Sobrarbe es mi vida, gente sencilla y parajes únicos. El lugar donde mis cenizas, dentro de muchos años espero, abonaran nuevos bosques y praderas.

14 feb 2009

Un instante de perfección absoluta:


Desde hace bastantes años he aprendido que la felicidad plena me la proporcionan momentos puntuales y tal vez anónimos en lo que es el devenir general de mi vida.

Me puedo poner inmensamente contento cuando el trabajo va bien, el día ha sido muy provechoso o he cerrado un gran trato. O cuando he tenido una cena entre amigos maravillosa, una relación va bien, recibo una sorpresa inesperada o me emociono con la selección española de baloncesto. O cuando me siento orgulloso de mis padres, mi hermana, mi negocio…
No cabe duda que son momentos felices, pero quizá su alargada permanencia en el tiempo (horas, días, meses, años) los atempera.

Son los flashes que duran la décima parte de la décima parte de un segundo los que, como se dice coloquialmente, valen una vida.
Instantes de perfección absoluta que me producen un escalofrío por todo el cuerpo, que consiguen que me salten las lágrimas, que permiten que el tiempo se detenga el intervalo entre dos latidos.
Destellos prístinos donde el cuerpo se queda en paz absoluta, el cerebro manda la orden de segregar litros de endorfinas, la vida tiene sentido, y yo me reconozco a mí mismo como realmente soy.

Da igual que muchos de esos momentos se olviden a los pocos días. Da igual que incluso a veces pases por el sitio exacto cien veces y no vuelvas a sentir lo mismo. Es indiferente que sean tan personales que no se puedan compartir nunca (incluso cuando ocurre y estoy acompañado de otra persona muy afín, que también reconoce el instante como propio, cada uno lo percibimos individualmente) por mucho que se hable de ellos.
Mi teoría* es que ocurre por puro reconocimiento. En la parte inconsciente de mi cabeza se forman “imágenes” en base a recuerdos, anhelos, memoria instintiva, yo que sé. Y cuando te encuentras de golpe con un instante calcado a esas “imágenes”, se produce un efecto de reconocimiento que desata estos sentimientos.

Alcanzar un collado en la montaña y descubrir el paisaje que oculta al otro lado es sobrecogedor..
Volver en coche a Ainsa y al llegar por Abizanda disfrutar de todo el Pirineo blanco ante ti.
Un gesto de ternura entre una madre y su hijo en la calle.
Despertar y redescubrir a la persona que tienes durmiendo a tu lado abrazándote.
Concluir un descenso en bici de vértigo y sentir el cansancio y el éxtasis en el preciso instante que las ruedas se detienen.
Disfrutar del instante en que una marmota silba para avisar al resto del peligro.
Un abrazo que no esperas…

*Teoría empíricamente demostrada en base a estudios realizados por el departamento de biología de UCLA en conjunto con las pruebas aportadas por el telescopio Hubble de la NASA y publicada en las revistas European Journal of Anatomy, Science Magazine y El Jueves.

29 ene 2009

Naburrada invernal

Hablamos 2 minutos por teléfono y ya estaba todo organizado.

Una semana y unas docenas de mails después estaba conduciendo hacia Pamplona.
Como llego pronto y Antonio aún está currando me doy una vuelta por la zona vieja de Pamplona, la plaza del castillo, calle estafeta y demás. Me topo con una vinotera, y ya se sabe que al igual que la polilla a la llama, me tiro pa dentro y la dueña me recomienda unos vinos navarros, qué baratos parecen comparados con los somontanos, a ver como saben!!
Ya ha llegado Antonio y me lleva en un paseo rápido al mirador de las murallas, el caballo blanco, un rincón precioso y privilegiado de la ciudad.
Aprisa y corriendo marchamos a Mendigorría, a casa de Antonio donde Encarni nos espera con unos canelones de muerte (Gracias!!!!) Charramos mientras esperamos a los demás, Toronaga, Jim, el Jipi y sus respectivas, con los que pasamos una velada deliciosa, entre unos vinos de una calidad tremenda, una comida espectacular y el grandioso vídeo de Potx “Ainsa 2008”

Al día siguiente madrugamos y marchamos para Arraioz en Baztán, donde nos juntamos la tropa: los de la cena más Peio, Carlos y Mikelito. Dejamos unos coches allí y marchamos con otros hasta el puerto de Artesiaga, desde donde empezamos a ciclar directamente por una pista nevada que sube monte arriba. La nieve no está helada y se hace duro subir resbalón tras resbalón.
Llegado un momento abandonamos la pista y ladera hacia arriba comenzamos el trozo de porteo de la ruta por entre unas lomas que desembocan en la cima del monte Okolin (1362m). Una gozada las vistas, la reacción asombrada de los esquiadores y montañeros que se cruzan con nosotros y la bajada a tumba abierta por la ladera opuesta.
Son escasos 2-3 minutos, pero compensan toda la subida bici al hombro, toda la sudada. Es una sensación de libertad total, de correr sobre un alambre, porque al mínimo fallo te caes de la bici debido al agarre tan escaso en nieve. Berreamos como descosidos, sorteando losas, saltándolas y derrapando como niños.

Al acabar la nieve enganchamos un sendero entre hayas que discurre paralelo a un arrollo valle abajo hasta el antiguo monasterio de Belate, parada de muchos peregrinos.
Paramos ahí cerca de echar un bocado: queso, vino, embutidos varios y chocolate para reponer fuerzas. El día es espectacular, sol y temperatura agradable, dan ganas de echarse una siesta ahí mismo.


Proseguimos por una calzada romana que aún conserva algunos miliarios http://es.wikipedia.org/wiki/Miliario y que se mete entre un bosque con unos recodos de postal. El sendero se hace resbaladizo por tanta humedad y hojas, de hecho en una curva rápida muerdo el polvo a lo grande, por suerte sin consecuencias más allá de algún arañazo.
Dejamos la calzada y bajamos por el sendero más bonito del día, divertido y veloz.
Este sendero acaba súbitamente en una barranquera embalsada de la que sale un canal que se pierde ladera adelante…
Apenas nos detuvimos unos minutos, el tiempo suficiente para que les diese una clase de Street y enfilamos el canal, cuya parte superior nos recordaba más a un sendero que a unas losas de cemento, porque estaba completamente cubierta de tierra, piedras, hojas, ramas…y aunque llano, cansaba pedalearlo.

Seguimos el canal hasta la finalización, pasando por laderas llenas de hojas y árboles pelados, otras yermas y amarillas, atravesamos regatas y barrancos furiosos, pasos expuestos tallados en la roca, y ciclamos la última parte del canal, que iba descubierto, por encima de uno de los muros, con peligrosa caída en ambas direcciones…


Finalmente el camino nos devolvió a Arraioz por pistas, sendas y asfalto, donde nos esperaban unas bien merecidas birras!!!

Tras el feedback de la ruta montamos en los coches a buscar los que habíamos dejado en el alto de Artesiaga y volvimos a Pamplona, donde tras una ducha nos esperaba la sociedad gastronómica de Alberto para darnos un homenaje de txuletón y donde volvimos a revisar el vídeo de Ainsa 2008 no sea que se nos hubiese escapado algo…
De allí pa casa de Antonio, ya pasadas las 3, y con un sueño que más bien parecían ganas de hibernar, ni me digné a sacar las zapatillas pa ponerlas a secar, algo que lamenté profundamente al día siguiente :(

El domingo una grupeta más escasa nos marchamos hasta Azorrit para subir la Peña Izaga (1361m), que según los nativos contaba con una bajada en la que gastar varios pañales, y que ya adelanto, no defraudó pese a las inmensas expectativas, más bien todo lo contrario.
Tras un encuentro con un lejano familiar en el pueblecito (que chicote es el mundo) Antonio, Alfonso, Alberto, Javi y yo comenzamos a subir las cuestas que nos iban a llevar a la ermita de San Miguel, perras como ellas solas, aunque paradójicamente el frío y la nieve que cubría casi toda la subida iba a hacérnosla un poco más llevadera.
Cerca de la ermita nos adelantaron una grupeta de

AUTENTICOSHIJOSDELAGRANPERRAENQUAD
pegando acelerones y lanzando piedras a todos lados, y una vez en ella echamos un bocado y bici a la chepa a cubrir los últimos 150mt de desnivel, que eran por sendero inciclable mayormente.
Arriba hacía frío, estaba todo pelado por el aire, pero las vistas bien merecían la pateada!!!
Luego la bajada, que, como digo, fue acojonante, primero por un pinar lleno de curvas, luego atravesamos un caxigar cerrado y serpenteante con una caja de sendero exigua y una vez salidos del bosque unos terreros margosos y pedregosos, escalonado y trepidante!!!
Es una bajada que cunde una barbaridad, se hace larga y divertida, además al ser un terreno parecido al que tenemos aquí en Sobrarbe me encontraba a gusto y aun sin conocerlo pude exprimir las curvas y los “saltitos” al máximo.


Ya quedaba poco de fin de semana, nos fuimos despidiendo y yo marché a casa de Peio (vilmente escaqueado de la ruta) a ducharme y comer, y al rato ya estaba enfilando la carretera de vuelta a casa, completamente a contrasentido de los cientos de esquiadores que volvían a Navarra y el País Vasco de las estaciones de esquí oscenses. Lo que se perdieron!!!!
(Varias fotos cortesía del Marqués de Tulebras y el Talibán de Mendigorría)

26 ene 2009

Raqueteando Lalarri

Hace un par de fines de semana marchamos con Chus y Moskowa a darle a las raquetas por Pineta.
Pese a que el día pintaba regular y llovía en Ainsa, decidimos tirar p´alante a ver cómo estaba por Pineta, y resultó lo acertado porque aunque a ratos borrasqueaba, el tiempo dió un respiro y pudimos llegar hasta la cascada de Lalarri, a medio congelar.

Comenzamos con una preciosa subida por el hayedo que ocupa la ladera que hay detrás del Parador, con menos nieve de la esperada, con lo que las raquetas subieron atadas a la espalda. Es un hayedo antiguo, con unos ejemplares inmensos que se mezclan con los árboles más jóvenes. Entre tanta belleza ascendemos y sin darnos cuenta hemos llegado a la explanada de Lalarri.

Este valle colgante, tributario de Ordesa, cuenta con una amplísima plataforma por la que serpentea el río.

Aquí la nieve nos invita a calzar las raquetas para movernos con mayor facilidad, y el paseo hasta la cascada se convierte en una delicia, con el circo frente a nosotros y a los lados, y la inmensa pared de Pineta detrás, formando un cuadrado de verticalidad que nos encierra.

La vuelta la hicimos por la pista que rodea toda la parte baja del circo, lo que déjó alguna buena instantánea del valle atardeciendo.

20 ene 2009

Las hogueras de San Sebastián


Todos los años Enero es el mes de las hogueras y los Santos Barbudos. San Antón, San Beturian y San Sebastián, patrón de Ainsa y dia de la fiesta mayor del pueblo (que no de las fiestas) La nocturna víspera celebramos hogueras, y qué mejor marco para las mismas que las plazas del pueblo viejo.

Antes había muchas mas, pero aunque ahora somos bastantes menos, seguimos acogiendo con muchas ganas esta tradición.
Aunque siempre he ido a la hoguera del cruce de Ainsa, por estar viviendo abajo, mi familia tiene la tradición (sobre todo en la meoria de los vecinos) de pertenecer a las de arriba, en concreto a la de la Iglesia, que, como he comentado arriba, por falta de vecinos es una de las que ha dejado de prenderse. Así que los de la calle pequeña nos hemos ido a la hoguera de la plaza de Santo Domingo (la placeta)

Grandes y pequeños se juntan, rien, comen y beben hasta que el cuerpo aguanta, que en mi caso ha sido hasta casi la madrugada... al calor del fuego, ese hipnótico habitante de todas las casas que se precien de tales.

Tizoniando y trasegando se nos hicieron las mil, en estas hogueras que son lo mejor de Ainsa en lo que a fiestas se refiere.

No puedo evitar, por comparación, una foto de esa misma plaza hace muchos años, con una guapa zagala mirando a la cámara entre la multitud que por aquel entonces había.
A la sazón, muchos años después esa moza se convertiría en mi madre.

14 ene 2009

Ainsa 2008

Aqui os dejo un video erótico-festivo de las vacaciones de la Vieja Tronca en Ainsa en la primavera de 2008.
Potxito (Oscar) es un experto director de películas, pero en esta ocasión se ha superado. Conviene verlo sin prisas y con el volumen alto. Es teta de monja!!!


Ainsa 2008 from potxito on Vimeo.

7 ene 2009

Desnudando el horizonte

PlanetaMTB es una revista de bici de montaña que acaba de salir al mercado, y a primera vista llama la atención por la calidad de las fotos que publican. En ese aspecto es una gran mejora respecto a las otras revistas, mas clásicas y con fotografías más predecibles. Sobre los contenidos, es pronto para saber qué objetividad tienen, pero es de agradecer que traten de dar un aire fresco al análisis de las bicis, primando profundizar en los cuadros, la parte realmente esencial de la bici. Que tengan suerte!!

Hablo de ella porque gracias a una muy buena amiga http://alaguerraconminifalda.blogspot.com/ me han publicado la crónica de una ruta pirenaica por nuestra comarca, con unas cuantas fotos mías, de Angelón y de Oriol. Es una pena que no se vean todo lo bien que debería porque realmente el día dió unas fotos de órdago.
Ya hablé de esta salida aquí http://reynodesobrarbe.blogspot.com/2008/10/travesa-btt-al-pico-de-liena-el-reto.html
Esta es la crónica de marras, espero que os guste:

Hablando hace unos días con mi mejor amiga, que tiene vértigo y sigue sin entender qué diablos se me pierde por esas montañas, al explicarle por enésima vez mis razones se me ocurrió que las rutas, para ser inolvidables, aparte de dejarte físicamente reventado deben cumplir una especie de “Santísima Trinidad”: Paisajísticamente impactantes, técnicamente complicadas y por último, un componente diferencial, espiritual, que las haga únicas, que las dote de personalidad propia.
La última Pirenaica que nos arreamos entre pecho y espalda antes que la nieve cerrara con avidez los puertos tiene de todo esto, y en cantidades industriales.

En la parte norte de la comarca de Sobrarbe (Huesca), el pico de Liena o montaña de Ruego (como la llaman los ganaderos) se alza ligeramente por encima de los 2600mts, separando dos valles tan hermosos y diferentes como olvidados y ensombrecidos por la Bal Verde de Pineta: el valle del río Real y el circo de Barrosa.
La cara que da a Barrosa, como valle glaciar, es vertical, escarpada y está preñada de abismos que en ocasiones caen a pico más de 1300mts de desnivel. Perfecta para un descenso trialero, vertiginoso y en ocasiones suicida.
En cambio, su opuesta, al ser un valle fluvial es más agradecida, y su orografía regala enormes pastos al ganado y una pista forestal que nos deja prácticamente en la cima. Ideal para subir pedaleando…

Claro que la bajada era aún territorio ignoto, pues el antiguo camino de servicio del teleférico que subía a las minas de la cima estaba perdido y llevaba años sin usarse. ¿Minas? ¿Teleférico?
Si, ese componente que espolvoreado por toda la ruta le da su carácter mágico, imperecedero: la historia.

El interior del pico de Liena guardaba un tesoro en forma de mineral de plata y plomo, que fue extraído desde antaño, si bien fue en los inicios de 1900 cuando se creó todo el entramado industrial que aún se puede ver: teleféricos de vagonetas, edificaciones y bocas de minas a más de 2400mts de altitud. Todavía no soy capaz de imaginar cómo pudieron plantar las pilonas y subir el cable metálico por un terreno tan criminal.
Nosotros bajaremos con el recuerdo de esas gentes siempre presente, porque todo el rato el camino desciende siguiendo la hilera de pilonas, por debajo del cable, del que todavía cuelgan vagonetas llenas de mineral, morbosos adornos, recordatorio constante del ímpetu y tesón (y la inconsciencia) del hombre.
Pero ni tan siquiera hemos empezado a subir…

La salida debe hacerse de la gasolinera de Parzán (1100mts), desde donde en 3km de dura subida nos plantamos en Chisagües, diminuto y precioso pueblecito que es la puerta de entrada al valle del río Real, y punto final del asfalto (siempre parece que da alergia meter las ruedas de 2.50 por ahí).
Poco a poco ascendemos por la pista forestal, en muy buen estado, que se abre camino entre laderas todavía muy cerradas y llenas de bosque. Ya noto que no es mi día, hoy voy a sufrir muuuucho.
El valle se va abriendo progresivamente, tónica constante en la primera parte de la subida, que nos regala un paisaje fabuloso. Por encima de la pista, las laderas suben empinadas y repletas de coníferas, entre las que el otoño descubre unos pocos árboles caducos escondidos: hayas, fresnos, álamos o arces entre otros. Bajo la pista y hasta el cauce del río, el terreno natural en pendiente ha dejado paso, trabajo del hombre mediante, a las fajas escalonadas de cultivo, acompañadas de unas pocas bordas desperdigadas.
Ha comenzado el otoño con lluvias, lo que permite un contraste verdes/colores cálidos muy llamativo y fotogénico, además de obsequiarnos con el rumor del río bajando espumoso y bravo, farto de agua.
Mientras el valle continúa abriéndose, los árboles escaseando y las rampas endureciéndose, las montañas a nuestro alrededor van tomando forma. El Comodoto aún se alza imponente a nuestra izquierda con sus 2350mts, y de frente las estribaciones del Robiñena nos frenan y apuntan al cielo, a sus más de 3kms de altitud: acabamos de llegar al barranco de Petramula.

Hacemos una parada, estamos cerca de los 2000mts, el sol pega con fervor y ya hay gana.
¡Si es que apenas hemos empezado! Todavía estamos en el “culo” del valle, lo hemos recorrido entero y ahora toca lo más duro, ascender por entre los inmensos prados de Ruego, casi vacíos de ganado y yermos de vegetación tras unos meses intensos para las vacas y ovejas que los pastan de junio a noviembre.
La pista serpenteará entre ellos, si bien primero se pega a una pared vertical bajo la que fluyen hilos de agua que cruzan la pista y humedecen la tierra que, como recordatorio de su mineral, combina vetas negras con claras y rojizas.
Claro que ahora que hemos subido más, Comodoto no parece tan inmenso, y una hilera de picos blancos se comienza a vislumbrar a su espalda.
Media docena de curvas más adelante veo que Ángel ha parado a hacerme una foto e instintivamente me giro a ver el fondo: Monte Perdido. El macizo entero (Treserols lo llamamos aquí) destaca blanco y reluciente, acuchillando el cielo azul intenso. Espectacular.


A partir de aquí los sentidos se vuelven locos, como una brújula al lado de un imán. Se une la dureza de la subida con el pajarón que llevo; el brillo del sol que deslumbra y refleja en los prados que ascienden con fuerza hacia el horizonte, creando una sensación de cercanía irreal hasta la cumbre, todavía invisible; el paisaje hacia el oeste crece con cada curva que tomamos, con cada metro que ascendemos. Ya no son los tres dientes blancos del Monte Perdido, Cilindro y Soum de Ramond, es toda una quijada de picos: las Tres Marías, La Suca, Las Olas, Marboré, los Astazus, el pico Pineta…y siguen apareciendo uno tras otro, inacabables, como las olas del mar.

En que te das cuenta, has llegado…la cresta cimera se extiende ante ti. De frente las aristas y los corredores bajan verticales hacia Barrosa y a la izquierda… ¡Ay a la izquierda! El Robiñena y La Munia muestran sus inexpugnables caras este, que conforman el circo de Barrosa, una pared de 1500mts de puro vértigo.
La ascensión desde el fondo del valle hasta la punta de Liena es indescriptible. Cómo poco a poco las montañas cercanas van dejando paso a las más alejadas, desnudando el horizonte capa a capa, pico a pico.

Todavía tenemos que ciclar por la cresta unos 200mts, que saben a gloria, hasta el hito que marca la cumbre, donde comeremos extasiados en el mejor restaurante del mundo, como en cada ruta.
A calzarnos las protecciones y enchufarnos a la bajada, pero qué bajada…

Cuando nos enteramos que habían limpiado el camino del teleférico para subir desde Barrosa no pudimos resistir la tentación de ir a comprobarlo, aún en pleno enero. La subida con raquetas y tablas, nieve hasta la cintura y hielo se hizo épica en sí, aunque no pudimos discernir más que la primera parte del camino por la cantidad de nieve que había. Pero ya entonces Oriol, Tonino, Angelón, Juanillo y yo decidimos que teníamos que hacer la Travesía Real-Barrosa pasando por la punta de Liena.

Nos descolgamos de la cresta para coger una larga diagonal por una tasca muy empinada e irregular, que tras pasar por la boca de una mina deriva en varias zetas que rondan entre el imposible y el improbable. El camino es duro físicamente, cuesta mantener la bici en el sendero. Con tanta irregularidad y tanta piedra escondida entre la hierba constantemente vamos tirando de manillar y exprimiendo las suspensiones.
La tasca desemboca en unos corredores de avalancha muy expuestos que el camino corta diagonalmente entre algunas trazas de nieve, donde podemos correr más y coger ritmo de bajada, siempre con un piso contra peraltado y trialero. Hay que dejarse llevar por la bici y no mirar abajo, porque si vas despacio te caes, y si te caes…
Llegados a un punto, el camino se torna inciclable y bici a la chepa descendemos 200mts de desnivel por un terreno difícil, enriscado y aéreo, siempre con la presencia del cable del teleférico y las vagonetas sobre nuestros cascos.
Es el precio a pagar por esta aventura, y que la hacen desaconsejable a quien no sea muy sufrido y además trialero.
Claro que…los 500mts de desnivel finales son orgásmicos, dignos del mejor sendero que hayamos soñado.
Un montón de diagonales enlazadas por medio de un bosque de abetos de cuento. La pendiente justa, la dificultad media, la velocidad de vértigo, y las apuradas de frenada en las curvas, cerradísimas, brutales. Nos vamos turnando la cabeza del grupo, adelantándonos en las curvas, recortando la trazada por donde buenamente podemos, probando el suelo y berreando de éxtasis.
Los abetos se suceden borrosos, incorpóreos a nuestro paso, huele a ferodo y humedad, a monte y sudor…y ya se ha acabado. Ha pasado tan deprisa que si no me temblaran las piernas diría que ha sido un espejismo.
Como tampoco lo son los bocadillos y las birras en el bar de Parzán, digna corona para nosotros, que hoy nos sentimos reyes del mundo.

5 dic 2008

Que nieve...


Este sábado amaneció completamente blanco. La noche trajo el sueño y lo cubrió de una manta de blanco aterciopelado.
Y nosotros quisimos aprovechar para darnos un chapuzón de copos de nieve bici mediante…pero con suspense…

El sábado a la tarde, cuando parecía que dejaba de nevar, nos subimos a San Vicente de Labuerda para estrenar el camino del Cocullón, recién limpiado por los Amigos de los Caminos Tradicionales de Sobrarbe. No se como nos lo apañamos pero siempre logramos llegar de noche al coche, salgamos a la hora que salgamos. Hacer toda la bajada a oscuras, primero en penumbra y luego ya de noche, nevando, por medio de un hermoso pinar cubierto completamente de blanco, es una auténtica gozada.

Las ramas de los árboles, dobladas por el peso, crean un túnel por el que nos deslizamos con la bici, derrapando en las curvas, mojándonos con la nieve que cae de los pinos, intuyendo obstáculos y trazadas…

El domingo más de lo mismo, por Santa Catalina, con más nieve en el piso y menos nubes en el cénit. El palmo que ha caído nos obligó a andar buenos ratos, y el cielo nos brindó unas fotos espectaculares en lo alto del monte.

El PR que baja de Santa Catalina es tremendo, ya sea nevado, seco, anegado de agua, de noche, de día…es trialero, revirado y trepidante, un placer para los sentidos.
Claro que bajando hacia el Soto era ya bien oscuro, y entrando en Ainsa noche cerrada…no es bueno olvidar las costumbres!!!

4 dic 2008

Tokyo blues, por Haruki Murakami

Si, Tokyo blues, con el culo enfaldado de una adolescente de portada. Me habían hablado bien del autor y del libro, y por eso me hice con un ejemplar, pero es de esos libros que no les haría ni caso en una librería si los viese.

Y tras terminarlo casi creo que hubiera sido mejor no fijarme nunca en él. Casi…

La manera de escribir del autor, Murakami, no es llamativa, aunque sí detallista e íntima, dos cualidades estas de las que por suerte no abusa, con lo que no pierde fluidez la historia.
El libro es un flashbacks, un retroceso de dos décadas a una juventud casi olvidada en la que no debe ser fácil bucear. Una vez leído, me doy cuenta que las palabras más importantes de la novela están en el primer capítulo, y son las que suavizan la historia, que en mí tuvo la cualidad de no dejarme recordarlas hasta bien terminada.
Es la capacidad del protagonista para olvidar, el rayo de esperanza que proyecta sobre los problemas este olvido, por muy abrumadores que parezcan durante su transcurso.

Porque la historia en sí, que parece biográfica (no lo es), puede gustar más o menos, ser mejor o peor, pero lo que no admite discusión es la resolución del libro, poniendo el epílogo en las primeras páginas (aunque eso no se vea hasta el final, o al menos yo no me supe dar cuenta antes). Fabulosa.

Como digo, la historia depende de gustos, a mí me resulta predecible completamente, he anticipado lo que va a pasar mucho antes de que ocurra, casi cada capítulo. Pero esto tal vez no sea del todo un fallo, sino que “permite” alargar el sufrimiento que desencadenan las palabras de Murakami, porque veía llegar los desenlaces lenta e inexorablemente. Como cuando asistes a un anochecer en un día de otoño. Sabes que va a ocurrir, la luz abandona esta parte del mundo poco a poco, la oscuridad va apoderándose del horizonte, y pese a esperarlos, los juegos de colores en el cielo, en las nubes, en la tierra, nunca dejan de emocionarte.

Aparte de todo esto, subjetivamente el libro me ha removido mucho. La similitud de muchos de los hechos que ocurren y de los pensamientos del protagonista respecto a otros que me han pasado a mí es tremenda, desde el inicio hasta el final.
La muerte con 17 años de su mejor amigo me ocurrió a mí también; tener una amiga con la que compartir palabras, momentos, sentimientos tan “ambiguos” y pese a ello cada vez tener más amistad, comprensión y cariño también se repite en mí.
Me veo retratado en una gran parte del estilo de pensar de Watanabe, en su forma de concebir el sexo, en sus épocas de desgana y pasotismo, en su resignación para con el mundo, en su intento de ser siempre sincero…

Me produce una sensación de desasosiego la manera en la que tratan y aceptan la vida y la muerte en Japón, no la entiendo y por ello me asusta. Si, desasosiego fue la sensación más extendida por mi piel cuando leía los más deprimentes sucesos, las más tristes páginas, tratando de evitar el inexorable final.

Tristeza en cómo debían sentirse todos los protagonistas, desde el primero al último. Tristeza en abrir heridas que tengo mal cerradas. Tristeza en la imposibilidad de expresar tantas cosas a la vez…
Si le tuviese que asignar una canción al libro, no sería “Norwegian Wood”, sería “Bitter sweet symphony” de The Verve.

Por suerte, recapitulando el libro pude ver la perspectiva completa y sacarle un significado más positivo del que deja cuando volteas la última hoja, con los ojos en medio de un baile de lágrimas.

26 nov 2008

A la vez.

Fin de semana cargado de sentimiento

A la vez divertido, cargado de risas y de amistad, de recuerdos, de cariño, de vitalidad.
A la vez triste, dolorido, de llorar y padecer, de apoyar y comprender, de luto y campanas fúnebres.

Era el fin de semana que nos volvíamos a juntar los compañeros de piso de la universidad. Luismi, Alberto, Nacho. Sólo faltaba David, el hermano de Nacho. Es tan especial el nexo que tenemos que creo que cuando nos separamos el tiempo se detiene para nuestra amistad. La volvemos a reencontrar siempre intacta, siempre donde la dejamos.
No hace falta hablar mucho, aunque con Alberto es imposible no hacerlo, sólo compartir una cerveza juntos dice más cosas que horas de conversación con otras personas. Es una suerte contar con amigos así, tan diferentes y tan comprensivos. Un lujo.
Nos dimos un paseo por Plana Canal, Basones y Sestrales, con sus impagables vistas de Añisclo desde arriba, con sus proas colgadas en el vacío a muchos muchos metros por encima de los árboles que se arremolinan por doquier dentro del cañón.
También salimos por la noche, nos reímos a rabiar, y curamos la resaca juntos el domingo.
Pero sobre todo estuvimos juntos, nos abrazamos y nos volvimos a mirar a los ojos.

A la vez, el viernes por la noche se apagó la vida del padre de uno de mis mejores amigos. Amigos desde críos, desde que tengo uso de razón. Una cruel enfermedad se lo llevó cuando le tocaba empezar a disfrutar de la vida tras décadas de trabajo para darles de todo a sus hijos y su mujer.
Cualquiera que me conoce sabe que no se qué decir en estos momentos. Por suerte con Luisito no tenía porqué decir nada. El sabe que siempre estaré ahí al lado para lo que necesite.
Seguro que su padre desde donde esté se mostrará muy orgulloso del réquiem que le dedicó en una iglesia abarrotada de amigos, que acabó en un aplauso de los que no se olvidad jamás.
Ahora toca lo más difícil, conseguir que recobre la alegría cuanto antes, sin olvidar, recordando, pero con una sonrisa por lo que fue y no una lágrima por lo que podría haber sido. Habrá que echarle una mano, o las que sean.

4 nov 2008

Sensaciones

Ocurre cuando me siento al volante y escucho alguna canción, no tiene porqué ser de mis favoritas, ni siquiera conocida.
Vuelven a la mente las sensaciones tremendamente intensas del mountain bike, me recorre un escalofrío al recordar involuntariamente la descarga de adrenalina que supone un descenso, el vello se me eriza y estoy en la montaña de nuevo.
Un reloj, el recordatorio de que necesito otra ración de pulsaciones disparadas.