Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

26 abr 2010

El cañón de la Pirámide


Márketing. Es un anglicismo muy en boga desde hace una década y que utilizamos invariablemente en todo el mundo para hacer referencia a una práctica tan vieja como el mundo: vender el producto que sea con el máximo beneficio personal y satisfacción para el comprador.

-Cuando en la antigüedad se casaban las hijas por acuerdos y mediante la dote, se las vestía con las mejores ropas, se las arreglaba en función de las posibilidades de la familia para que al presentarlas a sus pretendientes, éstos se sintieran cuanto más atraídos mejor, con lo que el que la eligiese bien fuera el de mayores posibles, bien se conformara con menor dote.

-Cuando Cristóbal Colón buscaba patronazgo para sus proyectos de viajes a las Indias, trataba de presentarlos con la mayor pompa, haciendo hincapié en los exactísimos cálculos sobre la circunferencia terrestre, los “seguros” beneficios para la corona (la que fuese, pues antes que a Isabel la Católica le cayese en gracia, ya había obtenido el NO del Rey portugués y el del Consejo Real Español) o en la posición dominante que proporcionaría a las flota española.

Pues bien, si a ti el marketing y todas esas chorradas te dan igual, te diré que el otro día nos fuimos con Angelón a dar un paseo en piragua doble por el artificial pantano de Mediano, con entrada por la desembocadura del barranco de Usía y paseo a pié por las extrañas formaciones rocosas de dicho barranco.

Si, en cambio, te gusta vestir y adornar las cosas, los nombres atrayentes, etc., entonces has de saber que estuvimos piraguando por el lago de Mediano, con unas maravillosas vistas del Pirineo nevado en una apacible tarde de primavera, navegando alrededor de la inundada torre de la iglesia y atravesándola por los huecos del campanario. A continuación nos adentramos en el espectacular Cañón de la Pirámide, un recóndito universo de acantilados y formaciones calizas, de misteriosa quietud. Con una isla piramidal guardando la entrada, como los restos del medieval Castillo de Monclús que en su cima guardaron el paso de los invasores en otro tiempo. Concluimos la tarde saliendo de la piragua para recorrer a pié la parte alta del cañón, donde el agua ha dibujado en la piedra multitud de canales y zigzags, horadado paredes y rocas, creado escenas irreales y caprichosas por las que andábamos sobrecogidos por semejante belleza.
Durante la vuelta, al atardecer, los anaranjados rayos de sol se filtraban entre las nubes, tiñendo las olas de un claroscuro hipnótico.

Las dos versiones son válidas, las dos ocurrieron a la vez, el mismo día a la misma hora. Ambas duraron la misma cantidad de tiempo, ambas requirieron la misma cantidad de paladas de remo, el mismo gasto energético, el mismo sudor. Las fotos tomadas son idénticas en ambos casos, con la misma luz, con el mismo enfoque. Qué es lo que cambia, pues??

Nada y todo, verdad?
Hay alguna mentira?
Cuál de ambas experiencias prefieres? Por qué?
Con cuál te sentirías más a gusto relatándola a los amigos, a los compañeros de trabajo?
Con cuál te sentirías más realizado?

Es marketing al fin y al cabo, no? Desde luego, aunque igual no tiene tanto que ver con nombres atrayentes, ni es tan chorrada.

Porque es también un aspecto vital, un modo de afrontar la vida, las circunstancias. Es interior, es disfrutar de lo que hay, de lo que hacemos, de lo que se tiene, porque el hecho de tenerlo no devalúa, al contrario. Tener la posibilidad de hacer este viaje siempre que quieras, es infinitamente mejor que sólo verlo en una revista, o en un documental. Pero pasamos de darle importancia, total, como está aquí siempre…
Una parte que teníamos de niños y que perdimos por el camino, demasiado pronto. Sin embargo siempre se está a tiempo de recobrarla.
Ilusión por lo que haces, ilusión por lo que eres. Cada pequeño detalle tiene una historia en la que puedes participar, de la que puedes disfrutar.

Márketing interior, marketing personal. No son conceptos tan diferentes como puede pensarse a priori…

21 abr 2010

Nuevos tiempos

Los nuevos tiempos no tienen memoria.
Por ello es nuestra responsabilidad recordársela.
Los errores que se repiten son subsanables, y muchas veces callamos.
Es lo más fácil, a veces incluso advertirlos puede ser considerado hipócrita.
Pero y si no está en nuestras manos arreglarlo, qué podemos hacer más allá de lanzar una advertencia que siquiera se sabe dónde, cuándo y cómo acabará?

Un pueblo olvidado, uno de tantos aquí en Sobrarbe. Somos apenas el 30% de los habitantes que trabajaban estas tierras hace al más de medio siglo. Pueblos y casas poderosas, fuertes, trabajadas.

Cientos, miles de horas empleadas en domeñar terrenos salvajes, que ahora quedan en la opaca evocación de laderas en curiosas fajas repletas de pinos repoblados, de casas espaldadas entre la maleza, de curiosos tramos de perdidos caminos enrollados bajo la vegetación, de una generación que va desapareciendo sin que casi nadie recoja sus recuerdos como oro en paño. Historias que la historia no tiene a bien conservar, contar y difundir.
Es muy loable aprender la historia sumeria o nepalí, conocer a Adam Smith o George Washington. Es necesario saber, pero para los que vivimos en Sobrarbe, no por encima de nombres como Lucien Briet, San Úrbez, Navarra (no la de Pamplona) o el Puente del Diablo.
Saber en qué basó su supervivencia esta tierra, en cómo era hace 100 años, en cómo somos ahora y en qué vamos a sustentar nuestro futuro. Pensar que igual apostarlo todo al mismo número no funcionó entonces y ahora puede tampoco funcionar a la larga, pensar que tenemos un patrimonio inmenso latente, que además de ser precioso y aprovechable, nos aporta más identidad (por familia, apellidos,…) personal.

Un pueblo olvidado, uno de tantos aquí en Sobrarbe. Con un pajar que es una obra de arquitectura fabulosa, con un aljibe inmenso, con una casa grande, hermosa y llena de detalles, con fajas y fajas ganadas al monte, abancaladas por muros de una calidad de piedra y construcción sublimes, con un camino empedrado de 2-3 metros de anchura…
Y con docenas de oliveras grandes y hermosas, muchas de ellas arrancadas de cuajo por excavadoras para replantar las fajas con pinos de repoblación, paradigma del “avance” de los nuevos tiempos.

Qué suerte haber conocido este pueblo!!

5 mar 2010

La Tormenta Perfecta


Un día amanece nublado, lloviendo y con frío.
Las teles, las radios y hasta las ministras hablan de "La Tormenta Perfecta" mientras nosotros nos desperezamos.
Las nubes asedian Ainsa, impidiendo ver más allá de unos pocos kilómetros.
Las avalanchas cortan carreteras, cierran estaciones de esquí, son portada en los periódicos y mantienen a los montañeros en casa.
El desayuno y el café caliente no invitan a otra cosa que asistir al repiqueteo de la lluvia a través de las cristaleras del bar.

Desoyendo toda lógica, vamos al coche, encendemos motor, calefacción y alineamos las ruedas con la carretera que sube a Francia y Pineta.
Una vez en Bielsa, nos desviamos hacia el valle de Pineta, mientras la lluvia torna en copos blancos que se descuelgan del manto nuboso pausadamente, uniéndose en un gran manto blanco que cubre, no sólo los bosques de las laderas, sino la propia carretera.
No han pasado quitanieves por aquí, no se ve ni un dedo de asfalto por ningún lado. Todo es blanco, gris, y otra vez blanco.


Qué haríais?
Nosotros seguimos, y nos encotramos con esto:







9 feb 2010

300 kilómetros cuadrados

Aunque creo que soy consciente de la inmensa suerte que supone vivir donde vivo, hay momentos en los que Sobrarbe sigue dejándome con la boca abierta.
Pensando un poquito en los álbumes de fotos que he hecho este otoño-invierno (que han sido menos de los deseados), la concentración de salidas al monte era significativa: parte alta de la cuenca hidrográfica del río Cinca.
300 kilómetros cuadrados de fotografías. Que dicho así suena mucho, pero no deja de ser un rectángulo de 20x15 kilómetros...
Veamoslo, regado con la música de unos genios que vinieron de los montes Tatras, de una ciudad de la Liga Hanseática. De Krakow, Kroke.

30 ene 2010

Ánimas de piedra


Las montañas, a los que las amamos, nos ejercen un influjo similar al de la luna, el mar y las mareas: siempre están presentes en nosotros. Cuando hablamos, cuando pensamos, cuando estamos en ellas o cuando no.
Cuando escribimos las utilizamos de ejemplo o metáfora.
Cuando soñamos allí están en nuestras psique.
Si hay una cerca nuestra mirada la busca, la escruta, la admira, la entiende.
Si alguien habla de montañas agudizamos el oido.
Si vemos una foto de montañas nos detenemos.
Al cruzar una cordillera en avión nos quedamos pegados al cristal de la ventanilla.
Cuando amamos nunca podemos renunciar a ellas.

Por mucho que avance la tecnología textil, mecánica, electrónica, informática, meteorológica, cuando vamos a ellas siempre retrocedemos a los albores de la creación, somos un insignificante humano de pocos años de edad frente a milenarios cíclopes que han sido esculpidos por las mayores fuerzas que habitan el universo: gravedad, tectónica, agua, hielo, viento. Pese a los cientos de avances nunca controlamos todo lo que pasa, somos sus invitados y estamos a su merced.
Esta sensación de insignificancia, de humildad que nos sobrecoge en su reino de piedra es en este mundo actual más importante que nunca.

Cuesta entender la necesidad de subirlas, de esforzarse, sufrir de frío, de cansancio, calor, soledad, miedo...
Y aún cuesta mas no ya entender, sino comprender los riesgos que se asumen allí de tantas posibles maneras: trepando un vertical corredor, esquiando una canal de nieve virgen, rapelando por dentro de una cascada en un barranco, pedaleando un empinado descenso entre millones de piedras, atravesando una estrecha arista...

Siempre nos movemos en lo que sabemos que son nuestras posibilidades (que en mi caso son muy limitadas) pero en ocasiones necesitamos encaramarnos al límite. El estado de concentración plena en que te adentras no tiene parangón con nada. Lo olvidas todo. El lugar, el año, el nombre, los problemas, la gente, el dolor, el temor... tu mente trabaja muy por encima de sus porcentajes normales y sabes que la rueda de la bici no se irá 3 dedos a la izquierda, que las manos no te resbalarán, que la nieve no cederá ante tu peso… Y es verdad, no se falla. Cuando se falla es cuando se va confiado, o cuando se rebasan los límites por inconsciencia.

Esta sensación es tan valiosa como una bocanada de aire para alguien que se ahoga, como un milagro para un creyente, como un equipo de socorro para un ataque al corazón. El conocimiento interno que adquieres te ayuda a relativizar mucho más todos los problemas que puedan surgirte, para que crezca tu paz interior, para saber afrontar situaciones complicadas en la vida, aprendes a valorar las cosas sencillas, las que de verdad importan... es la piedra filosofal de un alquimista.
La montaña (en especial el alpinismo, que es la vertiente más ampliamente extendida en literatura) ha dejado muchas citas célebres. Yo tengo algunas favoritas:

-George Mallory, que murió en el Everest en 1924 a más de 8.000mts junto a su compañero Andrew Irvine (todavía se duda si llegaron a la cima, aunque seguramente no fué así) antes de su expedición, ante la pregunta de un periodista de porqué quería subir el Everest dijo: "porque está ahí" La cantidad de cosas que encierran estas 3 palabras…

-‘El camino hacia la cima es, como la marcha hacia uno mismo, una ruta en solitario’ Alessandro Gogna

-‘La montaña no es como los humanos. La montaña es sincera’ Walter Bonatti (Quzás el mejor escalador de los últimos 60 años (y eso que nunca subió ningún 8000), cansado de ser vilipendiado por las mentiras de sus compañeros de expedición en la primera ascensión al K2)

-‘Nada habría podido suceder si alguien no lo hubiera imaginado’ Reinhold Messner (primer hombre en subir los 14 ochomiles)

24 ene 2010

Buxosa, faena pendiente


Viene de buxo, boj. Una pequeña sierra pegada a Ainsa, antaño poblada de buixeras.
Actualmente se trata de un lugar tan visto y cercano como desconocido. Casi ignoto. Supongo que, por su repetición, es ya una peculiaridad del mundo rural “moderno”: zonas antaño transitadas y plagadas de vida tornan en anodinos espectadores del paso del tiempo, lugares que costó miles de jornales domesticar se pueblan de maleza y boscosidad velozmente.

Buxosa es la sierra que separa Ainsa de Morillo de Tou. Más correcto sería decir que une, o unía. Extendiéndose en el eje sur-norte, y a similitud de su hermana Partara, por el este muestra su cara más dura, inhóspita: una empinada ladera cubierta de caixigos que culmina en una pared aparentemente infranqueable, que mira desafiante hacia el Cinca (ahora embalse de Mediano).
Sin embargo, la vertiente oeste se proyecta en su mayor parte suave y moderadamente pendiente hasta alcanzar el cauce del barranco Cotón . Un lugar propicio para abancalar y domeñar, un lugar por el que hacer pasar el camino más corto hasta Morillo de Tou.

Sin embargo, Buxosa es (fue) algo más. La sierra termina en una cresta que no es tal, sino una superficie llana y aprovechable. O eso pensaron los hombres y mujeres que habitaron esta zona hace más de mil años, puesto que aún se reconocen varias edificaciones en la parte más meridional de la sierra, encima de Morillo de Tou. Una pequeña pero muy trabajada iglesia aún conserva media (literalmente) torre y la base de una estrecha nave (Castillo de Cotón o de Tou se le llama ahora).
Muros de piedra, tanto seca como rejuntada aguantan como pueden el paso del tiempo, mostrando todavía al ojo avizor indicios del pasado: corrales, casonas de doble altura, muros de contención, bodegas, bancales, caminos… Piedras pequeñas y bien trabajadas formando grandes montones aquí y allá, piras funerarias de lo que fué y ya no es.
Un camino bien cuidado por los responsables de Morillo de Tou nos lleva en escasa media hora hasta estas ruinas.
Nosotros buscamos la senda que recorría horizontalmente esta cima, valiosísima tanto desde el punto paisajístico como histórico. El abandono la ha cerrado completamente en varios puntos, si bien puede aún intuirse. Los continuos rastros de banquetes de las ardillas son buena muestra de la actual soledad del lugar.

Así mismo, recorrimos un gran parte del antiguo camino entre Ainsa y Morillo, parcialmente visible. En muchos lugares todavía persisten los muros que lo contenían a lo largo de su paso entre bancales plantados, cerca del cauce de agua. Su moderada pendiente da muestra de la ingeniería de su construcción, pues la zona, tan humanizada, demandaría un gran tránsito de gente y caballerías. Los bancales ahora se dividen en dos tipos: los que han sido repoblados con pinos, más cercanos al barranco, y los en su día ganados a la ladera, ahora completamente asilvestrados por una vegetación casi compresiva.
Este camino acaba en la zona conocida como Los Palacios, un llano anexo a Ainsa con una ermita (La Virgen de los Palacios) y todavía amplios campos en uso. La pista de acceso terminó con los restos del antiguo trazado.

Ahora, nuestra misión consistirá en limpiar y rehabilitar completamente tanto el camino Ainsa-Morillo de Tou como el ramal que recorre la cima de Buxosa y sus correspondientes enlaces norte y sur con el camino principal.
Merece la pena el esfuerzo.

7 ene 2010

Invierno

Como estos días el trabajo no me deja tiempo para salir al monte, quiero empezar el año con unas preciosas fotos invernales que me han pasado un par de buenos amigos, Pep y Carmina (la fotógrafa es Carmina) de la entrada de Ordesa:

Todo el año es buena época para pasarse por Sobrarbe.
Carretera a Ordesa

Serbales
Río Arazas

22 dic 2009

nieve ...mil palabras

Esta mañana, cuando el sol retiraba el velo de la noche hemos descubierto un pueblo diferente. Ainsa estaba anacarado, un hermoso manto blanco inmaculado recubría tejados, calles, árboles, coches, campos, macetas…
La primera reacción ha sido abrir la ventana y sacar el brazo para asegurarme que no se trataba del último sueño de la noche.
Durante todo el día han estado cayendo copos, más grandes o más pequeños, con mayor o menor regularidad, siempre sumando a la pátina que tiene tapizado el pueblo.

Un pueblo caótico en días como hoy. Coches varados, bares húmedos y atestados, gente corriendo para no mojarse, nieve sucia amontonada en las acera o gente pisando con tiento para no resbalarse. Juramentos y bocinas, frenazos y carcajadas, atascos de circulación, botas mojadas, desfiles de paraguas, guerras de bolazos… caos.

Ante esta situación creada por la primera nevada del invierno sólo queda darle la vuelta y asomarse a la cara opuesta del pueblo: el campo.

Son las seis menos cuarto de una tarde embriagadora. Subo andando por mi silenciosa calle, ya iluminada por unas tenues farolas de luz amarillenta que contrastan con la blancura de la nieve y el cielo gris plomizo al tiempo que recortan sombras de las paredes de piedra mojada. El blanco se hace más claro, lo gris deviene hacia el marengo…
Cruzo la plaza y el castillo y llego al llano, una extensión de campos nevados presidida por las hileras desnudas de arbolitos que marcan el parking. Suelto a Moskowa y empiezo a correr sobre la nieve, bajo las nubes, entre los copos.
La hora no es casual. El día atardece rápidamente hasta este instante, cuando la poca luz que todavía reina en el aire comienza a desaparecer más lentamente. Es el crepúsculo más hermoso al que he asistido en meses. Según avanzo y me alejo del pueblo, el mundo adopta una claridad surrealista; blanco, negro y gris… y todo es silencio.
Los campos y mi camino, vestidos de nieve, rebotan la poca luz que resiste, adquiriendo un brillo fantasmal. Donde no hay nieve todo es oscuridad, y el cielo, antes plancha gris se muestra ahora inundado con docenas de grises diferentes: cenicientos, transparentes, oscuros y amenazantes, suaves... Cada nubarrón parece distinto, único. Y al fondo, las luces de Ainsa suben hasta el cielo y rebotan entre el armazón de nubes creando el único lugar coloreado del horizonte.

Llego la final del llano y doy media vuelta por el camino de matacanes, estrecho sendero que me lleva por medio de un hermoso cajigar, entre muretes de piedra y escarpados precipicios. Moskowa levita como un ánima frente a mí, en completo silencio, apenas parece pisar el terreno hasta que un estallido de nieve me indica que ha cogido una curva.
Del cielo bajan jirones de nubes y bajo mis pies trepan despeñadero arriba las boiras, atrapando mi camino en un velo. El mundo se reduce conforme avanza la noche. Las sensaciones, junto con el frío aire y la quietud son indescriptibles.
Los árboles, encogidos por la nieve en las ramas parecen plegarse a mi paso, tornándose etéreos, desapareciendo en la oscuridad que ya casi me atrapa.

Me destellan las luces del pueblo como recibida, el sueño acaba bruscamente, volviendo de mi realidad paralela al mundo de los gritos, los atascos, los resbalones…


A veces cuesta explicar que se puede disfrutar de la nieve como un niño. Al igual que se puede correr sin tener prisa, se puede ver sin luz, se puede oír sin sonido, puede helar sin pasar frío.

11 dic 2009

Sol de invierno


El otro día en Linés, cerca de Ainsa, disfrutábamos de una tarde perfecta. Y un todavía más idílico anochecer, ya de vuelta, contemplando todo el Pirineo teñido del color de la lavanda.

Siempre sorprendente luz de invierno, me vino a la mente la canción de Extremoduro, que quizás tiene más que ver de lo que pueda parecer al principio. En seguida supe que iba a ser el título de este post.

Sol de Invierno

Será porque llegan sus rayos inclinados, será por la atmósfera fría que afecta a las partículas de luz, será por su cercanía a la tierra en esta época, será casualidad o será lo que quiera ser, pero algo tiene.

Sol de invierno, luz de hibernum, la quietud que tienen las tardes serenas de estos meses son irrepetibles. Tardes silenciosas en el bosque, tardes quietas, mudas, atemporales. El frío paraliza la otrora alborotada vida de los habitantes del monte y nos obliga a pensar si estamos dentro de una fotografía.
El tiempo parece haberse detenido, las horas no quieren avanzar, si nos quedamos quietos nada parece moverse. Como si estuviésemos en otro plano material, como si nos hallásemos en uno de esos paisajes fotografiados que hacían de decorado en las películas de los 50.

Sin embargo, la tarde avanza, el día recoge, y con el crepúsculo llega el éxtasis.

Invierno es una colección de irreales atardeceres:
Montañas rosadas, reflejos perfectos, lenguas de fuego serpenteando sobre la tierra.
Nubes de llamas montadas sobre negros nubarrones, cielos llenos de palidez, contrastes aberrantes.
Cálidos confines iluminando gélidas jornadas, horizontes nítidos envueltos en fantasmagóricos reflejos.
Gigantes lunas diurnas rodeadas de anaranjadas aureolas sobre colinas azuladas.

Luz de invierno, su juego de contrastes combina calidez y frialdad, brillo y mate, claridad y ocaso…
Fugaces rayos de sol que transforman la realidad antes de ser engullidos por el horizonte, rebotando de monte en monte, chocando contra laderas y explotando en campos súbitamente coloreados.

Lo efímero de estas obras de arte las hace irrepetibles, podrás ver cientos de ellas, pero cada una que te pierdas nunca volverá, y no hay muchas razones que impidan parar durante un minuto a contemplarlas, pues tienes la suerte de vivir en Sobrarbe y no entre manzanas de pisos.

Me recuerdan una cita de la película “el último samurai”: “Observa las flores del cerezo, podrías dedicar tu vida entera a la búsqueda de una sola y no habrías desperdiciado tu tiempo. Perfectas, simplemente perfectas”

Es difícil encontrar palabras más sabias.

PD: Sólo una foto es de un atardecer invernal (cual??), pero es lo que tenía a mano... :)