que salvarla con éxito. La adrenalina permite que siga concentrado en mi cuerpo, en devenir con armonía, evaporando el cansancio que llega y puede hacerme fallar.

Lo que antes sentía un corazón desbocado no era sino un adagio comparado con el incesante repiqueteo que amenaza con abrirme el pecho, proclama del disfrute, la intensidad y felicidad del momento. Supervivencia.
Si, porque estas sensaciones sólo las tengo aquí, y cada vez que estamos juntos desaparecen de mi cabeza todos los problemas, sinsabores, decepciones o angustias que pueda tener en la vida, todo es borrado de un plumazo por las emociones vividas durante estos minutos. Emociones que me permiten sobrevivir y ser feliz cuando todo lo demás va mal.
Emociones que valen una vida.

Estamos acabando, sabemos que falta poco y el remate siempre resulta especial, el último trago de entusiasmo, que dejará un dulce sabor de boca. Así que disfruto los últimos compases y me concentro en sentirlo todo:
Siento su tacto en las yemas de mis dedos, que frenan su ímpetu y la conducen a mi ritmo.

Siento la irrealidad que hace posible algo tan perfecto

Siento el aire que se aparta ante nuestros movimientos

Siento su cuerpo rozando con el mío al desplazarnos

Siento cada centímetro de mi cuerpo rebosante de paz


Y siento que se acabe, si no es porque siempre podré disfrutar otro descenso con una compañera tan especial.



Nerin - Cuello Arenas - Sercué from oriolmorgades on Vimeo.

Tanto la foto como el vídeo son de Oriol Morgades